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“Inocente Posesión”

El viaje de camino al hotel, nunca antes había sido tan emocionante para Mariana, si no fuera porque era la primera vez en su vida. La cabalgata a caballo no se comparaba con el vehículo a toda velocidad, con imágenes en la ventana de cosas desconocidas. A diferencia del engreído KOENIGSEGG CCX.  Regalo de cumpleaños, entregado por su padre. Solo estrenado en la pista subterránea.

–Sorprendente ¿verdad? –Esteban miro a Mariana por el retrovisor. Despertando la curiosidad de Marco, quien miro a la joven y luego se dirigió al conductor.

–¿Es siempre así?

–¿Bromea? –noto la informalidad que uso, aclarándose la garganta–. Es decir. No señor.

–Esteban, te solicite que dejaras las formalidades. Parece que puedes hacerlo.

–Me disculpo. Es que solo con mi señorita, las formalidades no suceden. Y de eso no se trata mi trabajo –Marco escucho atento–. Si existe alguien cerca de ella, debo actuar como si estuviera el señor Méndez –titubeo por un momento–. Yo…

–Tranquilo. Es mejor informal

Esteban sonrió, dejando en evidencia el agrado que le causaba el nuevo tutor. Mariana por otra parte, no toma en cuenta nada de lo que decían los mayores, ignorándolos en todo momento.

–¿Marco? –llamo Esteban, deteniéndose en un semáforo.

–¿Si, Esteban?

–Sé que es precipitado, pero fue buena idea sacarla de la mansión.

–¿Porque lo comentas?

–Mírela –Marco volvió a mirarla–. No desprende la vista del vidrio. Si ella tuviera unos audífonos, vería una divertida escena que lo aria reír –soltó una risita, poniendo en marcha el auto.

–Esteban –desprendió la mirada de la joven para mirar por el retrovisor– ¿Puedo hacerte algunas preguntas cuando lleguemos al hotel?

–Por supuesto.

–Bien. Por el momento. Dime ¿le gusta el color negro y celeste?

–Sí. Claro. Puede ser agresiva, sin embargo adora los colores pasteles, y las cosas al estilo monocromático.

–Gracias –concluyo una última cosa en su mente.

La llegada al hotel, se mantuvo en orden y tranquilidad. Esteban acordó cumplir con su encomienda, asegurándoles que no estaría tan lejos de ellos. Acto seguido, término de bajar las maletas del coche para verlos ingresar al hotel con todo y equipaje. Solo hay, estuvo seguro de tenerlos a salvo. Subiendo a su vehículo, con intenciones de no estar tan lejos de sus protegidos.

Dentro del hotel, el recepcionista confirmo la reservación de la habitación bajo el nombre de Marco, encargado por parte del Señor Arón, quien reservo una suite doble en el hotel Presidente InterContinental Polanco, con la finalidad de que Mariana tuviera la mejor comodidad de todas junto al cuidado de su tutor.

En compañía de dos Botones, quienes llevaban las cargadas maletas de Mariana y el casi nulo equipaje de Marco, los dos huéspedes se adentraron al elevador, guiados por el servicio brindado del hotel que los llevo hasta la suite Siqueiros, ubicada en el piso 40. Siendo una de las 3 suite presidenciales.

Uno de los Botones abrió la puerta de la suite, adentrándose velozmente Mariana, captando rápidamente cada detalle del lugar, que le deslumbraban la vista más de una vez. Las paredes, la sala, el comedor, los taburetes, la impecable habitación y varias cosas que la hicieron sentir eufórica.

Marco pidió a los Botones que dejaran las maletas en las respectivas habitaciones, solicitándole que lo esperaran fuera de esta por un momento. Aprovechando el espacio y tiempo correspondiente, tomo del comedor una mediana caja de regalos negra, decorada con un lazo celeste transparente, llamando la atención de la joven quien miraba por la ventana de la sala, la gran ciudad, emocionada por lo que sus ojos admiraban, albergando la pregunta de >>¿Cómo se verá en la noche?<<

–Señorita Mariana –la joven volteo a verlo–. Tengo algo para usted –Marco extendió el presente. Tomándolo por sorpresa la joven–. Un pequeño presente, que espero le guste.

–¿Para mí? –se señaló.

–Sí. Por favor, tómelo y ábralo.

Desprendiéndose de la vista panorámica, camino hasta quedar frente a su tutor indecisa de tomar la caja, que finalmente tomo, dirigiéndose hasta el mueble de la sala en donde retiro la tapa del objeto, después de ladear la mirada varias veces para ver a su tutor y al regalo que le había hecho. Al mirar el interior de ese se topó con algo que le resulta algo peculiar.

–¡Oh! Una agenda… que inusual.

–No es solo una agenda. Es un diario –Mariana noto accesorios en la caja–. Como todo esto es nuevo para usted. Pensé que le gustaría retratar esta nueva experiencia mediante la escritura. Además de que le servirá para cuando regresemos a la mansión. Tendremos una clase especial referente al viaje realizado.

–No puedes dejar las clases a un lado –dejo el diario a un lado de ella, reacomodándose en el asiento para revisar algunas pegatinas que encontró en el interior de la caja–. Sé que tenemos un trato-contrato –hizo comilla con los dedos–, pero déjame disfrutar esto.



LaangelitaP24

Editado: 03.05.2019

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