Dulce Tentación

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Capítulo 13

Giovanni poco antes de ingresar a la sala de juntas había estado de un excelente humor, que ni siquiera la visita de su hermano parecía haber afectado.

Sin embargo, el interés por Natalie que demostraba Travis Castle y sus socios más jóvenes, contribuyo a que regresara a su estado de ánimo habitual.

Su secretaria apenas era consciente de los temas que se estaban discutiendo, parecía hallarse en cualquier otro sitio menos allí. A pesar de eso, desarrollo su trabajo con eficiencia; tomo apuntes y le facilito los informes que requería.

Los socios de Giovanni habían estado observándola, su atuendo ese día no tenía nada que ver con la sexy mujer que había acompañado a Travis.

El magnate libero su furia en varios de sus socios; siendo el arquitecto el más perjudicado, ya que solo quedaban dos semanas para la inauguración de hotel, y aun no estaba terminado.

Antes de marcharse, Travis se despidió de Natalie, logrando aumentar el enfado de Giovanni. La joven también se preparó para retirarse, pero uno de los socios la detuvo.

-Acompáñenos a almorzar, señorita Miller.

Giovanni llevaba toda la reunión haciendo un gran esfuerzo en mantener la calma y no ponerse en evidencia.

-No creo que sea buena idea, debo seguir trabajando - respondió Natalie de pie junto a él. Aún no se hacía a la idea de ser su secretaria y amante al mismo tiempo, esa mañana Bruno los había sorprendido en la oficina, así como podría haber sido cualquier otra persona.

-Se trata de un almuerzo de negocios, Giovanni podría necesitarla - insistió Robert Lowell, el dueño de una de las tiendas que Giovanni planeaba instalar en el primer piso del hotel.

Los otros cuatro socios restantes, esperaban pacientes su respuesta.

-Se irá conmigo - decidió Giovanni para luego caminar en dirección al elevador con Natalie siguiéndolo.

El elevador estaba vacío y Giovanni no se molestó en esperar al resto de sus socios, cerró las puertas en cuanto Natalie entró.

El magnate la acorraló contra la pared y la besó con rudeza hasta que llegaron al primer piso.

-No quiero a ningún hombre cerca tuyo - le advirtió justo en el momento que las puertas se abrieron.

Natalie se quedó unos segundos de pie observándolo aturdida alejarse. Tuvo que apurar el paso cuando se dispuso alcanzarlo.

-Después de lo que ha pasado entre nosotros, no tiene por qué seguir actuando así - le aconsejó ella en voz baja.

Giovanni se detuvo abruptamente, obligándola a detenerse también, los ojos del magnate estaban inyectados de furia.

-Esos hombres la desean, y usted es mía. No me quedare de brazos cruzados observando...

-¿Está usted celoso? - cuestionó Natalie incrédula.

-Eres mía, Natalie - proclamó él antes de echarse a caminar en dirección a la calle.

La joven se quedó perpleja ante la revelación de su jefe. Era suya...

Con una sonrisa en los labios, saludó al chofer cuando éste le abrió la puerta.

En cuanto quedaron solos, Giovanni la jaló a sus brazos, y la besó a la vez que le desabrochaba los botones de la blusa para acariciarla.

-El chofer podría oír - murmuró Natalie sin aliento.

-No voy a tomarte aquí, sólo quiero que no olvides a quién pertenece.

En está ocasión fue la mujer quién lo besó, arrancándole roncos gemidos de placer cada vez que pasaba a llevar su erección.

Cuando el coche se detuvo frente al restaurante, ambos acomodaron sus ropas y salieron como si nada.

Giovanni mantuvo las distancias mientras eran conducidos hacia la mesa que habían reservado sus socios. En mitad del trayecto se encontró con un viejo amigo y se detuvo a saludarlo.

-Nos volvemos a encontrar, Maximus - comentó Giovanni recordando haberlo visto el viernes por la noche en el club, justo antes de encontrarse con su hermano y Natalie.

-Lo mismo digo - contestó el griego, luego saludó a la secretaria. - Señorita Miller.

-Señor Thalassinos - respondió ella.

-¿Van almorzar solos? - preguntó Maximus intuitivo.

-He quedado con unos socios, tal vez quieras unirte - le ofreció Giovanni al ver que aún no ordenaba la comida.

-Claro - aceptó el griego encogiéndose de hombros.

En determinado momento durante el almuerzo, Natalie había sentido la mano de Giovanni acariciándola bajo la mesa.

El italiano había estado hablado de negocios, mientras su mano se colaba entre los muslos de Natalie. Ella se había estremecido levemente y se mordía el labio inferior, para no emitir ningún sonido que los pusiera en evidencia.

Cuando nuevamente estuvieron solos en el coche, ningún de los dos esperó para lanzarse a los brazos del otro.

Giovanni le había subido la falda, y la poseyó sin preámbulos, amortiguando los gemidos de la joven con su mano, ni siquiera se había molestado en ponerse un preservativo.

La deseaba con urgencia, y Natalie a él.

Nuevamente el magnate experimento una extraña sensación, al igual que la primera vez que estuvieron juntos. 



Lorian Pierce

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En el texto hay: jefe, secretaria, magnate italiano

Editado: 23.05.2018

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