Dos de Tres

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Capítulo 9

Habían pasado dos meses desde mi último intento de suicidio, Caroline, había llegado justo a tiempo, quisiera decir que todo había mejorado, pero sería mentirme a mí misma, y cómo tantas veces duele, hoy siento con más intensidad ese rencor, ese odio y no sé si sólo intentaba apaciguarlo, ese deseo insaciable por sentir que hay esperanza para mí, pero con cada segundo es peor mi respirar y descubro que sostengo una idea imposible.

Descubrí que vendería mi alma por evitar sentir, odio con gran intensidad cada centímetro del ser humano, odio ser como ellos, odio vivir, y odio existir, siento deseos de arrancar mi propia garganta, este nudo no se va, me duele y quiero que se valla, quiero abrir mi pecho y sacar todo de él con mis propias manos, no quiero sentirme atrapada.

Sabía que debía replantear mi vida, aunque la verdad no sabía cómo hacerlo, no sabía cuál era la pregunta correcta, necesitaba saber, chasquee la lengua y baje las piernas de la pared, no tenía nada, suspire y me senté en la orilla de la cama, hacía tanto que no salía de casa, no sabía cómo estaban las cosas en la ciudad, en el país, encendí el televisor.

 

 

Quizás debía evitar mirar lo miserable de la vida de un venezolano, había sangre derramada en todos lados, los índice de muertes violentas eran bastantes altas, trague un nudo cuando note que habían muchos que eran niños, de esos jóvenes que no habían tenido la pregunta correcta para vivir, quizás yo tampoco la hubiese tenido, pero ellos eran muertos caminando, sabía que estaban condenados.

Los barrios en Caracas estaban sumergidos en una fosa oscura con un leve aroma metálico y nauseabundo, ese aroma que recorre las calles y nuestras venas, los pasos al andar producen un chasquido pegajoso y desagradable, Venezuela estaba sumergida en llamas, unas agobiantes, y los líderes no hacían más que gritar aquello que no harán, mientras hermanos mueren y otros cobran venganza, sufríamos una guerra silenciosa, una traicionera y malévola.

Mordí mi labio inferior hasta hacerlo sangrar, un niño de cinco años había sido violado en donde se suponía debían cuidarlo, trague mis lágrimas y un grito ahogado murió en mi garganta, ¿Qué demonios estábamos haciendo?, no sabía si aún estaba sumida en mi dolor por no haber sido amada nunca por mi padre, pero ahora el saber que alguien había sufrido algo como eso, me dolía.

Un niño de siete años muerto por un enfrentamiento de bandas maleantes, me deslice al suelo desde la cama y apague el televisor, limpie mis lágrimas y lamí la sangre de mis labios, no había forma de limpiar a Venezuela, no había método para hacer cambiar a un humano, lo sabía, la sociedad venezolana sufría un retraso elemental y fatídico que debía ser controlado.

 

 

No estaba segura si debía atender la llamada que me hacían desde el edificio, seguro era Caroline y Mark, habían estado fastidiando días tras día, intentado sacarme del agujero en cual me encontraba, mis hermanos llamaban cada día, pero la verdad no quería saber nada de ellos, cada uno tenía su vida resuelta y no tenían por qué cuidar de alguien más, alguien que nunca había estado realmente, me sentía fuera de lugar, me levante, limpie mis mejillas y me aclare la garganta, baje cada escalón de la escalera deseando que se fueran.

_ ¿Qué sucede?_ conteste con fastidio.

_ Buenas tardes señorita, su hermana Yina y su hermano Javier están aquí._ dijo con lo que creí era vergüenza al escuchar mi tono.

 

_ Déjalos pasar, y gracias._ ofrecí, no sabía qué era lo que realmente querían, me posicioné al frente del ascensor.

Ambos me abrazaron sin decir palabra, yo simplemente los deje hacer, no quería tener que discutir y hablar de lo que sentía, sabían quién era y que había hecho con mis días pasados.

_ Estás muy delgada._ reprendió Javier, ignore su comentario y los invite a beber algo.

Los mire con intriga, llevábamos más cinco minutos sentados y yo aún esperaba el motivo de su visita, no decían nada, sólo se miraban, me aburrí.

_ ¿Qué sucede?_ pregunté al fin.

Yina se removió en su asiento, suspire y espere, ya no me quedaba un ápice de paciencia, pero me aguantaba, imaginaba que era difícil lo que tenían que decir, los mire con desesperación en lo que ella rebuscaba en su bolso de mano, apreté mis dientes hasta que dolieron, lamí mis labios y sentí un leve picor en mi labio roto, el sabor de la sangre era algo que jamás me había gustado, pero me intrigaba la extrañeza de su sabor.



Slow_Cheetahh

#4258 en Joven Adulto

En el texto hay: cienciaficcion, romance, culpa

Editado: 09.11.2018

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