El alma en 7 poemas

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No pude esperarte más

No sé cuánto tiempo fue el que te esperé, horas largas frente a esa ventana roja, abierta de par en par estaba siempre, mientras sentado en la postrimería de mis días lloraba tu ausencia y escribía esperanzado una carta que enviaba para saber de ti y si volverías a amarme como antes.

Tu respuesta siempre fue la misma, nada era igual; pero ¿cómo podías decir eso?, aquí, la casa que te ofrecí sigue estando igual de vacía que al principio como cuando llegaste, no me ofreciste llenarla y eso me atrajo, no quisiste pintarla y eso me gustó, pero cada rincón aún conserva prudente el aroma de tu perfume, ese aroma a margaritas frescas.

No me ofreciste nada, pero también sabias que no tenía nada para ofrecer, tal vez eso fue lo que inicialmente nos unió, pero ahora aquí, en la misma ventana en la que te lloré y te rogué que no te fueras, aquí mismo me decido a matar tu recuerdo, a matar esa noche que pase a tu lado mientras tomaba tus manos temblorosas y rezaba a tu favor, aquí en esta ventana ya descolorida por el viento solano, aquí decido al fin desprenderme de mi pasado contigo, simplemente porque no puedo esperarte más.

Parecerá egoísta pero no puedo seguir manteniendo una añoranza que es más grande que yo, una tristeza que me ha consumido desde la última vez que te vi y solo giraste y seguiste, ni una palabra, ni un gesto, ni siquiera una mirada asqueada. No puedo quedarme en esta ventana.

Me dirás que es lo mejor, pero si pudieras venir a ver la casa me darías la razón y volverías sin pensarlo dos veces, pero ya no quiero mostrártela, desde que saliste muchos entraron y ensuciaron el piso y las paredes, no te dolerá porque igual no quisiste pintarlas; los cuartos que antes iluminabas con esa sonrisa que tanto amé, ahora perpetúan la oscuridad silente de la soledad etérea, válgame Dios la oportunidad de poder volver a tener paz.

El aroma a margaritas aun lo conservo en mi mente, te necesito, pero no puedo esperarte, no puedo seguir creyendo en ilusiones vagas, perdóname si en mis palabras soy demasiado torpe, pero prefiero que me recuerdes torpe y no insulso, así como estoy ahora, hueco y sin nada, igual que cuando llegaste.

Dejare la casa que quería compartir, no tengo nada que hacer aquí, pensarte es inevitable, pero ahora lo hare de manera menos negra, menos dolorosa, con esta última carta quiero darte el adiós definitivo de mi vida, a la verdad me siento impelido a decirte esto por única y última vez, conmigo hubieras sido feliz.

Conmigo hubieras llorado y serias comprendida, porque yo también he vivido lo mismo que tú, no tenía más nada para darte, al igual que tú, no tendríamos problemas por lo precaria de la situación alrededor, porque nos tendríamos el uno al otro para soportar la inclemencia del mundo que hoy se torna más oscuro y triste.

Perdóname, pero conmigo hubieras cumplido tus sueños, porque yo solo solicitaba de ti la compañía, el afecto que permanecía en ti aun después de tanta trivialidad, conmigo hubieras alcanzado el cielo, pero me temo que sin ti solo me he acercado al tormento incesante del yermo. Lo siento, pero ya no puedo esperarte más.

Quise inmortalizar tu reminiscencia en mí, pero resulta que hasta hoy he tenido fuerzas, no admito más que mi derrota, aquí, al pie de esta ventana juro con mi alma mortal y vana, que dejare de buscarte, que dejare de pensarte, que dejare en esta lagrimas un susurro que haga imperecedero mi sufrimiento, pero que a la vez pueda sanarme después de tanto tiempo. Lo siento eternamente, no quisiera tener que decirlo tantas veces, pero, no puedo esperarte más.

…Y sin más, le dije adiós, esperando la reacción, pero no hubo respuesta, no hubo una razón para que se quedara, ahí me di cuenta de que no era más que un ser vacío, en un mundo vacío.

 



Louis Hudson

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Editado: 17.02.2018

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