Donde nacen los lirios (completa)

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Capítulo 39: Una nueva vida.

Capítulo 39: Una nueva vida.

Zack observó alejarse a las luces traseras del auto, como luciérnagas danzando en la oscuridad, hasta que finalmente se perdieron al final de la avenida, detrás de la hilera de árboles.

Alzó la cabeza. La tormenta era inminente, pero la luna aún reinaba imponente y majestuosa en un trozo de cielo abierto. No supo cuanto tiempo permaneció contemplandola. De repente una enorme nube negra cubrió a los astros y la noche le pareció más oscura que nunca. Se sintió extrañamente empequeñecido e insignificante, como una hormiga de camino a casa en un rincón del universo. Apretó los puños y en silencio rezó para tener las fuerzas que necesitaba.

Un brusco ruido estalló en la parte alta de la casa, asustandolo. Fue seguido de otro y luego otro. Entró corriendo por la puerta de la cocina.

En la sala las risas y platicas se habían detenido, todos los presentes miraban sorprendidos e intrigados hacia las escaleras. Era como si un tornado estuviese destrozando todo lo que encontraba a su paso.

—Iré a ver—Erick se levantó y subió a paso veloz.

Sarah estaba pálida palida y Zack la abrazó. Le dio un beso en la frente y se fue detrás de Erick. Noah se quedó hablando con los invitados que exhibían rostros de confusión.

Al llegar Erick se pretrificó en la entrada de la habitación con los ojos desmesuradamente abiertos. Costaba absorber la imagen de su amigo con los ojos perdidos e inyectados en sangre.

Zack mantuvo su cabeza baja, afligido por conocer el motivo exacto del comportamiento de Keythan.

La boca de Erick formó una enorme "o" y frunció las cejas mientras observaba el interior. Cajones con la ropa volcada en el suelo, la silla rota una esquina, el escritorio patas para arriba, libros desperdigados, discos partidos en dos. Era un caos.

Keythan en medio de un feroz frenesí, arrojaba al suelo y a la pared cualquier objeto en su camino. Iba de un lado a otro maldiciendo, ni siquiera levantó la vista hacia ellos.

Parecía poseído por una furia que era demasiado grande como para albergarla en su interior y se escapaba violentamente por sus poros. Las venas en su frente y cuello estaban marcadas y su piel enrojecida y perlada de sudor. Ambos se quedaron contemplandolo varios segundos, sin saber qué hacer ni atreverse a dar un solo paso dentro.

El Keythan que conocían solía ser la mayoría del tiempo despreocupado y relajado. En el grupo hacia las veces de conciliador y ejercía como voz de la razón. Aunque tenía sus días de mal humor, no era fácil sacarlo de sus casillas.

Nunca antes lo había visto dominado por ese estado descomunal de rabia. Había tenido sus momentos tontos pero nunca a ese grado destructivo. Ni siquiera cuando se enteró de que Ian estuvo a pundo de abusar de Megan. En esa ocasión había sido diferente, concentró su colera en un solo objetivo: Vengarse. Se convirtió en un frío y calculador cazador que no descansó hasta que estuvo frente a Ian y entonces liberó su odio y le molió la cara a golpes, desquitandose con cada uno de ellos.

En ese momento estaba irreconocible, el caoba de sus ojos había derretido, sus iris se habían fundido con sus pupilas en dos pozos negros, como dos entradas a un abismo ardiendo en llamas. Un volcán a punto de lanzar una poderosa y letal explosión.

—¡Qué te pasa! ¿Te has vuelto loco?—Exclamó Erick y lo sacudió desesperado por llamar su atención. Zack trató de detenerlo.

Keythan reaccionó cuando sintió los dedos de Erick tocando su hombro, sin embargo no reparó en lo que decían sus labios. Solo los observó moverse. Se libró de él bruscamente. Posiblemente sí se había vuelto loco. En su mente solo se reproducía una vez tras la partida de Megan. Su voz fue suave cuando se despidió pero cimbraba en sus oidos con una dureza demoledora.

Adios, Key.

Adios, Key.

Adios, Key.

—Ey, abajo los invitados esperan y...—Erick tragó saliva.

—¡...Se acabó la fiesta!—Le cortó impaciente, con una mueca agresiva—¡Haz que todos se larguen de aquí!—Ordenó en un tono que no admitía objeciones. Zack dio un respigo y se estremeció.

Keythan se apartó y sus manos tomaron lo primero que encontró –una bocina – y la estrelló contra la pared hasta que se hizo pedazos. Cayó de rodillas y un grito gutural brotó de su garganta mientras sostenía su cabeza.

—¿Qué pasó?—Erick se agachó a su lado con precaución y Zack comenzó a hacerle señas disimuladas para que se detuviera—¿Le pasó algo a Megan? ¿Pelearon?—Aventuró.

—No menciones su nombre—Exclamó meciendose los cabellos.

Erick se hizo hacia atrás. Preguntar aquello había sido una imprudencia.

—¡Keythan!—Su madre entró en la habitación y corrió hacia él. Bastó echarle un vistazo para intuir a la perfección lo que había ocurrido. Experimentó un agudo agijonazo de culpa en el pecho al verlo, pero no tuvo el valor de decir nada.



Annie Lee

Editado: 19.03.2019

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