Ecos del silcencio

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Cap_2

13 años antes.

 

Akua corrió por los vacíos pasillos de su facultad como si el mismo demonio o un violador en potencia la estuvieran persiguiendo. Sus pantorrillas quemaron y sus pulmones protestaron pidiendo aire mientras su cuerpo avanzaba a punto de colapsar o morir de un infarto.

Se maldijo en silencio por lo que le estaba ocurriendo.

Su despertador, aquel chisme que su madre le había regalado, había decidido no sonar el  último  día de la entrega y las bailarinas que se había puesto, pues eso había pensado la noche anterior, no le proporcionaban la comodidad necesaria para recorrer los kilométricos pasillos.

De pronto tras girar en la esquina y derrapar, vio el aula que buscaba y rezo en silencio en que el profesor aún estuviera allí sentado tranquilamente.

Acelero utilizando las últimas fuerzas que le quedaban, después de recorrer dos kilómetros que la separaban de la facultad de su casa y los pasillos, para alcanzar la puerta. Con las carpetas llenas de folios de sus dibujos, avanzo desesperada.

Estando cerca, se propuso a frenar con los pies, sin saber que sus bailarinas y el suelo de mármol no se llevaban del todo o nada, bien. Patinando sobremanera y pasando la puerta indicada para luego sin poder equilibrar su peso, terminar cayendo sobre sus partes traseras en el suelo y patinando unos centímetros más.

Su cuerpo freno delante de unos pies de claramente un calzado masculino y su carpeta, la cual no supo cuando perdió, término cayendo a su lado y desperdigando los folios de sus trabajos alrededor.

Como si fuera un bebe que aprendía a gatear, la joven comenzó a recoger con nerviosismo todo y metiéndolo en las carpetas de forma desordenada, ya luego pensaría que haría con ello, primero necesitaba ver si el profesor aún estaba.

Movió la cabeza de un lado a otro nerviosa buscando sus cosas mientras la coleta, sujeta por una goma, se deshacía  prácticamente.

Alguien se agacho a su lado y comenzó a ayudarle sin que ella se dice cuenta al principio y solo cuando sus manos se juntaron, levanto la vista para encontrarse con un guapo y nada conocido joven. Solo pudo ver aquellos ojos grandes y negros con tupidas pestañas, que al igual que su cabello, eran de color negro azabache.

Pero no había tiempo y al terminar, aún sentada en el suelo, se aseguró de tenerlo todo.

Una mano apareció en su punto de vista, perteneciente a aquel joven que le ayudo a levantarse.

--Gracias- consiguió decir perdida en sus pensamientos y sin mirarlo dos veces salió corriendo hacía el aula para luego, como una loca, despeinada, asfixiada y terriblemente sonrojada, interrumpir en el aula como una histérica.

Así fue como la vio el profesor cuando ella le sonrío mientras entregaba unas carpetas con folios saliendo por todas partes y el hombre, después de pensarlo unos segundos, decidió no decir nada y simplemente tomo lo que la joven le entregaba y lo coloco a un lado de su mesa, y observarla marchar cojeando un poco.

El hombre con sus gafas colocadas sobre su nariz negó visiblemente pensando que los estudiantes de aquella carrera cada vez parecían más locos de atar.

Akua salió del despacho y se apoyó sobre la pared mientras suspiraba aliviada, seguidamente comenzó a reírse como una completa histérica y se quitó la goma que le sostenía el largo cabello para dejarlo caer.

Se restregó la cara con las manos y decidió emprender la marcha cuando se dio cuenta que le faltaba su bolso, miro de nuevo histérica por todos los lados para encontrarse con el mismo joven muy cerca de ella, observándola. 

Kenzo observo a aquella joven reírse sola y no pudo evitar sonreír de lado. Apenas había tardado unos minutos en salir del aula y apoyarse en la pared. Supuso que como era estudiante debía entregar algún que otro trabajo y por eso corría tanto.

Cuando sus miradas se cruzaron el joven levanto sus manos para mostrarle a Akua que tenía su bolso.

El, había esperado a que ella saliera para entregársela y camino, rompiendo la poca distancia que había entre ellos para darle el objeto que la joven agradeció. De nuevo vio esos ojos de un profundo negro y se sintió demasiado observada.

--Gracias- dijo tras mirarlo unos segundos y dando la vuelta para marchar.

--¿Cómo te llamas?- pregunto de pronto el chico levantando la voz.

--¡Akua!- grito ella mientras desaparecía por una esquina.

--Encantado, Akua- dijo el siendo consciente de que ya no lo iba a oír- yo soy Kenzo.

 



Green_tango

Editado: 19.04.2019

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