Dulce Pecado

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Capítulo 1

El centenario Ángelus celebrado por los Deorum cada 100 años por el primogénito de la dinastía, un festín que ninguna casa se quería perder y menos si se trataba de una celebración Deorum. Hoy la Dinastía celebrará su tercer centenario donde muchas generaciones de las casas nobles se reúnen, cada primogénito que le tocaba un centenario era un honor, mis antepasados se les honrar cada 100 años por haber sido sacrificados por creencias religiosas, decapitados sin un juicio, cada uno de ellos juró reencarnar y vengarse de los Daemones una Dinastía donde su único propósito era odiar y matar a los Deorum, casa hermanas donde solían jurar lealtad ahora era venganza donde reinaba amor ahora era odio. Dice mi madre que cada 100 años uno de ellos reencarna en el primogénito de los Deorum. Este día, en este momento Magno sería quien debía ser el anfitrión de esta celebración, en cambio soy yo quien está tomando su lugar como primogénita, la última de la Dinastía siendo la primera y la única mujer en representar el Centenario Ángelus.

─ Lujo, elegancia, buen gusto he aquí los dioses que presiden el magnífico centenario Ángelus ─ la voz del portador resuenan en el salón, los aplausos no se hicieron esperar, cada noble de las casas aliadas vería en mí. A la primogénita de los Deorum, mis pies caminaron con firmeza hacia la entrada, mi vestido negro caía sobre mi cuerpo como una segunda piel dando visibilidad a mis pechos y hombros.

─ Hoy se les presenta, a la señorita Hales Deorum como la primera mujer y primogénita de la Dinastía. ─  dice el portador con la mano extendida hacia a mí, mi mirada en alto ante el silencio producido, ninguno de ellos sabía la elección de mamá. La celebración no se apartó en nada de las formas de la etiqueta, los caballeros con sus trajes serios manifestaron la importancia que daban al objeto que motivaba tan suntuosa celebración y las señoras cubiertas de diamantes y adornadas con todo lo más elegante y suntuoso que crea diariamente la caprichosa moda que ha llegado a Bucarest.

Mi mirada seguía al frente sin bajarla, mi madre al lado de mis hermanos ella fue la primera en aplaudir seguida de mis hermanos, no se hicieron esperar los aplausos de los más alto nobles, baje hacia el gran salón los numerosos diamantes que adornan, brillaban en todo su esplendor. Mis saludos eran prolongados y otros cortos hacia los más altos condes, las miradas fían en mí, elogios que llegaban a mis oídos hacía que mi ego aumentará.

─ Hales Deorum - la sutil voz asquerosa que nombraba mi nombre es escuchado por mis oídos, volteo hacia la dirección de la voz, mi mirada viaja hacia él sus cabellos blancos por la vejez, su estatura que llegaba por mis hombros solo porque estaba usando zapatos altos la asquerosa barriga que era lo más grande de su cuerpo y su mirada pervertida que recorrían cada parte de mi cuerpo, era simplemente repugnante.

─ Conde Vórnic - digo con superioridad acercándome hacia él ─ un gusto conocerlo

Sostengo mi mano a su altura y sus labios tocan mis delicadas manos haciendo que el gesto me hiciera vomitar. La mirada del Conde Vórnic llegaba y se sostenía en mi escote abierto su reputación era cierta por lo que estoy viendo.

─ Conde Vórnic ─ hablo para que su mirada se fije en mi rostro y no en mis tetas, su mirada viaja lentamente hacia mis verdaderos ojos los que están arriba. Su sonrisa de depravado se asoma con sus dientes amarillos.

─ La reputación que le procede señorita Hales es algo sorprendente, y difícil de creer, pero ninguna habla de su inigualable belleza.

─ Mi belleza no es lo único impresionante Vórnic.

Volteo los ojos por su comentario, la mujer puede ser poderosa sin necesidad de poner su belleza por delante, odiaba que pusieran mi belleza delante de todo, lo que hecho por los Deorum algo que costaba demostrar que no estoy en lugar que estoy por algo que se acabara en años. Mi mirada se volvió fría y significante ante Vórnic algo que noto enseguida y su postura cambió.

─  Conde Vórnic ─ dijo a mis espaldas una voz ronca y sin sentido. Los ojos del conde brillaron aún más y su sonrisa volvió hacer pervertida

─ Victoria Deorum ─ responde abriendo los brazos y recibiendo a Victoria ambos sonreían y su escena de amantes perdidos era ridícula, la mirada de Victoria se posa sobre mí y su enorme cabellera dorada ascendía desde su cabeza hasta sus codos, sus ojos eran de un azul hipnotizante era lo único atractivo de esa niña, su vestido rojo posaba en su cuerpo diminuto y débil sin gracia.

─ Hermana ─ dice con orgullo sarcástico mis ojos se posan en la mano del Conde que la sostiene de la Cintura y quiero partirla en dos

─ Victoria ─ respondo fríamente y nuestras miradas lo decían todo. Te odio

Dos hermanas unidas por el lazo del odio y no por el de sangre, rivales de competencia. Nuestro silencio reino, copas entrando por nuestra garganta.

─- Victoria estás hermosa ─- habla el Conde Vórnic, dándole la vuelta a Victoria, su único atributo es su belleza jamás tendrá otra cosa. Su risa fastidiosa sale sin permiso y esa es la señal. Hora de irme.

─- Pero, tu hermana ─- habla el Conde haciendo que la curiosidad que sentía hizo que me quedara quería escuchar lo que iba decir - se llevó el primer lugar en ser la más bella.



Alle_Diax

Editado: 27.11.2019

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