Dulce Tentación

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Capítulo 10

Al despertar el sábado por la mañana, Natalie se encontró en una cama que no era la suya, y entró en pánico al recordar los acontecimientos de la noche anterior. 

Sin embargo, luego de comprobar que aun llevaba el vestido que Lexie le había prestado, consiguió relajarse un poco. La noche anterior había bebido más de la cuenta, hasta tal punto que había terminado besando a su jefe y durmiendo en su apartamento, ahora tenía que lidiar con las consecuencias de sus actos. Involuntariamente se llevo una mano a los labios y sonrió al recordar.

Cuando se incorporó en la cama, esperó sentir algún síntoma de resaca, pero no sintió absolutamente nada, a excepción de deseos de orinar. 

Observó la habitación buscando la puerta del cuarto de baño, toda la decoración era en tonos pasteles, incluidas las paredes. Esa no era la habitación de un hombre, ni mucho menos la de su jefe. La habitación de él era en tonos oscuros con un cierto toque minimalista, al igual que el resto del apartamento. 

Rápidamente consiguió dar con el baño, y se encerró allí por unos minutos. Tenía el maquillaje corrido y el cabello alborotado, vacilante contempló la ducha. 

No podía permitir que su jefe la viera en ese estado, debía hacer lo que fuera con tal de mejorar su imagen.

Decidida entonces, buscó todo lo que necesitaba en el cuarto de baño. Este estaba completamente equipado para satisfacer cualquier necesitad de una mujer, incluso tenía cepillos de dientes nuevos.

Cuando ingresó bajo el chorro de la ducha, una duda asalto su mente.

¿Sería esa la habitación que ocupaban las amantes de su jefe?

Con este pensamiento rondando en su cabeza, se ducho velozmente. 

Pocos minutos después la joven abandonó el cuarto de baño, enfundada en un albornoz blanco que tenía bordadas las iniciales de su jefe.

***

Estar durmiendo bajo el mismo techo que Natalie Miller y no poseerla, fue una tortura para Giovanni, que no pudo conciliar el sueño.

Por esa razón había estado vagando por el apartamento desde muy temprano, había considerado hacer deporte, pero desechó la idea en cuanto surgió la posibilidad de que la joven se despertara y se marchara sin avisar. Giovanni incluso se había tomado la molestia de llamar a la cafetería que se encontraba junto al edificio, para que le llevaran el desayuno a su apartamento.

Por primera vez, no supo como actuar ni que hacer, jamás llevaba a su apartamento a las mujeres con las que salía. Normalmente se veía con ellas en hoteles o iba a sus pisos. Tampoco las llevaba a sus hoteles ni de viajes, aún así se concideraba un amante generoso. Las mujeres lo adoraban y aceptaban todas sus condiciones, a pesar de eso siempre terminaban involucrado los sentimientos, y ahí era cuando la relación acababa. 

Cerca de las diez de la mañana, Giovanni decidió ir a ver como se encontraba su secretaria. 

Cuando entró a la habitación, descubrió que la cama estaba vacía, y no había rastros de la mujer que llenaba su mente de fantasías.

La puerta del cuarto de baño se abrió, dando paso bajo la nube de vapor a Natalie enfundada en un albornoz.

Ambos se miraron, estaban a pocos metros de distancia, y la chispa que sintieron recorrió sus cuerpos.

Giovanni acortó la distancia que los separaba, y una vez que estuvo frente a ella, le sostuvo el rostro con sus manos y bajó la cabeza para besarla.

La joven enganchó sus brazos en el cuello del magnate y se apretó contra él, intensificando aún más el beso.

Giovanni desató el nudo del albornoz y se deshizo de este, exponiendo el cuerpo de la joven.

-Eres hermosa - murmuró el italiano apartándose lo suficiente para contemplarla.

Natalie se sonrojó hasta la raíz del cabello, nunca había estado desnuda frente a un hombre. Y Giovanni Berardi no era cualquier hombre, era el hombre que amaba.

El magnate volvió a acortar la distancia y la tomó en sus brazos para depositarla en la cama.

La joven se inclinó sobre sus codos para observarlo desnudarse. Era magnífico, como un dios de tiempos remotos. 

Giovanni regresó a la cama y la besó sin piedad hasta conseguir que ella gimiera removiéndose desesperada por librarse del extraño calor que abrazaba su estómago.

-Quieta - gruñó Giovanni inmovilizándola, le sujetó las manos sobré la cabeza y se inclinó para lamerle los pezones.

-Dios - gimió Natalie alzando las caderas ante la exquisita sensación que recorrió su cuerpo.

Giovanni le separó las piernas posicionándose entre ellas, y la acarició con su boca hasta que el clímax explotó dentro de Natalie, reduciéndola a un mar de sensaciones desconocidas.

Incorporándose nuevamente sobre ella, Giovanni la besó en la boca, robándole el aliento.

-Pon tus piernas alrededor de mi cintura - le ordenó con voz ronca el italiano.

La joven obedeció inmediatamente y lo miró a los ojos cuándo entró en ella. 

Giovanni la penetró de una estocada, y fruncio el ceño al sintir un extraña barrera que le impedía continuar.



Lorian Pierce

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En el texto hay: jefe, secretaria, magnate italiano

Editado: 23.05.2018

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