Dos Especies

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capítulo 7

Nicolás, Nicolás, Nicolás, Nicolás…

 

Su nombre sigue haciendo estragos en mi alma, obviamente no es el mejor sentimiento. Me enamoré y cuando ese sentimiento es correspondido es maravilloso, no hay nada mejor que amar sin condiciones y creerse dueño de todo lo que te rodea porque en ti hay una extraña fuerza que te mueve a hacer las locuras más insospechables, y si es un hombre experimentado, con don de gallardía hace contigo lo que tú le permitas. No seré la única mujer que haya caído en unas manos insensibles, y no es que esa persona sea mala, es solo que el amor en ocasiones no es correspondido, deseo creer que fue así. Creo que esa manera de pensar le ayuda a mi ego femenino.

“Por como lo describes era un bello ejemplar”.

¡Esa forma de expresarte en ocasiones demuestras que eras una libertina!

“Nada de eso, soy lo que soy, el problema es que tú no me has dejado demostrarte que la vida puede ser diferente”.

No te haré caso.

Ese es uno de los problemas que genera el amor, en ocasiones pierdes la voluntad y te rebajas hasta pasar por encima de tu dignidad, el riesgo es que en muchas ocasiones… Debo ser sincera, para eso te cuento esto, yo perdí la dignidad y me rebajé hasta el punto de mendigar. Con el tiempo de por medio comprendes lo bueno, lo malo y el desastre que cometiste. ¿Coincides con mi conclusión?

“Sabes mi punto de vista.  No diré nada más al respecto”.

Te diré algo, cuando los errores los cometes tú, es muy duro continuar el camino del futuro, no tienes en quién descargar tu dolor, no tienes a quién reclamarle más que a ti misma, eres la culpable de denigrarte hasta un punto irreconocible. Todos tenemos un pasado que levantar, decisiones que pesan en el alma y lo único que puedes hacer es aceptar que fue en nombre del amor.

“Te voy a contradecir en algo. Tú sí has tenido en quien recargarte, he sido testigo de ello” —me reí. Pobrecita la niña.

Ya llevo la tercera copa de vino, puedo tomarme una docena de botellas y solo me causa un leve mareo, un punto a favor si fuera una alcohólica, pero hasta eso me lo prohíbe Edmund… mi Edmund.

“Bueno un par de botellas no le harán daño”.

Déjame ser irresponsable hoy, estoy nostálgica, deseo volver el tiempo atrás y quedarme en esos momentos de felicidad. Sea lo que sea, era mi felicidad.

“A mí no me haces caso, Edmund, permítele y ojalá no se te dé por vomitar, odio cuando haces eso.  Al menos yo si disfrutaré un poco del alcohol. Bueno continua con la descripción de tus gallardos hombres, al menos disfrutaré de unas buenas escenas de sexo”.

Nicolás… Nicolás… Nicolás…

 



Eilana Osorio Páez

Editado: 06.12.2019

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