Dulce Tentación

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 11

Permanecieron uno en los brazos del otro, hasta que sus cuerpos se enfriaron. 

El primero en apartarse fue Giovanni, que se vistió en silencio mientras Natalie lo observaba desde la cama.

La joven se sentía mortificada, y se sintió aun peor cuando el italiano dijo:

-No usamos protección. Roguemos a Dios que no quedes embarazada.

Un escalofrío recorrió la columna vertebral de la mujer, ni siquiera había pensado en eso. Sus ojos se llenaron de lágrimas y se abrazó las rodillas. 

Giovanni estaba furioso consigo mismo, ella había sido virgen, y la había poseído como un animal. Jamás se lo perdonaría.

-Natalie - dijo entonces él observándola en la cama.

Se acercó con cautela y la abrazó.

-Lo siento, no era mi intención hacerte daño, de haber sabido...

-No me hizo daño, señor Berardi - murmuró la joven sintiendo como las lágrimas rodaban por sus mejillas, se las limpió rápidamente con los dedos y alzó la mirada hacia el magnate que la observaba angustiado. - Está fue la mejor experiencia de mi vida, por favor no lo arruine.

-Debes entenderme, Natalie - insistió Giovanni limpiándole las lágrimas. - Nunca he estado con una virgen, y además no use protección. Odiaría obligarte a hacer algo que no quieres.

-No me está obligando en absoluto, ambos lo quisimos así. Dejé de culparse.

Giovanni le dio un casto beso en los labios.

-Ponte ropa, debemos hablar.

La joven se levantó de la cama y sujetó la sábana contra sus pechos, intentando ocultar su desnudez. Giovanni la observó expectante y no pudo ocultar una sonrisa cuando la sábana cayó al suelo revelando su cuerpo. 

Las mejillas de Natalie enrojecieron, y bajo la atenta mirada de su jefe se puso el albornoz.

-He llamado para que traigan el desayuno - comentó Giovanni yendo hacia ella y acariciándole la mejilla. 

La joven se mordió el labio inferior antes de preguntarle:

-¿Volveremos hacerlo? 

Giovanni se inclinó a besarla.

-Sólo si tu quieres - dijo atrapándole el labio entre sus dientes.

Natalie gimió sujetándose en los fuertes hombros de su jefe, y apretándose contra él.

-Paciencia, señorita Miller - le aconsejó el italiano dando un paso atrás para indicarle la puerta. - El desayuno nos espera.

La joven permitió que él la guiará. Sentía que todo había cambiado entre ellos, y no pudo evitar albergar esperanzas. 

Sobre la gran mesa de vidrio había todo tipo de exquisiteces, un claro ejemplo de cuanto se esmeraban las personas en complacer al magnate.

Giovanni disfrutó como nunca de la compañía de una mujer. Jamás se quedaba hasta el desayuno, y Natalie Miller estaba consiguiendo que se replantearse muchas cosas. La primera de ellas, era que estaba dispuesto a convertirla en su amante sin importarle en lo más mínimo que fuera su secretaria.

-¿Qué ocurre? - cuestionó la mujer observándolo fruncir el ceño, pensativo.

-Estaría usted dispuesta a convertirse en mi amante - preguntó Giovanni sujetándole una mano y llevándosela a los labios, para depositar un beso allí.

-Yo... yo... - tartamudeo Natalie. - Yo jamás he hecho esto, señor.

-Estoy dispuesto a enseñarle, Natalie. Por favor cuando estemos a solas, llámame Giovanni. Es extraño que se refiera de esa forma hacia mí, después de lo que hicimos hace un rato.

La joven asintió con timidez y le preguntó:

-¿Que hay de mi trabajo? 

-Obviamente seguirás siendo mi secretaria, por lo tanto no puedes contarle a nadie sobre lo nuestro - le advirtió el magnate de manera implacable.

-Jamás diría nada - le aseguró Natalie.

-Lo sé - dijo Giovanni asintiendo con la cabeza. Por esa razón la había escogido como su secretaria, podía confiar plenamente en ella. 

El teléfono celular de la joven comenzó a sonar en su cartera que estaba sobre el sofa de la sala. 

Sin esperar se levantó y fue a buscarlo. El identificador de llamada le indicó que era su amiga.

-Hola Lexie - saludó Natalie bajo la atenta mirada de su jefe.

-¿Dónde estás? - cuestionó la mujer desde el otro lado del teléfono.

-Estoy con mi jefe - le explicó mordiéndose el labio inferior.

-Ese infeliz te ha hecho trabajar un sábado - dijo indignada su amiga.

Natalie no la corrigió, era mejor que creyera que estaba trabajando. 

-Debo cortar, Lex - repuso. 

-¿Vas a venir ayudar al orfanato? - preguntó Lexie.

-Claro, no sirvan el almuerzo sin mí, dile a Nora que me espere.

Después de intercambiar unas cuantas palabras más con su amiga, cortó la llamada.

-¿Pasa algo? - cuestionó Giovanni junto a ella, logrando que se sobresaltara.

-Debo irme - declaró Natalie.

-Te llevaré a casa - repuso Giovanni. 

La joven le sonrió y atrevidamente se inclinó para depositar un beso en sus labios, tomándolo por sopresa. Giovanni no tuvo tiempo para reaccionar ya que ella se alejó y se marchó a la habitación para vestirse.



Lorian Pierce

#83 en Joven Adulto
#313 en Novela romántica

En el texto hay: jefe, secretaria, magnate italiano

Editado: 23.05.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar