Dragones y Sombras - Heraldos de Guerra

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PROLOGO

Las filas del ejército Faradar ocupaban de lleno las faldas de las colinas de Brisum, Meryth Barbabronce dirigía el enorme ejército de bandidos, mercenarios, orcos, trolls,  quienes ocupaban todo el horizonte hasta donde se perdía la vista. Lyrath, rey de los hombres de Andrar comandaba el último ejército de los reinos; hombres, elfos, enanos y gnomos desfilaban en aquel imponente mar de escudos dorados, espadas y armaduras. Haciéndoles par a las tropas de los Faradar.
     Meryth montado sobre su caballo negro se colocó frente a sus hombres; una gran barba roja con trenzas adornada de gruesos anillos multicolores colgaba de él, su armadura de color cobre jamás había sufrido un rasguño y su ojo izquierdo cubierto de un parche negro le recordaba la única vez que fue herido en combate. Meryth había conquistado todas las ciudades de los reinos, de norte a sur y del este al oeste, derribo las murallas que protegían a las ciudades, e hizo caer a cuanto enemigo se interpusiera en su camino, incluso se contaba que había masacrado reyes delante de su pueblo  dejando sus cuerpos ensangrentado en medio de las plazas; solo los pocos que lograron escapar de la sangrienta ira de Meryth se reunieron en la fortaleza de Ciudad del Alba.

   -- ¡Orcos, trolls y hombres libres hoy la victoria es nuestra!, hemos arrasado con cuanto pueblo se nos ha cruzado, hemos decapitado a los reyes que han osado defender a su pueblo. Solo nos queda esta última batalla para cumplir nuestro objetivo. Los dioses verán teñirse la arena del estandarte rojo de los Faradar. ¡Hoy el mundo será nuestro!

     Lyrath, el último rey en pie dirigía la última alianza; muchos en el campo de batalla tenían esperanzas de vencer, los elfos contaban que Lyrath descendía de los dioses, y estos le otorgaron el don de ver el futuro y allí él rey sabía que ganaría esta guerra. Los enanos confiaban sus fuerzas en Erowin, aquel enano quien dirigió el exilio de los de su raza hacia Ciudad del Alba, él fue testigo de la crueldad de Meryth en su antigua ciudad. Erowin era el único ser en el campo de batalla que veía a Mertyh por segunda vez, en  los ojos del enano se podía ver como desbordaba la ira, y era esa ira la fuerza que compartían todos a quienes dirigía. Por su parte Satrarus, el gran mago gnomo había visto venir este día en la magia de los portales pero no había podido ver de parte de quien sería la victoria ya que según proclamaba, los dioses estaban en conflictos de quien sería el vencedor y no apoyaban a un bando en específico, montado sobre un caballo blanco que le triplicaba en tamaño seria el defensor de esta guerra dirigiendo las fuerzas mágicas desde los barrancos.
     Ferator general de los humanos cabalgó hacia Lyrath quien divisaba el ejército rival.

   — ¿Dudas de que podamos vencer? — Le susurró

   — Dudo de las leyendas que se han contado alrededor de Barbabronce sean ciertas – Le respondió, sin quitar los ojos de Meryth.

    — Hoy esas leyendas morirán junto con él.

    — O lo harán inmortal.— Se dio para unas últimas palabras a su ejercito — ¡Soldados de Andrar! ustedes me han acompañado a lo largo de muchos años, hemos visto a miles de nuestros hombres caer en combate defendiendo esta tierra, jamás hemos sido vencidos, y este día no será la excepción. Ante nosotros esta un hombre que ha masacrado a hombres, mujeres y niños. Y su sangre derramada no será en vano, No dejaremos que nuestros enemigos obtengan la victoria. ¡A la carga!.

     Y con la espada alto Lyrath fue el primero en salir al combate seguido de sus hombres, «!Ataquen!» grito Meryth, desde lo alto de un barranco en ese instante ambos ejércitos chocaron como las olas contra los peñascos, las espadas les hacían frente a las hachas orcas, las armas de asedio eran reprimidas por enormes bolas de fuego azul enviadas por los gnomos. Los elfos apuntaron sus arcos al cielo que en un segundo fue oscurecido por las flechas; Los enanos y sus enormes hachas mutilaban y cortaban las cabezas de los orcos en un enorme charco de sangre. Erowin se escabullo entre el campo de batalla esquivando la armas de aliados y enemigos, se las ingenio para colocarse por detrás de Meryth. Empuño su hacha dispuesto a terminar con todo, el enano se abalanzo sobre el señor de los Faradar, pero antes de que pudiera tocarle en medio del aire una flecha lo alcanzo, Erowin cayó al lado derecho de Meryth, mal herido, pero eso no le impidió ponerse de pie, siendo perforado, una y otra vez por los orcos. Meryth miraba imperturbable la escena, cuando en un momento bajó de su caballo, cogió al enano por su larga cabellera y lo alzó.


— Tú eres aquel enano herrero que dirigió la resistencia en Donlo, será un placer devolverte el favor que me hiciste aquella vez. — Se quitó el parche dejando ver su enorme cicatriz.

     Alzo del cabello al señor enano ante la mirada de todos. Lyrath no podía creer lo que veían sus ojos, su amigo ensangrentado y perforado por flechas jadeaba agonizante. Sin vacilar Meryth saco una daga y de un tajo le cortó una oreja izquierda para dársela de comer a los trolls. Tolisran, líder de los elfos disparo una flecha hacia la cabeza de Meryth, pero este utilizó el cuerpo del enano como escudo.



Steven R. Kendwing

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En el texto hay: dragones, brujas

Editado: 12.03.2018

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