Dulce Poeta

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Capítulo: 8

Ponerle cara a un nombre seria lo lógico, todo el mundo suele decir "tal persona tiene cara de llamarse

Es increíble lo extraño que pueden llegar a ser los pedidos de los clientes del Liberty a las once de la noche, van desde café hasta ron y coca, incluso me han pedido medialunas. Gracias al cielo ya casi cerramos, falta cobrar la última cuenta y podremos irnos.

─Ya deja eso, vete, yo cobro y cierro... Ve a descansar, gracias por venir hoy...─Mi jefa dijo sonriendo, me sonrío ¡oh por dios! Una sonrisa genuina, esto sí que es nuevo, debería tomar una fotografía solo para que Rosy y León me crean luego.

─Gracias Patri, nos vemos mañana...─Sonreí en respuesta y me adentré en la cocina a buscar el bolso con mis pertenencias y a dejar el delantal. No podía rechazar una propuesta así, vamos, ¿quién rechaza salir antes del trabajo? Después de todo era mi fin de semana franco, es lo mínimo que merezco por ser tan buena amiga. Encima este día ha sido demasiado agitado, muchas emociones en pocas horas, mi cuerpo acostumbrado a la monotonía y tranquilidad se reciente con tantos sucesos abruptos como los de hoy. Sólo deseo llegar a mi hermosa camita y acostarme en mis suaves saban...Esperen...ese es... ¡Oh no!

Me quedé parada en la puerta al ver por el vidrio a mi cliente preferido cruzar la calle en dirección al Liberty... ¿Qué hace aquí? Opto por correr a la cocina, huir siempre funciona, como ese dicho, el del soldado que huye, ustedes entienden, pero sus ojos encontraron los míos antes de que pueda mover un sólo músculo. Esa hermosa...digo, maldita mirada me paralizó. Esto sin duda alguna no me agrada, sin siquiera hablarme, ni tocarme, sin un mínimo esfuerzo el tipo me deja sin voluntad. Su presencia me paraliza, me vuelvo torpe a su alrededor, más de lo normal, mi lengua no obedece a mi mente, me sudan las manos y mi corazón se pone en modo pre infarto. Me vuelvo un hermoso desastre, lo admito.

He leído en novelas que con sensaciones similares describen el estar enamorado, pero lo que yo siento no creo que sea eso, es más bien... ¡un ataque de pánico! Exacto, eso es, eso me ocurre. Es imposible que me enamoré de un desconocido...el amor a primera vista me suena a falacia, no puedo creer en eso, perdón por los que son creyentes en eso, para mí sólo son bobas invenciones de escritores y directores de lo audiovisual. No.existe.el.amor.a.primera.vista.

Y si existiese no sería tan puro como suelen describirlo, ya que, si es a "primera vista", se enamoran del aspecto, no de lo que es esa persona, si casualmente ese día la chica no se maquilló, no se arregló bien, o no se depilo el bigote ¿qué pasa? No les gusta y no hay amor, ya que les entra por los ojos solamente, no importa que la chica sea la chica de sus sueños, nunca lo sabrán, ¿Por qué? Por confiar en el "amor a primera vista".

Por eso, es que, en este honorable acto dicto sentencia de que lo que me sucede a mi es un simple ataque de pánico, generado por tener que ocultar una verdad ante un desconocido y ser extremadamente mala mintiendo. Caso cerrado.

Perdón, me voy por las ramas.

Emmm ¿en qué estábamos? ¡Ah sí! El chico ya cruzo la calle y está a pasos de golpearme con la puerta, porque sí, aún estoy parada como una estatua en el mismo lugar.

¿Qué hace aquí? Ni idea, ¿Habrá descubierto lo del cuaderno? Tal vez, ¿y si trató de llamarme y al no lograrlo volvió por el verdadero número? Oh, mierda.

Cualquiera de las opciones posibles me hundían en el fondo del tacho, no estoy preparada para esto, mi mente no lo está, mi cuerpo tampoco, la tensión a la cual me enfrenta su presencia me está destruyendo lentamente. Odio esto. Dios sabe que lo odio. Quisiera volver a mi aburrida vida, la que tenía antes del 26 de abril, donde todo era monótono y secuencial, de la escuela al trabajo, del trabajo a la casa a estudiar, luego dormir y volver a la escuela, para luego ir al trabajo y etc...Esa rutina era aburrida pero segura, sin poetas oscuros que obstruyen mi mente generando ataques de pánico, sin Hans coqueteando por mensajes de texto y sin León llorando sobre mi hombro...QUIERO PAZ.

Vuelvo a mirar al poeta, esta frente a mí, mirándome, solo un vidrio nos separa. Trato de evitar su mirada, pero es en vano, sus ojos me cautivan.

Ahora viéndolo de cerca, noto que sus ojos no son tan negros... De todas maneras no es su color lo que importa, sino lo que transmiten, quisiera poder poner en palabras lo que su mirada provoca en mí, pero me es imposible, ninguna de todas las líneas de novelas románticas que he leído están a la altura de lo que el poeta oscuro me hace sentir al perderme en sus ojos. Me distraigo un segundo al notar que su mano derecha me saluda en un leve movimiento...carajo, de nuevo quedé en modo estatua frente a él.
Tomo dos profundos respiros, más para calmar mi agitado corazón para tomar coraje y abrir la puerta del resto-bar.



C. Duran

Editado: 09.10.2019

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