Echoes

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Era en abril cuando Edgar arrastro a Amalia en busca de la nueva librería en la calle de Alvarado. Las calles de un poblado como este siempre eran iguales, llenas de gente amable, pero hoy fue la excepción no había gente, tal vez porque era hora de comer, tres y media, el sonido de  unos zapatos caminado eran la acera se hacían presente. El joven de cabello obscuro la agarró del brazo pues la chica de cabello castaño caminaba realmente lento.

— ¿Estás seguro que es por aquí, Edgar?—pregunto una voz femenina sin ganas.

—Sí, escuche que es una librería nueva. Dicen que es especial—dijo el muchacho.

— ¿Especial?

 —Sí, camina más rápido, tortuga—respondió  otra voz, esta masculina del nombrado Edgar.

Caminaron desde la calle Dahir, hasta la calle Alvarado cual estaba un poco más vacía que la otra ya que no tenía mucho que la había inaugurado. No tardaron mucho en encontrarla, solo dos casa de la florería de Clarece, una amable mujer francesa que se había mudado desde hace poco tiempo.

Estamos abiertos, decía el cartel.  La librería en si parecía normal a la vista, una la cual se llamaría como de estilo antiguo o algo anticuada al norte de la calle Alvarado, en un pequeño e interesante lugar llamado Echoes. Antes de entrar tres personas salieron de allí: el más alto era de tez trigueña, tenía su cabello amarrado en una coleta alta de color café obscuro, su rostro era ligeramente cuadrado su nariz era ligeramente ancha y una sonrisa amable pintada en su rostro, sus ojos eran obscuros y brillantes, vestido como si iría a una fiesta de piscina, la camisa delgada y blanca que contrastaba con su obscura piel, pantalones cortos y sandalias, musculoso  más que los otros, después una persona con los rasgos que se denominarían nórdicos apareció, alto pero no como el primero, su cabello estaba suelto y largo que le llegaba  hasta su espalda de un color rubio platinado, su rostro era totalmente serio casi como hubiera sido tallado en mármol, tenía una nariz respingada y fina, sus labios estaban unidos en una fina línea, sus ojos eran azules, no era tan musculoso como el otro este era un tanto más delgado, su ropa era una sencilla camisa de manga larga de color café, con unos jeans negros y unos zapatos negros, el más pequeño de los tres era totalmente diferente, casi la apariencia de un niño no mayor de los 15 años, castaño con peinado hacia atrás, su rostro rayaba en el aspecto infantil y el de uno que estaba pasando por la pubertad, de piel tostada, ojos color marrones al igual que el rubio este mantenía un semblante serio, su ropa era más elegante una chaqueta negra con una camisa blanca y un moño, pantalones de vestir y unos zapatos Oxford lustrados demasiado elegante para alguien tan joven.

—Buenas tardes—respondió la joven con una sonrisa cortes a los que pasaban a su lado.

—Buenas tardes—le respondió, este tenía un ligero acento con una sonrisa amable el moreno, aunque fue el único que saludo, los otro respondieron con un asentimiento por pura cortesía. Los ojos del rubio chocaron con la mirada color miel de la joven, su contacto visual duro poco un par de segundos, hasta que fue roto por el compañero de la chica jalándola hacia la puerta del establecimiento.

Poblado por inmigrantes de diferentes nacionalidades en un buen ambiente armónico, cual se había fundado hace unos pocos años. Mayormente era casi desconocido aunque tampoco estaba afuera del mapa, a las afueras de Estados Unidos y México, Echoes, fue fundado por una mezcla de culturas y de personas en busca de una buena vida, al principio fue un lugar lleno pequeñas viviendas, después se había convertido en un adorable pueblo de un buen y sano ambiente aunque una que otra vez un pequeño disturbio con un algún truhán que ultrajaba aquella paz pero en cierto modo Echoes, es un buen lugar para vivir y especialmente para los seres mágicos y para aquellas personas con un don como los magos y en este caso Flelim, el comensal de esta lo era. No lograba aparentar los 25 años, de piel pálida como la leche, dos ojos azules e intensos, una nariz algo grande pero recta, labios del tamaño de un piñón y de un color rosa suave, su cabello de color rojo brillante y amarrado en una coleta como un estilo victoriano. De vestimenta extravagante para alguien de su edad bueno lo que aparentaba, siempre vestido con camisas y corbatas junto a unos pantalones pegados, siempre con una gafas de color negro todo lo que su apariencia de solía llamar como un ratón de biblioteca, uno atractivo en cierto modo, tal vez por eso su librería siempre estaba llena de jovencitas hormonales y una que otra madre por allí. La librería de Flelim estaba llena con muchos libros de distintos tamaños y colores, llenos de palabras con sabiduría, al igual que magia. Flelim, había venido a vivir a este singular lugar por la magia y por reto de ayudar aquellos que tenían un don sin saberlo. El bonito sonido de música en tocado en piano de algún artista con una suave y melódica voz en japonés. El sonido de la campañilla desconcentro en de su lectura. Una mata de cabello negro y alborotado atravesó la puerta junto otro de un tono castaño, eran un chico y una chica: el muchacho de complexión delgada pero fuerte, algo así como un joven que hacia ejercicio solo por diversión, su rostro era atractivo ojos color verdes  y brillantes levemente rasgados y con ligeras ojeras, una nariz algo a perfilada si no por un leve torcimiento en el puente de su nariz. La chica  tenía una complexión un poco más ancha de cabello castaño claro corto hasta sus hombros, su rostro era un poco redondo, era bonita sin duda, sus ojos eran color miel, nariz pequeña y al final en forma de bolita.



YatusabeAna

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En el texto hay: fantasia, romance, aventuras

Editado: 02.12.2019

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