Dos ciudades, un amor

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Mira su computadora... Nada. 
    Ana cierra y abre los ojos, tratando de tranquilizarse. 
    ¿Por qué no se habrá conectado aún? Habían quedado en hablar a esa hora. Baja la mirada hacia la parte inferior derecha (donde está la hora): las 7:21 Pm. No puede creerlo, ¡van veintiún minutos de más! Resopla. «¿Qué pasa?»
    Será idiota. 
    ¿Cómo puede él dejarla plantada por chat? 
    «Debo ser la primera a la que se le deja plantada por chat.»
    Se conocieron desde hace varios meses, en el mismo instituto. 
    Un día, ella iba corriendo por el pasillo: llegaba tarde a clase, pero para llegar al aula debe pasar por la cancha de fútbol, donde varias personas están jugando. Aprovecha que alguien lanza la pelota lejos y corre, pero cuando casi la recorre en su totalidad recibe un pelotazo en la parte trasera de la cabeza, que hace que se caiga de cara. 
    —¡Auch! —Grita ella—. ¡¿Serás imbécil?!
    Un joven acude a su ayuda y le brinda la mano para que se levante. 
    —Lo lamento, a veces no puedo medir mi fuerza en el pie. 
    Ella toma su mano y se levanta. 
    —Lo noto —Dice ella mientras se toca la cabeza—.
    —Me llamo Jorge, ¿y tú? 
    —Me llamo Ana. Espera... ¿no estamos en el mismo salón? 
    —En efecto —Él sonríe—.
    —Pero... ¡Deberíamos estar en el aula hace diez minutos! 
    —Te equivocas: hoy no hay clases. 
    —Ahhh...
    Ella no sabe que decir, todo es incómodo. Nunca habla mucho con las personas, sólo con los profesores. 
Él se aleja y toma su mochila, la abre y saca una libreta, arranca una hoja y toma un bolígrafo. 
Anota algo, guarda todo en la mochila y la cierra. 
    —Enserio te pido perdón por el pelotazo, no te había visto. 
    —¿Me estás diciendo enana?
    —No —Se sonroja—, quise decir... Emmmm...
    —Era bromeando. 
    Los dos sonríen. 
    —No quiero parecer irrespetuoso, pero me gustaría hablar contigo. 
    Le tiende la hoja de papel y ella la ojea. En una caligrafía bastante torcida se puede leer: «Jorgefye@hotmail.com».
    —Es... ¿tu correo?
    —Sí —Responde él —. Es de mi MSN. 
    —¡Jorge! ¡No ligues más y ven a jugar!
    El grito proviene de la cancha de fútbol, son sus amigos. Él les hace señas de que no tarda y voltea hacia Ana. 
    —Debo irme. Un gusto en conocerte, Ana. 
    —Lo mismo. Por favor dime que tu primera impresión no es siempre a pelotazos. 
    Él ríe y se retira. 
    Ella regresa a su casa y mira el papelito que le brindó. Lo busca en el MSN y lo agrega a los contactos. 
    Desde ese día se volvieron amigos. Siempre hablan a la hora concreta, pero pasa el tiempo y no aparece. Vuelve a ver la hora: las 7:36 Pm. 
    No puede más. Se inclina y apaga su computadora. Toma su celular y busca la aplicación de música.  Busca una canción; tiene una lista sin límite de canciones, todas ordenadas por artista. 
    Al final se decide por Perfect del pelirrojo Ed Sheeran.
    Se dirige a su cama, conecta los audífonos y se recuesta. Después de varios minutos ella se va quedando dormida, así que se levanta y baja por un café. 
    Cuando llega a la cocina escucha un sonido. Es un golpe. Alguien debe estar tocando la puerta, así que se dirige a ella y la abre. Justo cuando la abre un joven la abraza... Es Jorge. 
    —Perdón por no hablarte a la hora que acordamos, pero debía hacer unas cosas. 
    —No pasa nada —dice ella mientras se quita los audífonos—, solo es un día. 
    —¿Mañana en la mañana hablamos? 
    Ella simula que piensa. 
    —Claro, no tengo nada que hacer. 
    —Nunca tienes algo que hacer —Dice él.
    Ella le golpea el hombro y ríen. Se siente impotente. Justo le iba a decir por chat un secreto que guarda hace un tiempo. ¿Lo hará mañana? ¿Lo hará ahora que están cara a cara? ¿Le dirá que, desde hace varias semanas, le atrae? 
    No lo dice, simplemente se inclina y lo besa.  



Kevinandres

#2874 en Novela romántica

En el texto hay: romance, comedia, desamor

Editado: 10.07.2019

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