Dos de Tres

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Capítulo 7

Lo busque por todo el lugar, pero había desaparecido y creía que era lo mejor para mí y definitivamente para él, deje que la triste añoranza de mi vida saliera de mi cuerpo, debía salir del departamento, pero antes de darme cuenta el ascensor me avisaba que alguien venía, fruncí el ceño, era raro que el portero no avisara, sabían que yo lo exigía.

No entendía que era lo que me hacía escanearlo de pies a cabeza, me gustaba y mucho, su cabello estaba más largo que antes, su piel blanca, sus ojos mi delirio, mire como fruncía el ceño ante mi escrutinio, paso el porta vasos de su mano derecha a la izquierda que también sostenía una bolsa de papel, se llevó la mano vacía hasta su barbilla y limpio su barba de dos días intentado saber la razón de mi mirar, se encogió de hombros al notar que era porque aún me preguntaba por su estar en mi departamento.

_ Bueno, veo que ya despertaste._ paso como perro por su casa, ahora era yo quien fruncía el ceño, ¿Quién mierda se creía?_ Traje el desayuno, lo considero justo ya que me dejaste quedar en tu casa._ lo seguí a la cocina, lo mire con molestia, él buscaba en todo el lugar unos platos.

 

_ ¿Qué haces aquí?_ pregunte, se detuvo y me miro un segundo, se encogió de hombros, maldije por lo bajo, sabía bien que él había escuchado.

No dijo nada más, simplemente me tendió un sándwich y se sentó a comer uno igual, me paso un vaso de café, no comprendía la razón, pero me sentía incomoda en una forma que nunca había experimentado, temía mirarlo al rostro, cosa que nunca había sucedido en mi vida, sabía bien que me miraba, pero no quería encararlo.

El temor se mezclaba con mi voluntad y dejaba muy poco para seguir, esa tarde vislumbraba la idea de poder acercarme a él, de llamar a su celular, uno que había dejado pegado en el refrigerador, con una nota que decía; "si me necesitas sabes que hacer".

No lo entendía, y él no había respondido mi pregunta, ¿Qué demonios hacía en Venezuela?

 

 

El sonar del intercomunicador  erizo mi piel, era la primera vez que me sucedía, era viernes por la tarde y me sentía mal, había pasado la semana entera sumergida en la idea de llamarlo, decirle cualquier mentira para poder mirar esos ojos claros, pero no me decidía, la soledad se acentuaba en mi espíritu, pasaba horas mirando la nota pegada al refrigerador y esté no era un momento diferente, sentí de pronto como que si me hubieran atrapado haciendo algo realmente malo, chasquee la lengua y me levante para hablar con el portero.

_ Señorita Valentine, es su familia._ mi corazón se aceleró, ¿Qué hacían aquí?

_ Déjalos subir._ ordene con la voz turbia, sabía que algo andaba mal, no entendía la razón, pero lo sabía.

Los espere y los mire salir uno por uno, sus ojos rojos, hinchados, maldije el hecho de haberlos ignorado toda la semana, siempre lo hacía y no veía nada de malo, estaban completos según mi razón, Janeen en el pecho de su esposo, llorando pero juntos, Marcus, Javier, Yina y una muy desconsolada Hannah.

_ ¿Por qué creo que se ven más feos de lo usual?_ me burle y abrace a mi hermanita, quien se había lanzado a mis brazos.

Todos se miraron las caras, sabía que no era bueno, pero no comprendía, un pálpito rápido y tortuoso se formó en mi pecho, ninguno quería hablar.

_ Papá murió._ no supe quien lo había dicho.

Sentí como Janeen se separaba de mí, los mire a todos, sin comprender en su totalidad el hecho que tornaba negro mi mundo, sus mejillas manchadas dejaban mucho que decir.

_ Murió el martes, te estuvimos llamando, pero no contestabas._ hablo Javier, fruncí el ceño.

Uno por uno fue ofreciendo un abrazo, pero no entendía, no sabía cómo reaccionar, no sabía.

_ Se murió._ me carcajee y sin más me derrumbe.

Sentía la rabia a flor de piel, rompí cada cosa que podía ser hecha pedazos en mi departamento, escuchaba los gritos, los sollozos, no sabía de quien eran, hasta que los mire a todos en silencio sollozando en una esquina y a mis dos hermanos intentado controlarme.

_ Lo odio, lo odio._ grite a todo pulmón cuando Javier detuvo mis manos entre las suyas.

_ Maldito anciano, como pudo hacerme esto, no me dijo, no me dijo._ solloce en sus brazos, mire como todos se limpiaban las lágrimas y se llenaban de amargura al ver en que me había convertido, en lo que permitía aflorar en mi alma.



Slow_Cheetahh

#4292 en Joven Adulto

En el texto hay: cienciaficcion, romance, culpa

Editado: 09.11.2018

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