Dos Especies

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 5

 

Son las diez de la mañana, es muy temprano para tomar vino…

“¡Al diablo con la hora!, dame algo para pasar el fastidioso tiempo”.

Me dirigí al bar, tomé una copa y la llené de vino tinto. Estuve tentada de adicionarle un poco de la dosis.

“Por favor hazlo, por favor, por favorcito” —escuché su voz burlona.

Sabes que no puedo pasar el límite, debo mantener mi parte humana, por Edmund, él no me lo perdonaría.

Sonaba una canción de Roberto Carlos, en portugués, los cantantes son mis eternos acompañantes, apagué las luces y dejé solo la de la sala encendida. La chimenea nunca se apaga. “En mi mente su rostro sigue igual, como si no hubiese pasado nada, como si el tiempo no hubiese transcurrido en la vida, y como si el dolor no lo hubiera destrozado todo”.

Quisiera haber hecho las cosas diferentes. Ese es el martirio de la vida, haber hecho las cosas mal y no tener la oportunidad de enmendar el daño causado, solo podemos cambiar a futuro. Es cierto que el pasado es tiempo muerto, tiempo invalido, mirar atrás es no avanzar, todo eso es cierto, no discutiré eso, toda esa palabrería bonita de motivación personal es cierta. Pero cuesta alcanzarla, aun para un ser como yo, es duro perdonar y perdonarse, siendo lo último lo más complicado.

Créeme, no hay peor juez que uno mismo… es decisión de cada ser, para unos es más complicado que otros, una vez más depende de la cantidad de amor que tengas en tu interior, lo que estás dispuesto a olvidar, en todo caso el tiempo ayuda, no para olvidar, nadie lo hace si el pasado marca, pero si ayuda a ver la vida desde una perspectiva diferente. Cuando ya no duele, al momento de estar resignado puedes jugar con las múltiples posibilidades del por qué la vida te puso a prueba, solo así es que puedes sacar conclusiones, entender a las personas que en algún momento afectaron tu existencia para bien o para mal.

Depende de tus decisiones el camino a seguir, yo, Jenna Cladut opté por el camino de la resignación, por dejarle al Ser Superior el castigo para quienes me hicieron daño. Al fin y al cabo, no soy quién, para juzgar el amor, ese sentimiento no fue para mí, creo que si lo fue para ellos. Cada uno vivió su deseo de amar, el problema es que yo estuve en el lado del perdedor, me cegué ante la magnificencia del sentimiento que mueve al mundo.

“Lo siento por ti, yo me hubiese vengado hasta matarlo”.

Menos mal soy yo la que gobierno este cuerpo. Después de todo, viví según mi punto de vista y eso es un tesoro en mis recuerdos, vaya odisea la mía, mi historia es un viacrucis de altibajos y cambios sorpresivos, tantos como este que me tiene viviendo una inmortalidad que no deseo.

“Porque no la sabes disfrutar, permite al menos demostrarte lo bien que lo pasarías”.

Jamás lo haré y sé que algún día tú me darás las gracias. Si no apreciara la vida a pesar de sus obstáculos me hubiese matado desde el mismo día que obtuve la vida eterna. Un mito que para el mundo urbano es solo eso, mitos. Y nada es así, todo lo que aparecen en las películas de ficción son proyecciones de la vida real.

Te parecerá raro la forma en cómo en ocasiones me refiero a mí misma, soy dos especies en un solo cuerpo… humana y otra cosa… 

“¡Gracias por lo de otra cosa!” —me mordí el labio para no reírme—. “No te rías, también te he ayudado, digas lo que digas”.

Ya es suficiente con hablar de mi actual vida, es una miseria de fragmentos rotos mal pegados, uno mismo se cura diferente y más en mi caso. Volveré a contarte o más bien demostrarte uno de los dichos más fundamentados en la historia. “Del amor al odio solo hay un paso” “te amo con la misma intensidad con la que te odio”. Aquí no quedó intermedios —tomé otro sorbo de vino, miré en dirección al piano.

“¡No! Ni se te ocurra, deja que salga la música que tienes mejor”.

Desde la muerte de mi esposo solo lo he tocado una vez, pero no lo dejo en ninguna parte, es una de las pocas cosas materiales que viaja a cualquier país en el que me radico, su regalo… más bien retomo la historia, y una vez más analiza porqué viví todo eso.

“No me pongas a mí a sacar conclusiones, yo he sido la más reprimida de tu cuerpo. Entre tú y Edmund no tengo mucho para actuar”.

Aún me queda un sin sabor en el pecho, esa sensación de que algo se me pasó por alto…

 

 



Eilana Osorio Páez

Editado: 15.12.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar