Dragones y Sombras - Heraldos de Guerra

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VIII

     A la mañana siguiente Sorian se encontraba en el consejo del rey, discutiendo los planes que se llevarían acabo en su ausencia, la recuperación económica de Meytra era parte fundamental en los planes, los habitantes ya estaban cansados de cederle concesiones a los enanos en las minas, quitándoles los empleos. El joven rey pidió al mago Polipo, cuidase de su hermano Octarion, apenas con ocho años de edad seria el monarca quien dirigirá todo el reino mientras su hermano mayor no este.

     — ¿Cómo piensa llegar allá su majestad? — pregunto Zadir.

     Sorian explicó que su padre antes de morir hablaba acerca de que los gnomos podían crear portales para teletransportarse. Ellos eran los únicos poseedores de esa magia, pero con el pasar de los años se habían debilitado los estudios de los portales, sin embargo había algunos que aún lo practicaban pero guardaban el secreto celosamente. Sin embargo estaba seguro de que el maestro Ralet aún era poseedor de esa magia, era obvio de esperar que el mayor consejero del rey pudiera poseer ese tipo de conocimientos.

     Las discusiones continuaron por al menos una hora, a Sorian solo lo acompañaría una pequeña escolta de cinco hombres a caballo, lo que más se discutía era la ofrenda que debían llevar al emperador. El hombre indicado para esto era Zadir, quien acompaño al rey Oten, padre de Sorian en la última guerra contra los Faradar hace diecisiete años.

     El consejero explicaba que el emperador era un hombre honorable que defendía su causa y a su ejército. Repartía las riquezas que obtenía entre los pueblos pobres, todos los reyes estaban admirados de tal nobleza. El repetía constantemente “El problema de tener muchos reyes en un territorio es que todos siempre quieren algo, tierras, riquezas, oro y fortunas. En Taymun, solo gobierna una persona y no hay esa necesidad de los hombres de ser egoístas, nuestra sociedad solo tiene un código, el honor.”

     Mientras seguía relatando la historia, el pequeño Octarion se irrumpio en la habitación, mientras se quitaba las lagañas se dirigía hacia la mesa del consejo. Sorian abrazo a su hermano y le dijo que partiría en un largo viaje, el niño preocupado abrazo a su hermano y pregunto si se iría a una guerra.

     — No pequeño — le respondió sonriendo mientras despeinaba su cabello — Me voy a un funeral, ah fallecido un viejo amigo de papá.

     — ¿Ahora están juntos? — pregunto el niño con la inocencia que los caracteriza.

     — Así es… ahora están juntos, pero debo presentarle mis respetos al emperador antes de que lo entierren, para que nuestra familia pueda ser grande y tú puedas tener muchas cosas, las relaciones publicas son muy importantes, ya lo comprenderás. Hasta entonces, Zadir será quien este a tu cuidado, instruyéndote en lo que necesitas saber, Pick y Trien se quedaran cuidándote ¿Si?

     — Pick, ¿puedes traer a tus hijos a jugar?, tú también Trien, tengo muchos juguetes pero no tengo con quien jugar

     Los soldados sonrieron mirando al niño, preguntándose en sus adentros cuando es que empieza uno a perder esa inocencia y la capacidad de ayudar al prójimo. Mientras se desarrollaba esa escena entre los hermanos y los soldados. El consejero se había dirigido a su recamara, en un baúl viejo se encontraba un cofre pequeño de madera y oro. «Estoy honrando sus votos su majestad». Salió de la habitación y vio a los dos hermanos abrazados, se acercó por detrás de Sorian intentando consolar al niño explicándole que solo será una semana de ausencia, que deje de preocuparse. Le entrego el cofre a Sorian explicándole que su padre le había conferido este obsequio al emperador en cuanto falleciera, contiene un objeto que fue muy preciado para ambos en vida. Sorian abrió la caja y contenía una gema amarilla del tamaño de un puño, con mucho cuidado la volvió a dejar en la caja y con un fuerte abrazo y entre lagrimas se despidió de su hermano, se dirigió a su escolta para que lo acompañasen a Gnomian. Los cinco hombres antes de partir con su rey se dirigieron hacia Zadir, quien les hizo una señal de bendición sobre sus cabezas. El consejero cogió al pequeño Octarion de la mano, y lo llevo hacia la cocina a desayunar aquella sería una semana muy larga.



Steven R. Kendwing

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En el texto hay: dragones, brujas

Editado: 12.03.2018

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