Donde nacen los lirios (completa)

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Capítulo 16: Incomodidad.

Cuando traspasó el portón de la escuela la interceptaron Kim y Dylan, quienes a unos cuantos pasos de la entrada, habían aguardado pacientemente a que saliera.

—¿No hubiera sido más sencillo que hubieras dicho la verdad desde el principio?—Dylan se cruzó de brazos. Las palabras hicieron eco en la mente de Megan. Ambos clavaban sus ojos en su espalda con absoluta reprobación. La grieta que antes parecía un problema sorteable, ahora, debido al reciente escándalo que había armado Keythan al llevársela a cuestas, se había vuelto abismal, casi tenía la certeza que su relación con ellos nunca podría volver a ser igual que antes. Sospechaba que tenían miles de preguntas para bombardearla, preguntas que hubiera preferido no responder, pero ya que estaban los dos ahí no tenía forma de evadirlos. Cerró los ojos por un instante y luego se giró para encararlos.

—Oh, no deberían preocuparse tanto por mí, qué buenos amigos son, incluso me han esperado y eso que las clases terminaron hace rato. No sé qué sería de mí si no los tuviera, ¡cuento con ustedes para todo!—Dijo con una sonrisa forzada.

Dylan ignoró olímpicamente su comentario sarcástico.

—Debiste decirnos que no querías ser novia de Ian porque estabas interesada en otro tipo. No eres tan sincera como suponíamos, ¿Qué ganabas con hacerte la misteriosa?

Una capa de neblina venía descendiendo de las montañas trayendo consigo una fría ventisca. Megan miró vagamente hacia el cielo, cubierto de densos nubarrones grises. Los se habían aliado en su contra, así que frunció la boca, sintiéndose acorralada. Así, juntos, resultaban inquietantemente controladores. Lo único bueno era que Ian no les acompañaba, no sabía cómo podría salir airosa de una confrontación tres a uno.

—No sabía que te gustaran los chicos mayores... Eso no me lo dijiste la vez pasada, cuando platicamos—Agregó Dylan con sorna, sin dejar su postura de brazos cruzados a la altura del pecho—Bueno al menos queda claro lo de tu orientación sexual.

—Ok—Siseó Megan, una ola de enojo le subió hasta la cabeza, ¿Dylan siempre tenía que ser tan morboso? ¿Qué más le daba lo que ella hiciera o dejara de hacer?— Ya sé que se están muriendo de curiosidad. Sí, gracias, estoy bien, no me pasó nada.

—Deja las bromas, Megan—respondió Dylan con sequedad, la miraba con superioridad y desagrado.

—Se notaba a leguas que conocías muy bien, yo diría demasiado bien, al chico de hace rato. No creo que te hiciera nada...que no te gustara—Finalizó riendo entre dientes.

—Claro que no me trague ese cuento de que eras una puritana, aunque casi lo lograbas—Kim hasta entonces había permanecido al margen y participó por primera vez en la riña con un gesto desdeñoso, sin darle tiempo a decir nada a Megan.

—¿Cuándo nos ibas a decir que ya tenías un amorío con ese tipo?—La presionó Dylan con una sonrisa torcida instalada al parecer permanentemente en su rostro.

—No es nada mío—Una pequeña gota de agua resbaló del follaje del enorme árbol debajo del cual se encontraban y cayó en la punta de su nariz, produciéndole un cosquilleo.

—Hay, por favor, pues si no es nada, se tomó muchas confianzas contigo...—Prosiguió él, arremetiendo con más fuerza.

Megan chasqueó la lengua, dijera lo que dijera sabía que tanto Dylan como Kim solo iban a burlarse de ella, odiaba cada vez más a Keythan quien había complicado su vida innecesariamente.

—¿O acaso es tu amigo con derechos? ¿Y a donde te llevaba con tanta urgencia, a un motel?—Dylan sonrió con inmensa arrogancia.

—No te atrevas a hablarme así, idiota.

—¡Ahora hasta resultaste ser una delicadilla! ¿Cuándo te inscribiste al convento de monjas, que no nos enteramos? Vimos al tipo ese salir hace cinco minutos y vaya que lucía muy feliz, ¿se revolcaron ahí adentro?

—No cabe duda que naciste con alma de comediante, Dylan, ¡sigue esforzándote!—respondió Megan con los dientes apretados.

—Pobre Ian, lo has dejado destrozado, lo apuñalaste por la espalda—añadió Kim con un tono melodramático. Ella casi no había dicho nada, limitándose a mirar sus uñas todo el tiempo y dejando a Dylan la tarea de lanzarle ataques directos.

—Ya te dije que...

—Sí, sí, pues si no es nada tuyo preséntamelo porque es muy guapo—Comenzó Kim con una sonrisa mordaz, decidida a provocarla. No era para menos la fama que tenía de devora-hombres.

Megan supuso que si se tratara de Kim, seguramente ella no lo pensaría dos veces antes de colgarse del brazo de Keythan y hacer sin rechistar lo que él quisiera. Intuía que no era la única que caería rendida ante sus encantos, seguramente había más de dos mujeres detrás de él, babeando por su imponente presencia, la seguridad que destilaba al moverse y la confianza con la que hablaba. Pero en el caso suyo ella jamás se dejaría doblegar por Keythan, por más atractivo que fuera él... Pero ¿Por qué estaba pensando en todo eso? Se dio un golpe mental en la frente, nuevamente dejaba que su mente volátil se extraviara y se centrara en él.



Annie Lee

Editado: 19.03.2019

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