Egeo - El secreto de Poseidon

Tamaño de fuente: - +

CAPITULO 05

Alba Longa
Siglo VII a.C.

 

-Despierta de una vez Naxos, por los dioses sabes que  odio ver que te quedes en la habitación hasta tarde –decía Numitor[1] entrando en la habitación y abriendo la cortina de la habitación, la cual se ilumino bastante.

-Por los dioses –“mi cabeza va a estallar”.

-Vaya la fiesta que tomaste anoche.

-Naxos cierra esa cortina –“de donde vino esa voz”.

Numitor no podía quitar la mirada de aquella voz, al lado de Naxos estaba una chica desnuda, Fadilia, hermosa, con un cuerpo hermoso, coronado con unos pezones realmente bellos. Bueno si puedo imaginar porque me divertí tanto anoche, pero no fue únicamente ella, del piso se levantaban tres chicas más, sosteniendo sobre su cuerpo los vestidos que tenían anoche.

-Lo único que no puede recriminarte será el buen gusto.

-Así es.

-Levántate y entrena a tus hombres.

-En un momento.

-Y báñate apestas.

-Mmm… yo adoro ese olor –Fadilia hablo en el momento, mi mirada simplemente no podía quitarse de su rostro, su cuerpo.

-Dame dos horas.

-Una hora.

-Hora y media.

-Bien –sonó resignado –pero como no te vea allí Naxos te fastidiare el día, mientras tanto aprovechare algo el tiempo –saliendo tras las otras chicas.

-Como tú digas.

Naxos no podía alejar la mirada del bello rostro, Fadilia simplemente deslizo la fina tela de su cuerpo quedando completamente desnuda, por todos los dioses la chica era la más hermosa de toda la ciudad de Alba, su mirada nunca bacilo sobre la de él, con movimientos acompasados se deslizo encima de Naxos.

Sentándose en su abdomen, podía sentir la humedad deslizándose de su cuerpo al de él –Tienes una hora querido que piensas hacer –susurro  sobre sus labios sin dejarle acercarse a ellos

–Muchas cosas que ni tu puedes imaginar –sus manos simplemente tenían vida propia

–Pues puedes ser creativo porque tienes una hora y media, ni un minuto más ni un minuto menos –sus manos simplemente acariciaban sus muslos, todo su cuerpo era como la seda, su piel blanca y su cabello como un hermoso amanecer,  lentamente fue ascendiendo por su cuerpo deteniéndome en sus senos, primero los roce con las yemas de los dedos, ella únicamente cerraba los ojos y suspiraba con rapidez, sabía que su excitación iba en aumento, quería provocarla, quería que todo su cuerpo explotara de pasión, solo por él.

–Créeme en menos de una hora estarás tan rendida que no podrás salir de pie de esta habitación – su boca fue a cubrir su pecho, era como si estuviera hecha a su medida, Fadilia suspiraba y jadeaba con pasión, simplemente verla era una exquisitez.

–Naxos, no me tortures así –su lengua lamia esa zona después la abrió la boca de nuevo solo para poder amamantar de ella.

–Eres lo más delicioso que he probado –Las manos e Fadilia fueron hacia el rostro de su amante, sus dedos jalaban su cabello para inmovilizarlo allí, amaba esa deliciosa tortura. Naxos se sentó sobre la cama llevándola consigo encima hasta inclinarla de espalda contra la cama, poco a poco fue descendiendo por su vientre, necesitaba probarla, era como aquel cáliz único, era un vino dulce para su paladar.

–Naxos, solo hazlo –no lo tenía que repetir dos veces, simplemente tomo su cuerpo y bebió de ella, las manos de Fadilia sujetaban la sabana con fuerza, sabía que iba acabar pronto, así que Naxos hundió mi lengua más, sus jadeos se hicieron con mayor fuerza, quería que acabara primero en su boca, sentir su sabor antes de hundirse por completo en ella –Naxos mas, dame más –no podía dejar de complacerla, sentir su orgasmo, templando sin más. bebió de ella como el sediento necesitando del agua –Naxos alzo su rostro y simplemente admiraba su cuerpo, estaba sonrosado, el color más hermoso. Sin necesitar más tiempo ascendió sobre su cuerpo, ella solo le miraba con una gran sonrisa en su rostro. Naxos tomo su cuerpo y lo abrió, sus piernas solo le rodearon queriendo este acto tanto como él, observándola por completo, se acomodó sobre ella y en un simple movimiento entro en ella, su jadeo fue de sorpresa, pero simplemente empezó a moverse sobre ella de forma acompasada, quería hacerlo lento, quería demostrarle que su amor era solo por ella, nada valía mas que ella –Naxos, necesito más… dame más. –Cómo podía negarle a ella ese placer del que él también quería formar parte, Naxos se arrodillo sobre la cama tomando sus caderas y la penetro con fuerza, quería unirse a ella, fundirse sin más, sus gritos eran notables y en este momento ni le importaba –Me vengo Naxos –Naxos aumento su velocidad sintiendo como su cuerpo empezaba a temblar, sintió como Fadilia empezaba a contraerse su alrededor.



Annie-maria

Editado: 13.06.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar