Dragones y Sombras - Heraldos de Guerra

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II

En los altos y desérticos montes de las estepas de Eronai, en una enorme cueva bajo una inmensa fogata se poda oír un aquelarre conjurar entre las sombras.


     —  El anciano ah coronado a su hija en Ciudad del alba, sabe que no le que quedan muchos años. Solo queda vivo el emperador. La profecía está casi cumplida.


     — Yo no llamaría reina a la descendiente de quienes nos expulsaron, nos persiguieron y nos dieron caza sin cansancio.

     — No solo los humanos nos dieron caza hermanas, elfos, enanos y gnomos fueron tras nosotras. Una a una fuimos cayendo, pero el viejo rey está a punto de morir.


     — Los reyes viejos caerán y sus reinos juntos con ellos, no quedara marca sobre la tierra de su estirpe.


     —  La sangre de los reyes será ofrecida a Egya. La antigua diosa estará satisfecha.

Entre graznidos y aleteos un cuervo entro en la cueva y dando pequeños saltos se aproximó hacia las brujas.

     — ¿Qué noticias traes Minerva? – Le pregunto Dantara.

El cuervo se transformó en una joven alta de piel blanca como la leche una inmensa cabellera negra, su hermosura era comparable con la de los elfos, por excepción de sus ojos negros y su mirada penetrante.

     — El emperador ha muerto, solo queda el viejo norteño en pie, la coronación de la niña señala el inicio de la profecía.

     — «Cuando el aliento del último heredero varón de la sangre de Lyrath desaparezca y el fuego del dragón del otro lado del mar se extinga. Los mares se oscurecerán, los cielos caerán y la oscuridad reinara.» Ese tiempo está llegando hermanas.

     — Los Faradar han vuelto a pedirnos ayuda Minerva, querían capturar a los pocos dragones que quedan en Andrar.

     — ¿Y qué respondiste? — preguntó la joven.

     — Los envié por el elixir de la fuente de la eternidad, sus orcos y trolls podían generar un pequeño asedio en Merilnys y poderse hacer con un frasco de la fuente elfica. La sangre correrá pero es pequeño precio a cambio de la voluntad de los dragones.

Minerva saco de entre su túnica un frasco —Aquí tienes tu elixir — se acercó a Dantara colocando su mano frente a su rostro. — Ahora dame lo que me pertenece — Dantara cogió una daga, ambas se pusieron de pie frente al fuego, Minerva estaba dudosa de aquella decisión, sabría que a partir de ahora no habría marcha atrás. La anciana bruja le hizo un corte en la palma de la mano, y la sangre cayo al fuego avivando las llamas. La hechicera coloco un poco del elixir sobre la herida sangrante. «Solo lo eterno puede destruir lo eterno» se dijo.

     La herida fue borrada en cuestión de segundos, las demás brujas se acercaron a la fogata y una a una las manos prosiguieron con el ritual. Todas sentían que la magia volvía a ellas, se sentían invencibles, lanzaron esferas de fuego por toda la cueva para contemplar su poder. Dantara las silencio tomando la palabra:


     — Hermanas hace siglos nosotras fuimos los seres más poderosos en todo el mundo, hasta que se nos acusó falsamente de capturar a los dragones y usarlos para la victoria de los Faradar, esta injuria ocurrió hace siglos y una a una caímos pero hoy empieza nuestra venganza.  Las alquimistas y los magos fueron los encargados de usar nuestra magia para su propio beneficio, los primeros en caer serán ellos. Tenían razón Los Antiguos, la caída del último rey será el preludio para la extinción de los humanos. Controlaremos a los dragones y conquistaremos cada uno de los reinos, cada una se postrara sobre un trono, y los Faradar serán nuestros vasallos. En cada rincón del mundo retumbaran nuestros nombres, la oscuridad inundara los océanos y las montañas. Y todo será gracias a la voluntad de Egya.

     Todas comenzaron a reír de pensar en el caos que desatarían, excepto Minerva quien se dirigió hacia su líder.

     — Tienes razón Dantara, cada una dominara un reino pero lamentablemente solo hay seis, y tu estas sobrando — alzo su palma hacia ella — Solo lo eterno puede destruir lo eterno — fue lo último que dijo antes de incinerarla. Los gritos de la hechicera hicieron retumbar toda la montaña, pasaron segundos antes de que fuera reducida a cenizas — Lo que dijo ella es cierto —  continuo — , cada una dominara un reino, ahora yo estoy al mando, si alguien quiere oponerse pues bien, ahora es el momento, no se permiten errores, lo que haremos será unirnos a los Faradar, buscaremos a los dragones, y así con su ejército, nuestra magia y los dragones seremos invencibles. En tres lunas debemos encontrarnos con Berloc Barbabronce, al sur, en la cuenca de Brisum, hay ejecutaremos todos los planes que vendrán a futuro. Si alguna no quiere hacer esto, tendrá el mismo destino que Dantara. Andando.

     — ¿No deberíamos hacer algo con las cenizas antes de irnos? — Preguntó Junen



Steven R. Kendwing

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En el texto hay: dragones, brujas

Editado: 12.03.2018

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