Dulce Melodia

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El Canto De La Ballena

Se  dice  que  el  sonar  de  las  ballenas se utiliza entre ellas para  localizarse  entre  sí  y  esto  es  cierto,  sin embargo,  hace cientos de siglos, estas  criaturas  no  hacían  sonido  alguno  y  su hábitat, el  mar,  no  siempre  fue  salado.

En aquel gélido tiempo, en el que Dios creó el barro, tomó con sus manos dicho material separándolo en varias partes para formar la Tierra y el mar, dejando otro pedazo para crear el cielo, aquel enorme espacio repleto de una enorme infinidad de estrellas que iluminaba el agua totalmente dulce, en donde pocos animales  retozaban después de haber  sido  creados  para  adaptarse a su nuevo ambiente.

Después llegó el turno de la creación de la pequeña medusa. El gran artesano formó un círculo con sus dedos índice y pulgar; el creador los hundió en las  aguas para después sacarlos, luego los puso frente a sus labios resoplando una leve ventisca para formar una burbuja brillante de color tornasol, misma en la que se  podía  apreciar el arcoíris. Entonces, Dios prosiguió su creación arrancándose  un pequeño mechón de sus largos cabellos para después unirlos a la burbuja. Finalmente, al terminar este procedimiento, el artesano introdujo la burbuja dentro de su boca, la  escupió y apareció la famosa medusa que conocemos hoy en  día; pero antes de colocar a la criatura donde sería su nuevo hogar, Dios le susurró despacio:

“Por los siglos de los siglos te verás indefensa porque cualquiera será atraído por tus maravillosos tonos de colores, ten cuidado. Pero te digo también que te reproducirás por montones y vivirás feliz en lo más profundo de la inmensidad del océano. Te advierto que existirán depredadores que intentaran deshacerse de ti, pero te he concedido el “don” de transmitir una pequeña corriente eléctrica capas de ahuyentar momentáneamente a quien quiera herirte. Estos hilos que cuelgan de ti harán el trabajo de protegerte”.

Después de otorgarle vida a la medusa, el creador hundió sus manos con ella en el agua y  la  dejó  libre.  El artesano había formado varias especies de creaturas, pero no estaba  conforme del  todo, algo le faltaba, algo que hiciera ver al océano aún más majestuoso de lo que era, ese algo que protegiera a aquellos que no  pudieran hacerlo… algo  grande. Entonces Dios tomó un pedazo de madera del tronco de un fruto amargo y comenzó a tallarlo, pero el resultado no fue lo que buscaba, pues sin querer creó a un feroz animal con hileras de dientes desgarradores y afilados. Esta criatura, debido a que el tronco del fruto era amargo, tenía la sangre fría y poseía instintos asesinos, sus ojos eran inexpresivos de un tono muy oscuro, igual al color de los abismos, pero como buen artesano, el creador no quiso deshacerse del animal y lo  llamó “Tiburón”.

Nuevamente inconforme, Dios miró a su alrededor viendo que se había quedado sin material. El artesano pensó durante días y noches enteras hasta que una tarde, y sin dudar, tomó la herramienta con la que talló al tiburón cortándose un pedazo de su  muslo  izquierdo (el  lugar  que  contenía  más  grasa). Así que con esa parte suya creó a su  animal  acuático. Dios, contento y satisfecho, se disponía a  finalizar a la criatura, cuando de pronto, el artesano calló de rodillas en el suelo, pues comenzaba  a desangrarse  debido a que olvidó cerrar  la  herida que él se hizo en el muslo para realizar su creación. Lo curioso es que cuando el artesano chocó contra el piso, por accidente introdujo uno de sus  dedos en la criatura formando un  orificio superior en la cabeza del animalito, este agujero hecho por el creador, era obviamente una imperfección, pero pronto el artesano le encontró utilidad… “Por este hoyo tomarás oxígeno en la superficie. Sí, de vez en cuando subirás a darme información de lo que ocurre en el mar y claro, aprovecharás para dar una mirada al cielo, pues yo te informaré más de mis creaciones en la Tierra. Tú serás el que me dé el punto de vista bueno, o no tan bueno, de mis nuevas creaciones”. Con  su  último  aliento, Dios acercó al animalito a sus labios, e igual que con la medusa, el artesano susurró:

“Te bautizo con el nombre BALLENA, un majestuoso animal que será el rey del  ancho mar. Cuidarás de aquellos que no puedan protegerse, pero te digo que vivirás  en  soledad  hasta  el  día  en  que  encuentres  a  otros de  tu  especie, y para encontrarlos te regalaré un “don”…

El artesano no pudo continuar hablando con la criatura, pues ya débil por la herida que seguía sangrando en su muslo izquierdo, no tuvo las fuerzas para dejar al animal en el agua. Los ojos del creador se cerraron  por  completo y su cuerpo flaqueó dejando caer, sin alguna intención cruel, a la ballena hasta el suelo. El animalito puso todo su esfuerzo para rodar hasta el agua, hasta que por fin lo logró. La ballena se sintió preocupada, pues tenía la duda de si su creador estaba bien y si todos los animales tenían un “don”, cuál era el que Dios le había otorgado a ella. Al ingresar en el mar, rápidamente la ballena asomó su orificio imperfecto a la superficie para ver si su ojo podía ver de lejos al artesano y pedir ayuda si éste la necesitaba. La mala noticia es que Dios ya no estaba ahí. Entonces, la criatura marina no tuvo más remedio que continuar su viaje en su nuevo hogar.      
 



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En el texto hay: mitologia, creación del mundo, mitos

Editado: 23.07.2018

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