Dutch

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Primera clase, lista para la primera paliza del día.

Sigo sumida en mis sueños, sin embargo, puedo sentir como si estuviese en el umbral, estoy dormida, pero al mismo tiempo estoy despierta. Puedo escuchar las risas como si se tratase de un murmullo, también puedo distinguir el sonido de las voces murmurando, indagando sobre mí.

―¿Quién es ella?

―Es bonita. Auch, ¿Por qué me golpeas?

―¿Qué hace aquí?

―Seguro es una vagabunda, nada más mírenla.

―La veo y para nada parece una vagabunda.

―Yo me la follaría. Auch, ya no me pegues, Amber ¡Mierda!

Y muchas otras frases similares a estas, las cuales no puedo distinguir, al parecer ellos son los que están más cerca. Pude distinguir el sonido de pasos acercándose hasta que se detienen a mi lado, no quiero despertar, me agrada estar aquí, me agrada soñar, amo imaginar que todo está bien y que nada malo pasará, pero sé que no será para siempre y que la realidad muchas veces es aplastante, aun mas una en la que mis padres no están y lo único a lo que puedo aferrarme lo estoy evitando, Dettloff. ¿Que estará haciendo ahora?

―¿Estará muerta? ―Dijo una voz femenina sonando preocupada. ―¿Cuándo empiezan a apestar los cadáveres? Este se ve muy fresco.

¡Dioses! Pude sentir como, aun medio dormitando rodé mis ojos.

Por un momento puedo apostar que la persona al lado mío me observaba fijamente, un dedo se posa sobre mi mejilla, palpando, y como si hubiese accionado un interruptor abro los ojos tan de repente que el muchacho que se encontraba frente a mí, quien asumo me había tocado, saltó hacia atrás un poco asustado, puesto que además de despertar, me erguí con una rapidez impresionante.

Me reí, no pude evitarlo. Las carcajadas resuenan en el salón, los demás a mi alrededor tal vez crean que estoy loca, pero a algunos también les hace gracia y ríen, no como yo, pero lo hacen.

Todo parece un poco surrealista, este momento tan despreocupado en donde parece que todos fuéramos amigos de toda la vida, cuando en realidad solo somos todos unos desconocidos, o al menos para mí así lo era, y sabia probablemente que, a la mayoría de ellos no me gustaría conocerlos en absoluto.

―Díganme cual es el chiste, yo también quiero reírme. ―Dijo una voz autoritaria, grave y ronca como en esas de las películas de acción, donde el protagonista destila hombría por cada uno de sus poros o una parecida a la del cantante Barry White, una voz como para atender una hotline y hacerte orgasmear con la primera oración.

Como si se hubiese aparecido el mismísimo diablo, todos se quedaron mudos y paralizados, se les notaba tensos.

Los susurros y cuchicheos ―que obviamente no se hicieron esperar― quejumbrosos hablaban sobre lo que probablemente les pondría a hacer hoy, por lo que logre escuchar, sería una tortura para mi pobre y sensual cuerpo.

De entre la pequeña multitud de personas emerge una imponente figura, la observo y llego a la conclusión de que hasta ahí quedó mi expectativa del hombre con aquella voz orgasmeadora, él seguramente era la excepción a la regla "Hermoso y sabroso como dios griego" que había inventado para definir a las personas que vivían aquí.

El hombre que estaba frente a mi medía poco más de metro ochenta, su cabello es plateado y canoso que estaba cortado al ras estilo militar, y como es usual, vestía el uniforme para los centinelas, el cual, a diferencia de los que estábamos presentes, se diferenciaba por pequeños detalles en dorado que determinaban el nivel o rango en el que estaban y, que de momento yo desconocía. Sus ojos eran de un azul tan irreal como sabia era los quienes tenían la sangre menos diluida por mezclarse con humanos, tan irreal como lo eran los de Aiden, Rein y Marco, azul brillante que me recordó a los que, en algún momento o algún lugar vi, pero en aquel instante no recordaba a quien pertenecían. Si alguna vez aquel hombre parado frente a nosotros poseyó belleza hoy eso era tan solo un borroso vestigio, pues actualmente su cara era adornaba una enorme y horrible cicatriz que atravesaba todo su rostro de derecha a izquierda, deformando lo que seguramente antaño fue un bello rostro, además de ello, marcas de dientes, como si lo hubiesen mordido pirañas, aparecen con pequeños bultos en una de sus mejillas y en su cuello que luego van desapareciendo bajo su camisa.

«Definitivamente, un hombre de ensueño. Un Adonis»

 

Avanzó con un paso seguro y dominante quedando en el centro de la habitación atrayendo toda la atención de una manera abrumante, pero ¿Quién no voltearía a verlo? Él era alguien que no se podía ignorar, lo sabía perfectamente y hasta podía apostar que se aseguraba de ello.



Bridgeeth Lara

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En el texto hay: misterio, romance joven, dioses griegos

Editado: 12.11.2018

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