Edward Y Emily

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SANGRE Y BESOS EN BOSTON

Ese delicioso y penetrante olor a sangre fresca, provocó en Edward una locura momentánea. La acomodó sobre sus piernas y se dispuso a hundir los colmillos en su cuello y extraer cada gota.

Pero una humedad repentina sobre el dorso de su mano, que la sujetaba por la cadera, lo distrajo brevemente. Al mirar, se dio cuenta que había una herida en la mano de ella que sangraba mucho.

Se alejó del delicado cuello de la joven y en lugar de morderla, como tenía planeado, se mordió a sí mismo en la muñeca para darle de beber su sangre, apenado ante lo que estuvo a punto de ocurrir.

Molesto, se reprendió a sí mismo ¿Acaso no podía controlarse? ¿De qué habría servido toda esa angustiosa espera, de haberla matado?

No quería comérsela, pero ese olor no lo dejó pensar con claridad.

—¿Que haces? —se acercó Damon, fingiendo asombro— Creí que estaba fuera de nuestro menú ¿ya te arrepentiste? —agregó con una expresión triunfal en el rostro, que Edward no pudo apreciar, ya que se encontraba ensimismado debido a la preocupación y la culpa.

—No. Estaba herida y por un momento...

—Por un momento fuiste lo que eres. Y si no la conviertes pronto, acabarás comiéndotela.

Damon recordó todo lo sucedido la noche anterior y, aunque le guardaba un poco de rencor, la angustia de Edward lo conmovió al recordarle a su otro hermano. A veces se parecían tanto...

—Lo haré, pero después.

Emily empezó a recuperarse, pero cuando abrió los ojos y vio a Damon parado frente a ella, se aterró al reconocerlo.

Era él, ese demonio que asesinó a Teresita.

Ya recuperada, levantó y los vio a ambos.

—¡No puede ser! —Se levantó repentinamente acercándose a Damon, quien retrocedió un paso —¡Tú la mataste, tú la mataste!

—Sé más específica, he matado a mucha gente.

—¡A mi nana! —Le dio un puñetazo en la quijada tan fuerte e inesperado, que lo hizo caer.

—¡Pero que buena derecha...! —se burló cínico— Si quieres conservar esa bella manita, no te atrevas a hacerlo de nuevo—fanfarroneó, ya que estaba seguro que, antes de llegar a tocarla, Edward lo pondría en aprietos, ya que se había interpuesto instintivamente entre él y esa pequeña loca atrevida.

Nervioso, Edward dio media vuelta y sujetó la cara de la chica con delicadeza, para cortar con el problema de raíz.

—Mírame Emily...

Edward la obligó a mirarlo. Ella entornó la mirada y se perdió en la de él, igual que en sus sueños.

—Teresita se fue a su pueblo, quería ver a su familia antes de morir.

—Teresita se fue a su pueblo...

—Eso es...Él es mi amigo Damon y no tuvo nada que ver con su muerte.

¿Su amigo? ¿Por qué no le dijo la verdad? pensó Damon, confundido.

—No tuvo nada que ver con su muerte...

—En serio Ed, no era necesario.

—Yo se lo que hago, Damon.

Si, ese es el problema, solo tú lo sabes. Pero no sabes nada, idiota.

—¿Qué estoy haciendo aquí?...—preguntó confundida.

—Te sentiste mal y te traje para que tomaras un poco de aire. El ambiente es pesado allá.

—Mi mano... ¿Dónde está mi herida?

—Si Edward ¿Dónde está? — preguntó Damon y sonrió malicioso.

—No sé de que habla, yo no vi ninguna herida.

—Yo me corté esta mañana con una botella que tú... Tú dejaste en mi habitación. ¡Tú estuviste ahí, tú eres...!

—¡Me aburrooo! Mejor me voy.

Emily lo miró con desprecio. Después arreglaría cuentas con ese demonio con ojos de gato. Si hasta el nombre lo tenía, Damon, "Damonio".

Ahora sabía que su querida nana decía la verdad. Y tanto que se reía de sus historias. ¿Pero acaso su Edward, también era uno de ellos? Mucho se temía que si, pero ¿importaba? Si a leguas se notaba que él era bueno.

En un claro coqueteo, Damon sonríe de lado, la mira fijamente y después se va. Supo que funcionó, cuando las pupilas de ella, se expandieron al verlo.

—Ya era hora...—murmuró Edward.

—Tú estuviste en mi casa, en mi habitación.

— No, creo que está confundida, señorita.

—¡No, no lo estoy! ¡Hace un momento acaba de llamárme por mi nombre, no lo niegue!

—Si le digo que si ¿se tranquilizará?

— No sea condescendiente conmigo y diga la verdad.

—Yo pregunté su nombre. Me interesaba mucho conocerla.

—¿Ya no? Claro, deben haberle dicho cosas horribles de mí.

—Aún me interesa. No hay nada que desee más.

—Dígame la verdad.

—Yo...yo no sé dónde vive, no pude estar ahí ni anoche ni nunca. La verdad es que si, no es la primera vez que la veo y me interesa mucho estar cerca de usted. Muy cerca.



Vampire Drama Queen

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En el texto hay: fantasmas, vampiros y magia, violencia

Editado: 28.10.2018

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