Eclipse

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Capítulo 26: persuasión

Los eternos segundos de silencio lograron llevar al límite la paciencia de Alfie que fulminaba a la joven esperando una buena cuartada para justificar lo que ella llamaría “pérdida de tiempo” – ¿Acaso no tienes nada que decir insolente niña?- se levantó dando un secante golpe sobre la mesa –Esta es la razón por la que los humanos son inferiores a nosotros, no son capaces ni de sostener la mirada sin desviarla-

-¡Alfie!- el imponente grito de Guillem sacudió la sala que se inundaba en una mar de discusiones

-Parece que debo hablar rápido, tú puedes hacerlo Rose- susurró para si misma – ¡Serafines, y dioses!- bramó invocando nuevamente el silencio

-Con que por fin decidiste hablar…- sonrió Helga en su actitud socarrona

-Así es…- tomó un largo respiro para intentar calmar los nervios –No puedo desperdiciar esta oportunidad ahogándome entre sollozos y vergüenza, entonces empezaré de inmediato- giró su atención a Fabricio a sus espaldas –Quiero iniciar esto con una pregunta que ha estado rondando en mi cabeza por todo este tiempo, una duda que me ha carcomido por dentro buscando su explicación… ¿Cuál es la razón para desatar el caos en la tierra?-

Las oscuras obsidianas de Helga se posaron sobre la adolescente que esperaba la respuesta a su enigma -¿No es obvio? Mi padre lo hace solo por diversión- una afilada sonrisa de oreja a oreja se marcó en sus labios teñidos en ese tono azabache

Los nudillos de Rose se tornaron pálidos por la fuerza con la que la joven cerró sus puños llena de ira –Solo diversión…- repitió con su mirada en Helga -¿Eso es lo que somos para ustedes? ¿Juguetes?- el aura roja empezaba a bañarla lentamente mientras la tención parecía subir

-¿Acaso te molestó?- mofó aún mas la serafín vestida en un velo negro – ¿Quieres pelear contra los serafines aún sabiendo que no puedes ganar?-

-Somos seres vivos igual que ustedes malditas deidades- observó a Guillem en su trono con la cabeza apoyada en una de sus manos –En Zuirland y aldeas aledañas, usted es la deidad en la que los débiles humanos confían ¿No hará nada al respecto?-

-Tiene razón padre- la mano de Fabricio se posó en el tenso hombro de su hermana –No hemos sido mas que unos espectadores en el juego de Wyatt- dio un paso al frente –Estos años en Zuirland me han hecho comprender el odio que tienen hacía nosotros- giró su atención a Alfie que yacía sentada en su silla –Si no tuviéramos estos asombrosos poderes, no seríamos mas que insignificantes humanos-

-Esto es una estupidez tío- reprochó Alfie –Esas uvas no se comerán solas-

Guillem se levantó osado ignorando el comentario anterior –Los que quieran apoyar a la chica pasen a su lado, el resto permanezca sentado y en silencio-

Como era de esperarse, Fabricio retrocedió al lado de su hermana demostrando su fiabilidad, acto seguido Olimpia y Dimitri aparecieron detrás con sus armaduras listas para el combate, acto que sorprendió a Rose

-Saben que Wyatt los destrozará a todos  ¿Aun así deciden ir?- fueron las palabras de Alfie

-Tal vez es porque no todos se dejan llevar por la ambición y el poder- contestó Rose montando a Ares

-Hija de… - maldijo Alfie antes de verse silenciada por Guillem: obligándola a odiar en secreto

Los serafines salieron por la cascada que se cerraba detrás de ellos nuevamente

-Muy bien ¿Rose, verdad? ¿Qué haremos para poder ganar contra un enemigo el cual nos supera en poder notablemente?- preguntó Olimpia con sus ojos azulados a la joven que parecía haberse calmado 

-Tendremos que pensarlo en el camino, hay una batalla librándose en este momento - dijo Dimitri mirando el cielo opacado por las nubes plomizas

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Los cuerpos de los aliados masacrados y derrotados se podían ver regados a lo largo del campo de batalla

-¡Desplieguen al cuerpo médico! ¡Ayuden a los heridos de inmediato!- ordenó a gritos Vernard mientras avanzaba en su caballo entre la vorágine. A lo lejos, un individuo rodeado en un aura verdosa con cuerpos humanos entre sus exorbitantes palmas se distinguía dentro de un nubarrón de tierra y polvo –Destruyamos a ese maldito- sacó su espada chocándola con la guadaña de un esbirro: provocando su caída del animal y quedando boca arriba con quien parecía ser su verdugo. La espada rozaba peligrosamente su cuello: dejando caer un hilo de sangre por su esternocleidomastoideo y finalmente cayendo en gotas al suelo, perdiéndose en la tierra. De repente, un destello rojo rebanó al encapuchado en un corte diagonal, asesinándolo en seguida. El joven rey se incorporó rápidamente para agradecer a su salvación de cabello castaño y ojos latte



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Editado: 23.12.2018

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