Dormido en el alma

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CAPÍTULO XXX

CAPÍTULO XXX

 

  Susana perpleja, sin entender mi comportamiento, me seguía, mientras protestaba:

  -“Yo no veo a nadie conocido. ¿A quién has visto?”-

  Tiré de ella sin hablar hasta que nos colocamos en un lateral de la casa, fuera de la vista de los invitados, que seguían bebiendo y charlando animadamente en el jardín.

  -“¿No has visto como Margarita hacía una seña al hermano de Amanda y éste ha salido disparado detrás de ella?- Le pregunté a Susana, deseando que me lo confirmara porque quizás mi aversión hacia Margarita me hacía ver cosas que no existían.

  -“No he visto que le hiciera señas a nadie, pero si me ha extrañado que al regresar se quedara parada detrás de Justino y al momento se diera la vuelta y se marchara de nuevo. No he podido ver si hacía señas a alguien porque no la veía la cara.”- Me contestó Susana poniendo cara de sorprendida porque sabía que algo tramaba.

  -“Estoy segura que ahora mismo está hablando con Gustavo dentro, en algún rincón de la casa. Vamos.”- y volviendo a agarrar a Susana del brazo, tiré de ella y nos dirigimos a la puerta trasera de la casa.

  Habíamos estado varias veces en la casa, así que sabíamos movernos en la oscuridad. Entramos sin hacer ruido y moviéndonos con cautela, intentando escuchar algún sonido que nos diera alguna pista. Recorrimos despacio el pasillo que cruzaba la casa desde la puerta trasera a la puerta principal. Sólo se escuchaba el trajín del personal de servicio en la cocina y el ruido de platos y copas. Nos acercamos a los lavabos, pero no había rastro de ellos. Decepcionadas, nos dispusimos a regresar al jardín donde habíamos dejado a Justino esperando que le llevaran algo para limpiar el líquido derramado en su camisa.

  Volvimos a salir al jardín por la puerta trasera por la que habíamos entrado y como si alguien me hubiera llamado giré mi cabeza para mirar hacia la planta de arriba. En ese momento vi una sombra moverse cerca de la ventana que tenía encima de mi cabeza.

  -“Qué bobas hemos sido. No hemos pensado que habían podido subir a la planta de arriba. He visto moverse una sombra en esa ventana. Seguro que son ellos. Subamos!!- Le increpé a Susana. Le hice un gesto con el dedo, llevándolo hacia mis labios, indicándole que no hiciera ruido y volvimos a entrar en la casa, esta vez sabíamos hacia dónde encaminarnos y comenzamos a subir las escaleras lenta y sigilosamente.

  Fuimos a la habitación a la que pertenecía la ventana en la que había visto moverse la sombra. La puerta no estaba cerrada del todo, sólo volteada; asomé muy despacio la cabeza y pude ver que dentro se distinguían dos sombras. No se movían y no se escuchaba hablar, aunque sí una especie de gemido. Las dos nos miramos extrañadas, preguntándonos con la mirada porque sospechábamos qué significaba ese sonido. Habíamos llegado muy lejos para quedarnos con la duda, así que poco a poco comencé a empujar la puerta abriéndola con mucha cautela, para no hacer nada de ruido y no ser descubierta.

  Creo que no se hubieran dado cuenta de que les estaban mirando aunque hubiera sido menos cuidadosa. Ante nuestros ojos apareció una escena un tanto dantesca. Margarita y Gustavo estaban abrazados, con sus cuerpos muy pegados. Gustavo tenía el rostro metido entre los pechos de Margarita y las manos metidas por debajo de su falda, moviéndolas sin cesar, agarrando sus glúteos y empujándola contra él. Ella era quien emitía los gemidos que habíamos escuchado hacía unos momentos y que seguía emitiendo, mientras clavaba las uñas en la espalda desnuda de Gustavo y estirando el cuello hacia atrás dejando sus pechos al alcance de la boca de Gustavo que los succionaba como si fueran el elixir de la vida.

  Habíamos visto suficiente y ante el miedo de ser descubiertas, nos dimos la vuelta y bajamos las escaleras igual de sigilosas que las habíamos subido. Ya en la planta de abajo, la que se quedó paralizada fui yo y Susana fue la que tomó la iniciativa y me llevo hasta los lavabos. Nos encerramos en uno para poder estar tranquilas y recapacitar sobre lo que habíamos presenciado.

  -“No te equivocaste al pensar que esos dos se conocían y vayan si se conocen”- Dijo Susana, soltando una risa pícara.

  -“Esto es muy serio. No puedo dejar que esa buscona se case con Justino, después de lo que acabo de ver y tampoco puedo ir y decírselo sin más, sin tener pruebas porque ella me desacreditaría”-



Gely Santamaría

#12565 en Novela romántica

En el texto hay: amor, desamor

Editado: 15.10.2018

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