Ecos del silcencio

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Cap_3

Akua suspiro y dio varias vueltas sobre si como si fuera un perro que trata de acomodarse, aunque en su caso no sirviera de nada. Miro la pared blanca de la habitación de invitados, desprovista de cualquier cosa que le diera vida a ese  lugar. No desprendía felicidad, ni paz, ni nada en general. Quizás a lo sumo aburrimiento, el mismo que ella experimentaba.

Pensó en crear algo para decorar aquel lugar, después de todo era para eso para lo que estudiaba. Su sueño, pasión y el más puro deseo era convertirse en una diseñadora, y no, no de moda, si no de interiores. Decorar las habitaciones, hogares y todo aquello que la carrera le pudiera permitir. Era un mundo sin fin.

Por unos instantes las ganas la invadieron pero enseguida la pereza llego dejándola de igual manera que minutos antes y decidió que aquel trabajo lo haría más tarde, cuando realmente se encontrara inspirada. Además seguía siendo la casa de sus padres y por más que le apeteciera, estos seguramente luego protestarían. Su visión distaba mucho de la de ellos, su casa era tremendamente grandes, de paredes blancas y vacías, sin alma, sin vida.

Hasta el gran jardín lucia aburrido.

Camino hacía su cuarto, y se sentó sobre la silla en frente de su lienzo. Pintar, era su segunda pasión.

Observo el cuadro comenzado a lápiz, aún sin colores y pensó durante unos instantes en que le faltaba algo. No era un paisaje, donde el mar, la montaña o un bello bosque se encontraban, tampoco era parejas enamoradas caminando, bailando o riendo mientras se abrazaban. Odiaba representar esas escenas, no se le daba bien. Ante ella, en un gran lienzo que un día fue completamente blanco, se encontraba retratado el rostro de un hombre mayor, tan mayor que las arrugas de los años estaba presentes en su expresión. Su mirada era triste, cansada y de un anhelo tan profundo y doloroso que insinuó invitaba a llorar. La piel del hombre lucia con arrugas y las manchas propias de edad y su cabello, aún representado con simples trazas de lápiz, se tornaba blanco y gris.

Era el, su abuelo. La persona que más quería en el mundo. Ese hombre que le había enseñado a amar los colores y que ahora se encontraba ante ella en blanco y negro.

 

Pasaron horas en las que la joven no despego sus manos de aquel retrato, definiendo una parte de su rostro hasta el más pequeño detalle, tal y como lo recordaba.

A la tarde salió a correr para despejaras y hacer que el tiempo corriera.

Las calles de la gran ciudad estaban alborotadas mientras ella corría sin dirección prevista, solo avanzaba hasta agotar su cuerpo.

Odiaba, realmente odiaba los días así, donde no había nada que hacer.

Los días libre se le antojaban terribles y largos.

La mayoría volvía a casa, a ver a sus familiares, amigos y conocidos, pero ella al vivir en casa de sus padres y prácticamente al lado de la universidad, se quedaba sola la mayor parte del tiempo esperando que de nuevo llegara el momento de entretenerse. Moría con que llegara el verano y poder, de alguna manera, escapar de aquel aburrido sitio.

Y mientras caminaba distraída un cuerpo se le cruzo en el camino, sin mirar dos veces viro a un lado para no chocar y termino estampada contra una farola que Tenía una señal

Su cuerpo se movió hacía atrás de rebote y unas manos la sujetaron para evitar que cayera al suelo. Un rostro algo conocido apareció ante ella y recordó, no sin un poco de dificultad, de quien se trataba.

El aún la mantenía sujeta por la cintura y la observaba con una sonrisa ladeada y divertida.

--¿Estás bien?

--Sí, creo.

--Deberías tener más cuidado.

--Si no te hubiera puesto delante de mí.

--Quería que pararas y bueno- Rio- eso hiciste después de todo- señalo la farola que mantenía una señal de STOP pintada en negro.

--Que irónico.

--¿Seguro que te encuentras bien?

--Si, mañana me quejare del chichón- aseguro ella tocándose de nuevo la frente- pero hasta que salga estaré bien.

Los dos se miraron durante un instante.

--Soy Gabriel

--Akua

--¿Akua?

--Así es.

--Vaya. Akua Lark. Que nombre tan.... exótico.

--¿Cómo sabes mi apellido?

--Me lo dijo mi hermana.

--¿Y ella es?

--¡Hola!- de pronto saludo una voz femenina y Akua al voltear vio a una Olivia sonriente. No dudo ni un segundo en que eran hermanos, compartían las mismas características

Olivo era una chica que Tenía un año menos que Akua, con unos ojos de un intenso azul que con su piel blanca y cabello castaño la hacía n parecer casi una muñeca. Sonreía siempre y vivía feliz. Alta, delgada y carismática, era una joven risueña que desconocía mucho de la vida y sobre todo sobre su hermano. Pero eso más tarde se contara.

--Hola- para Akua era una chica agradable con la que había compartido algunas conversaciones, pero nada más allá. La conocía más de vista que de otra cosa y por unos instantes le extraño aquella situación.

--Lo siento, me tengo que ir. Llego tarde al ensayo- le dio un beso a su hermano tras ponerse sobre las puntillas y al dedicarle una amable sonrisa a Akua, camino hacía el otro lado de la calle.



Green_tango

Editado: 19.04.2019

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