Efecto Doppler

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KATRINA

 

Es curiosa la forma en la que cambia tu perspectiva respecto a algo cuando lo observas en distintas etapas de tu vida, la primera vez que vine a la Tierra era una niña aún lo eres, tonta. Recuerdo pensar que era un lugar lleno de vida, que la gente era feliz todo el tiempo, que la naturaleza que supuestamente abundaba allí hacia desaparecer todos los problemas, que vivir en Marte, con las tormentas de arena roja no podría compararse con aquel paraíso. Era mi visión infantil e inocente de un lugar que sabe esconder sus demonios con sutileza. En aquel entonces era una niña que visitaba otro planeta de la mano de su padre y conocía personas que al mirarla decían  “oh, pero que niña más linda” (ahora que lo pienso… su intención era imprecisa). Me pregunto si entre alguno de esos hombres se encontraba el que lo asesinaría años después.

La Tierra luce tan sobrecogedora ahora, con sus enormes mares llenos de contaminación, sus metrópolis falsamente iluminadas de día y de noche, mientras que el brillo de las personas que las habitan se extingue con cada aliento en este mundo decadente y frío que papá luchaba por salvar.

Él luchaba por mejorar este mundo, y esperaba que Seth y yo hiciésemos lo mismo, debería escribírmelo en la frente. Ahora que él ya no está debería convertirme en la voz de la esperanza y la razón para esta familia rota, pero se me hace casi imposible imaginarlo.

Los meses han hecho de su partida menos dolorosa, más llevadera. Se ha convertido en una pequeña nube que me sigue dondequiera que voy, la siento parte de mí, me gusta pensar que la presencia de papá nunca me abandonará a pesar de cualquier cosa, que siempre estará susurrando en mi oído unas palabras de apoyo cuando tenga un día difícil.

“Los obstáculos los creas tú misma”, me decía cuando me frustraba al no lograr algo, más que sus palabras lo que me impulsaba a continuar siempre era su voz tranquila y su mirada llena de confianza.

Mis ojos se llenan de lágrimas al pensar que nunca volveré a escuchar a mi padre pronunciar esas palabras que me tranquilizan… sus ojos... Solo me quedan recuerdos cada vez más borrosos y vagos. Me aterra el día en que llegue a olvidar el tono de su voz, sus ojos azules. ¿Para ese día la nube ya habrá desaparecido?, porque no logro imaginarlo, creo que prefería cargar con el dolor de su pérdida todos los días que olvidar para siempre a papá. Tal vez, sea la única que lo prefiere así… mamá parece buscar una forma de esconder el dolor dejando atrás todo lo relacionado con él y Seth parece estar esperando a que el dolor lo consuma por completo.

Seth cae desmayado, al entrar en la atmósfera de la Tierra parecía aliviado, su falta de sueño e irregular apetito causaron su repentino desvanecimiento. Ahora se encuentra sentado junto a mamá con los ojos cerrados, me pregunto en que estará pensando.

—Estamos a punto de llegar —dice Deann, el piloto de la nave.

Mamá sonríe, supongo que con la intención de animarnos, pero en vez de eso me hace sentir más tensa, sin embargo, le devuelvo la sonrisa, al fin y al cabo, todos estamos pasando por lo mismo, deberíamos apoyarnos entre nosotros.

La nave reduce la velocidad y finalmente aterrizamos, la compuerta se abre.

—Bienvenidos a Gea —Deann nos sonríe con calidez, me da un poco más de confianza.

Salimos de la nave y nos encontramos ante una enorme construcción, las ventanas tienen un estilo elegante y sobrio, la enorme puerta da la impresión de querer devorarnos en cualquier momento y las montañas que se ven detrás le dan al lugar un aire imponente que inspira respeto y a la vez paz, es de las pocas cosas que aún me asombran y me agradan de la Tierra, la naturaleza, que estuvo allí antes que cualquier cosa. El ambiente aquí es tan puro que siquiera necesita de cúpula protectora, la contaminación de cientos de años no ha afectado este lugar todavía. Increíble, ni siquiera creía que eso fuera posible.

—¡ Han llegado! —grita un hombre alto y de cabello castaño—. Después de tantos años nos volvemos a ver.

—¡Malcom! —saluda mamá, lanzándose a sus brazos.

Se abrazan durante un tiempo que parece eterno, volteo para ver a Seth, él está observando el paisaje con una mueca de disgusto, para variar.

—Katrina, como has crecido —no me da tiempo de reaccionar cuando me envuelve con sus enormes brazos, me recuerda a papá, así que inconscientemente le devuelvo el abrazo.

Luego se dirige hacia Seth, quien solamente le tiende la mano con un seco “hola”.

—Seth, que gusto verte —dice Malcom, como si nada, con su sonrisa intacta—. Vamos, por favor, entren, les va a encantar la Academia.



Angel J.R

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En el texto hay: academia, mellizos, telepatía

Editado: 19.11.2018

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