Dos ciudades, un amor

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Han pasado varios años, lo sé, y aún sigo sin entender que hayas creído lo que mis padres te habían dicho cuando eramos niños. Sigo sin creer que cada cosa que habíamos vivido haya quedado atrás. Ahora solo quedan recuerdos. El recuerdo de cada abrazo, cada beso... Cada momento. Ahora todo aquello hace parte de la historia. Historia que antes era nuestra, pero que ahora, simplemente, solo le pertenece al pasado. Hoy he dormido toda la tarde, son alrededor de las ocho de la noche. Me levanto como puedo de la cama y lamento que por enésima vez haya pensado en ti toda la maldita noche. Maldigo en voz alta aquel día. Después de ello quedé con algo que me marcó de por vida, que me quitó una de las cosas que más amaba hacer, pero no lo sabrás, porque decidiste irte, decidiste creer una mentira. Después de tantos años todo sigue como el principio, y sigo sin entender cómo suceden ciertas cosas. No he entendido hasta ahora (y tal vez nunca lo haga) el por qué, el destino, le hace malas jugadas a las personas que creen que todo está bien, o perfecto. Es como si leyese tu mente..., como si, simplemente, le importa un diantre que estés feliz.  Un frío recorrer mi cuerpo, al parecer el verano está llegando a su fin. No entiendo qué te pasó, y mucho menos lo que me pasó a mí. ¿En dónde quedó el amor que me juraste para toda la vida? Al parecer soy el único que puede guardar y cumplir una promesa por años. Sigo buscándote por cielo, tierra y mar. Y, al fin, te encontré. Pero imagina cuál fue mi tristeza al ver que estabas con otra persona, en brazos de alguien que no soy yo. No me viste, y si lo hubieses hecho, no me reconocerías. Desde hace mucho he pensando en que tal vez, solo tal vez, pudiera verte y abrazarte. De demostrarte que aquí estoy, de que nunca me fui, de decirte que lo abandoné todo cuando me contaron la verdad. Abandoné mi casa, mi «familia», mi pasión... Mi ciudad. Y creo que es increíble de que, a pesar de vivir tan lejos, aun te quiera. De que vivamos en dos ciudades, pero sienta el mismo amor. 
    Nunca olvidaré ese día, un día en el que la vida me hizo una mala pasada, un día en el que me arrancaron de tus brazos. El destino no solo es malvado, también es un ladrón. 
    Un sonido en mi ventana hace que sobresalte y me aleje de mis pensamientos. Voy hacia ella con molestia y veo que mi amigo está abajo (en el jardín) lanzando pequeñas rocas a mi ventana, que está en la segunda planta de la casa. 
    —¡Baja y vamos al bar! —Grita mientras sigue buscando piedras—.
    La propuesta es tentadora, pero no quiero salir, y menos consumir alcohol. 
    Así que hago esfuerzo de todo lo que me queda de fuerza y levanto la ventana. 
    —¡No iré. Quiero quedarme aquí!
    Él hace un gesto indescriptible para mí en plena noche y a un piso de distancia. 
    —¡Vamos, habrá mucho alcohol!
    —¡Que no! 
    —¡¿Bajas o te bajo?!
    —¡Vete a la mierda! —Grito con rabia ante la insistencia de él, mostrando el dedo corazón—.
    Bajo la ventana y me relajo un poco, tal vez la música me haga sentir mejor. Me dirijo al reproductor de música y pulso la tecla de «reproducción aleatoria». Mientras me paso a la silla del escritorio pesadamente comienza a sonar yo no me doy por vencido de Luis Fonsi. Sí; yo tampoco me daré por vencido. Me desplazo de nuevo a donde estaba antes y me dirijo al cuarto de baño. Cuando llego a la puerta, justo en frente, hay un espejo de cuerpo entero. Empiezo a llorar cuando me veo de nuevo en esta maldita silla de ruedas.



Kevinandres

#1780 en Novela romántica

En el texto hay: romance, comedia, desamor

Editado: 10.07.2019

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