Dragones y Sombras - Heraldos de Guerra

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VI

     Las calles de Gnomian aún estaban en reconstrucción, devastada por la guerra acontecida hace años parecía que nunca tendría un fin pero cada martillazo los acercaba más y más a la gloria de la cual un día fueron poseedores los señores Gnomos. Las puertas hacia Gnomian eran custodiadas por enanos armados. Un joven gnomo se dirigía al castillo montado sobre su carnero. Al entrar al salón de trono y no ver al rey, se dirigió a la sala de conferencias.

     — Andyr — decía mientras jadeaba — vi a unas brujas.

     — Hermano… Las brujas fueron exterminadas hace años junto con los Faradar.

     — Las vi, lo juro, estaban en una montaña al oeste de aquí.

     — Esta bien Falyd, escuchare tu historia hasta que deje de interesarme.

     El joven gnomo necesito un momento para recomponerse y contar su historia.

     — Salí a buscar evona, el maestro Ralet me dijo que el único lugar donde crecían era en las estepas de Eronai, así que me dirigí hacia allá. Mientras buscaba entre las rocas escuche unos ruidos que venían de una montaña, seis mujeres vestidas de negro salieron de una cueva, cinco de ellas se convirtieron en sombras, una se quedó al final y luego se transformó en un cuervo. Me adentre a la cueva y vi una fogata apagándose, inscripciones en las paredes.

     — ¿Qué tipo de inscripciones? — Interrumpió el maestro Ralet.

     — Maestro Ralet, no me diga que usted cree en estas cosas, las brujas fueron exterminadas hace años.

     — El trabajo de un hombre sabio consiste en estar preparado para todas las amenazas, crea en ellas o no.  

     Andyr frunció el ceño e hizo un ademán para que Falyd continuase.

     — Eran unas inscripciones hechas con sangre, habían marcas de manos, el lugar olía a fuego y azufre. Todas apuntaban a que se había celebrado el ritual a Egya, la antigua diosa de la oscuridad. Cerca de la fogata había una túnica negra, creo que la tengo por aquí.

     El rey Andyr no creía en las historias de brujas o fantasmas, no se impresiono en lo más mínimo cuando su joven hermano saco de su saco una túnica negra, se la entrego con cuidado al maestro Ralet, quien la examino con cuidado.

     — Efectivamente son brujas, había oído susurros que aún estaban con vida, pero provenían de aventureros ebrios o juglares que cambian historias por monedas, tal parece que las brujas traman algo. ¿Hacia dónde se dirigían?.

     — Fueron hacia el sur — Respondio Falyd

     — Son solo seis, Ralet, deja de preocuparte, tenemos un ejército, si algo ocurriese los reinos se unirán como ocurrió hace años.

     — No este tan seguro su majestad, el corazón de los hombres es corrompido fácilmente cuando se les entrega algo a cambio. Gnomian no podría soportar otra guerra.

     — El reino de Donlo siempre apoyo a Gnomian en las antiguas guerras, las alianzas entre gnomos y enanos acabo con muchas rebeliones, intentos de saqueo y asedios de orcos.

     — Los enanos siempre han sido leales a la causa y siempre han estado con nosotros en tiempos de necesidad, eso es indiscutible, pero dudo que las armas de los enanos puedan hacer algo contra la magia de las brujas.

     — ¿Qué sugieres hacer entonces?

     — Advertir a todos los reinos y que estén preparados, con solo una bruja ya tendríamos problemas. Seis podrían hacer desaparecer a Gnomian del mapa.

     Un caballero enano abrió las puertas de la sala, saludo a los presentes y le entrego una carta al rey.

     — Pues me temo que tu advertencia tendrá que esperar Ralet. Acaba de morir el emperador.



Steven R. Kendwing

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En el texto hay: dragones, brujas

Editado: 12.03.2018

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