Dragones y Sombras - Heraldos de Guerra

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Eila y Reldor se dirigían hacia el castillo caminando con una cadena en el cuello del hipogrifo, los soldados y los habitantes no daban crédito a lo que veían sus ojos. Una criatura de las que solo se hablaba en los libros o canciones para niños estaba pasando en frente de ellos. En las afueras del castillo todos quienes asistieron a la ceremonia estaban igual de estupefactos a excepción de rey. «Es una criatura maravillosa» pensó Orius. La anciana desencadeno a la criatura con la ayuda de Reldor mientras Ariadne y su padre bajaban a recibirlos, la reina acaricio el pelaje de Eolys y este le respondió revoloteando su cabello con el pico. La reina sonrió y abrazo a su nuevo acompañante en tan largo viaje. El rey se acercó al hipogrifo y le acaricio su enorme lomo «Aun recuerdo cuando eras un huevo».

     La reina se aproximó a sus invitados, y a su corte real. Se despidió de cada uno de ellos. Al llegar a despedirse de los reyes de Narim estos le pidieron hacer llegar sus condolencias a las hijas del emperador y que lamentasen no estar presentes en el funeral.

     Eloran se dirigió hacia Reldor, ambos se apartaron a un lado a hablar alejados de la multitud.

     — La reina no ira sola — le dijo — Tú serás el encargado de protegerla, sé que ustedes han estado lejos por muchos años y esta será una oportunidad para que pasen algún tiempo juntos. Serás el único guardia de la reina, por lo tanto debes protegerla y dar tu vida por ella en caso sea necesario. — Reldor asintió — El rey fue quien me hizo esta petición y no podía negársela, hazle llegar mis condolencias a las hijas del emperador. Fue un gran aliado cuando nos encontramos en guerra contra los Faradar hace años, un hombre de honor y mucha sabiduría, es una lástima que el destino se lo llevara tan repentinamente. Ten esto — dijo a su vez que le entregaba un mapa — Es la ruta que tomarán. Pasaran por las montañas nubladas en dirección a valle Tornamonte y después seguirán de frente cruzando el mar. La capital de Taymun es la Ciudad Prohibida, se encuentra escondida en el bosque carmesí. Una vez allí habrá un camino de árboles de cerezo. Sigue la senda y hallarás la ciudad.

     — ¿Cuánto tiempo estaremos en Taymun? — preguntó su hijo

     — Los funerales en el imperio duran siete días, uno en honor de cada dios. ¿Entendiste mis indicaciones cierto? — Reldor volvió a asentir con la cabeza — Entonces ve hijo, se cauteloso, y cuida a nuestra reina. El rey confía en ti.

     Antes de partir Ariadne se dirigió hacia su padre

     — Ya es hora de partir, jamás he salido de los dominios del reino y ahora me voy sola hacia otro continente.

     —  ¿No crees que te dejaría ir sola verdad? — Respondió el rey — ¿Enviar a la reina a otro continente sin protección? tu madre jamás me lo perdonaría. Hable con Eloran, el joven Reldor te acompañara. Sé que fueron muy amigos de niños, y fue mi culpa separarlos, espero que estos días compensen los años de amistad frustrados.

     — Madre también te mataría si escuchara eso — Ambos sonrieron sabiendo el carácter que poseía la reina Anmar — Te quiero padre — dijo abrazándole. Nunca había pasado un día sin ver a su padre, y ahora se separaría de él y aunque fuese por unos días, ello le pesaba a la joven reina.

     Ednert le dio un beso en la frente y le susurro al oído: Yo también mi pequeña

     Ambos se separaron y mientras montaba el hipogrifo se quejo de lo duro que es ser reina y tener que asistir a ceremonias y a actos protocolares, a lo que su padre respondió:

     — Cuando vuelvas a sentarte en el trono, el peso de la corona será la última de tus preocupaciones - Volteo su mirada a Reldor y le puso la mano sobre sus guantes de cuero – Por favor cuida de mi hija, y que tengan buen viaje.

     — Por su puesto majestad.

     Ariadne sujeto por el cuello a la criatura, todos se apartaron de la entrada mientras el hipogrifo daba vuelta hacia la entrada de la ciudad y corría para despegar.

Desde el suelo, los habitantes de Ciudad del Alba veían como la majestuosa criatura se alzaba en vuelo hacia el horizonte aproximándose hacia las nubes.

     — Creía que los hipogrifos solo existían en los cuentos para niños — dijo Orius a sus hermanos

     — Te sorprenderías en saber cuántas verdades se esconden en los cuentos infantiles – le respondió Eila mientras dibujaba una sonrisa.



Steven R. Kendwing

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En el texto hay: dragones, brujas

Editado: 12.03.2018

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