Ecos del silcencio

Tamaño de fuente: - +

Cap_4

Según los estudios de las más prestigiosas universidades, el pensamiento y la lógica humana, los lunes era los peores días para la mayoría (si no casi toda) de la humanidad. Los lunes era odiosos después del descanso de varios días, de fiestas, comilonas y pocas horas de sueño. Pues había que admitir que esos dos días o en caso de nuestra joven, cuatro días (por las fiestas), nadie realmente descansaba. Era el momento de aprovechar para hacer mil cosas que los días cotidianos no dejaban hacer.

Pero como había dicho, para la mayoría de la humanidad menos para Akua. Estaba descansada y con enormes ganas de empezar. Amaba aquella carrera a pesar de que su padre lo odiase. Que no le vieran un futuro tan prometedor como ellos querían. Sin embargo había sido la primera batalla ganada y no pensaba desperdiciar lo. Tan solo llevaba unos pocos meses de segundo trimestre, pero ya afirmaba que amaba esa carrera.

Tras las clases intensas salió a las seis de la tarde y se quedó en la puerta charlando con algunas compañeras.

Que no hubiera llegado el profesor de la última clase le había dejado prácticamente dos horas libres que ahora no sabía quién que ocupar.

De pronto su celular sonó y sin mirar quien era contesto.

--¿Si?

--Con que no eres Akua he- esa voz la dejo petrificada y miro para darse cuenta que era el mismo número desconocido del día anterior.

Una sombra apareció a su lado y un Gabriel sonriente la observo mientras colgaba el teléfono.

--Eres buena mintiendo.

--Años de práctica- le soltó ella con enfado.- ¿Cómo has conseguido mi.....? Olivia verdad?

El simplemente asintió.

Claro que era ella, estaba en su grupo de WhatsApp.

 

--Sé que tienes dos horas libres. ¿Tomamos algo?

--Ammm, es que iba a quedar a trabajar con mi grupo de...- se volteo para ver a su compañeras y buscar su ayuda cuando se encontró que estaban solo ellos dos- Va a ser que no- termino rendida.

--Estupendo, conozco un sitio genial.

--Te lo agradezco pero..

--¿Porque no quieres aceptar?

--No es eso, solo que tengo muchas cosas que hacer y..

--Hoy es lunes.

--No es una excusa para hacer el vago.

--Pero si para tomar un refresco.

--Está bien.

--No te vas a repetir.

"Ya lo estoy haciendo"

El destino quiso que los dos coches estuvieran aparcados casi uno al lado del otro y cuando Gabriel la invito a subir a su vehículo ella lo declino y afirmo que lo seguiría.

Era una buena manera de escapar si le hiciera falta pues no sabía dónde terminarían.

 

--Tengo la sensación de que no me recuerdas.

--¿Debería?

-- Pues la verdad es que si ¿Tanto he cambiado?

Akua se encogió de hombros sin saber que responder. Se encontraban en una pequeña cafetería llena de estanterías con libros que la atraían más que el chico que se encontraba enfrente.

--Estudiamos juntos.

--¿Qué?

--Si, en la primaria.

--Pero si tú eres... heeee..... más mayor que yo.

--¿Cuantos me das?

--¿Veinte y .....ocho?

--No

--Veinte y nueve

--No.

--Treinta y cinco.

--Ohhhhh- hizo un gesto de clavares un cuchillo en el corazón como si lo matara.

--Va tienes razón, si estudiamos juntos en primaria y estarías en curso superiores tendrás.... Veinticuatro.

--Mejor te lo digo que como sigas por ese camino me entierras vivo. ¿Tan mayor parezco?- ella se encogió ende hombros divertida- Veinte y dos para ser exactos.

--Ohhhh.

--¡Oye!- rio divertido por su reacción- me estás haciendo sentir viejo.

--Lo siento, no soy buena en esto.

--No, desde luego que no- afirmo el con una sonrisa y le mancho la nariz con un poco de chocolate que él tomaba.

Akua no se pudo escapar y rio divertida ante tal hecho.

--Coincidíamos en la clase de gimnasia y muchas veces fuimos pareja.

--Aaaaaaa...... no... ni idea.

--Da igual. Yo te recuerdo es lo importante- afirmo el mirándola divertido y el rostro de la joven no mostró ninguna emoción. El esperaba que con aquellas palabras ella se pudiera de todos los colores existentes, pero pareció no hacerle efecto.

 Y es que en aquel momento la joven estaba muy lejos de él. Tratando de pensar la razón por la que le insistía quedar y desechando la posibilidad de que fuera porque le gustaba.

Bastaba con ver la diferencia que entre ellos había, y no solo de la edad si no de la apariencia física. Ella se veía común y con unos cuantos - muchos- kilos de más. Normal, con un cabello negro azabache que además de lacio era muy grueso.

Entonces una bombilla se encendió en su cabeza y lo recordó, todo, cada instante en el que había pasado junto a él, los juegos y las horas de gimnAkua.

--Siiii, ya se.

--¿Lo recordaste?

--Si y ahora tengo una duda existencial.

--Tú dirás.

--¿Porque razón me tiraste aquel refresco?

--Ohhh, Tenía la esperanza de que no recordaras eso.

--Has abierto la caja de Pandora.



Green_tango

Editado: 19.04.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar