Dragones y Sombras - Heraldos de Guerra

Tamaño de fuente: - +

III

     Al este de Andrar cruzando el mar se encuentra el imperio Taymun, el continente es diez veces más grande que Andrar. En su territorio extenso se encuentran valles vírgenes, aguas cristalinas y dragones  escondidos entre más nubladas montañas. Además de muchas otras criaturas que aún no han sido encontradas a pesar de siglos de exploración. Taymun ha sido cuna de grandes emperadores y héroes desde sus orígenes, pero esto no lo ha exentado de problemas, hace pocos años los Faradar aprovecharon la grandeza del continente para instalar sus campamentos en tierras no vigiladas cerca de pueblos desprotegidos. En los valles de oriente, a unas horas de la capital del imperio una mujer llevaba a su hija en brazos eran perseguidas por un grupo de bandidos, detrás de ellas el pueblo Satoe había sido destruido, cada paso que daban parecía en vano, el galopar de los caballos era mucho más veloces que sus cansados pasos, sentían los temblores, los estruendos y los gritos de los hombres armados que venían tras ellas.

     «Son decenas. No les bastó con destruir mi pueblo y a mi familia, ahora vienen a por mí. No dejare que toquen a mi hija así deba morir por ella.»

     En ese instante se escuchó otro galopar, aún más fuerte que el que venía a por ella, el estruendo provenía por el lado contrario, la mujer pensó que los hombres ya la tenían rodeada, abrazo a su hija con fuerza mientras cerraba los ojos esperando lo peor, escucho el galopar de los caballos entre ellas, al abrir los ojos la mujer vio que eran los soldados del imperio, El Ejercito Negro había venido en la ayuda del pueblo para salvar las pocas vidas que aún quedaban. El Ejercito Negro acabo con los hombres que venían por la mujer y su hija, venciéndolos sin ninguna dificultad, acabada la batalla quien parecía ser el general del ejército señalo con el dedo a la mujer, el portador de la bandera roja del imperio se acercó a ella trayendo consigo un caballo y pidió que la siguieran al castillo del emperador en lo que durase la batalla, la mujer se negó, el abanderado volvió  la vista hacia su líder este se quito es casco, era una mujer rostro pálido de ojos rasgados color esmeralda, cabello largo y castaño.


     — Princesa Natsumi… — advirtio la mujer.

     — Emperatriz Natsumi — le corrigio el soldado — El emperador a…

     — Esta bien — interrumpió la emperatriz — Si no quieres ir al castillo ven con nosotros a Satoe a recuperar lo que es tuyo — se colocó de vuelta el casco, dio media vuelta con su caballo y el ejército avanzó con ella.

     El soldado subió a la niña y la mujer al caballo — Estarán protegidas todo el tiempo que dure recuperar el pueblo — les dijo para calmarlas.


     A su camino de regreso la niña observaba el caos y la devastación que causaron los invasores, casas incendiadas, árboles quemados, algunos cadáveres colgando se los árboles se podían ver desde lejos, la madre intento taparle los ojos pero la niña le retiro la mano.


     — Los señores Faradar fueron quienes hicieron esto — contó el soldado — ellos fueron eliminados de todos los rincones del continente antes de la caída de Satriun pero — hizo una pausa dudoso de continuar — Misteriosamente están volviendo a aparecer, y nadie sabe porque justo ahora.

     — ¿Quien fue Satriun? — pregunto la niña.

     — Satriun fue el último dragón que controlaron los Faradar, cuando dominaron a los dragones se volvieron tan poderosos que por poco dominaron Andrar,  así que luego de la victoria de Lyrath, los reyes de Andrar tomaron la decisión de eliminar a los dragones de todos los rincones del continente, tras una intensa cacería los cazadragones fueron los encargados de la purga, pero esto llevo a la muerte a miles de hombres, elfos, y enanos. Se logró aniquilar a todos, o al menos eso dicen. Aquí no lo hicieron, se llegó a un acuerdo en que los dragones habían sido dominados por fuerzas mágicas y que no eran criaturas agresivas a menos que se les provoque, por ello no hubo cazadragones Taymun. Pero aún existen, hay quienes dicen que los han visto escondidos por algunos lugares recónditos en las montañas nubladas pero nunca resultaron una amenaza, al menos no hasta que volvieron a aparecer los Faradar.

     Al llegar a la cima de una pendiente Natsumi observó que Satoe estaba convertido en ruinas, el pequeño pueblo era una mezcla de humo y cadáveres, tras hacer una rápida inspección se percató que los invasores se habían marchado. La emperatriz se dirigió a su ejército sin darles la cara.

     — La mitad despliéguese y ayuden a los sobrevivientes, la otra mitad busquen herramientas y ayuden a reconstruir el pueblo. Tú — dirigiéndose al abanderado - Regresa al palacio y dile al general Isoshi que envíe sus tropas de exploración a registrar todo el imperio, los Faradar no escaparan otra vez.


     El soldado asintió en silencio y partio hacia el horizonte, mientras la niña lo veia desaparecer.



Steven R. Kendwing

#6442 en Fantasía
#1405 en Magia

En el texto hay: dragones, brujas

Editado: 12.03.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar