El Amor del Último Vidente

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Ezequiel

No pude conciliar el sueño en toda la noche, el evento de ayer en la mañana me hizo tener constantes pesadillas. En todas ellas el asesino era un espantoso ser que, o bien me dejaba ciego, o me torturaba hasta la muerte.

Mucho antes del amanecer ya me había rendido y no intenté volver a dormirme. En cambio salí a correr por mi extenso jardín. Eso me ayudó para relajarme y olvidar todos esos horribles sueños. No obstante, aún sigo un poco intrigado por la decisión de Elyon de hablar conmigo en el transcurso de esta mañana, él siempre me había atendido en el momento en el que se lo pedía, pero no esta vez. Pienso que se debe a que el asunto de la visión sorpresa no es tan importante como yo lo veo, espero que sea eso.

Me encanta la sensación de cansancio después de hacer ejercicio, en realidad no soy de los que se ejercitan todos los días, pero cuando lo hago, la satisfacción es de verdad agradable.

Me tiro en el pasto para descansar, está frio, pero mi cuerpo ha sudado tanto que es reconfortante sentir algo fresco en la espalda, solo espero no enfermarme, detesto cuando eso pasa.

El cielo aún está oscuro, pero a diferencia de otras noches, puedo ver algunas estrellas. Es un hermoso espectáculo el mirar las constelaciones. En una ocasión tuve la oportunidad visitar el centro meteorológico del estado. Tenían un telescopio que era cinco veces mi tamaño, con él pude observar algunos planetas y estrellas. Ese día decidí que sería astronauta, ahora me rio de ese pensamiento. La vida de vidente es complicada en extremo, pero no la cambiaría por nada, ni siquiera por una ida a la luna. En mis visiones si quiero puedo ir, y es tan real como yo mismo.

Me meto a la casa y voy directo a darme una ducha rápida.

El día de hoy llegué temprano a la oficina. Estaban ahí varios agentes y detectives que ya terminaban su turno. Saludé a todos los que me topé y luego me encerré en mi oficina, prefería estar solo cuando Elyon quisiera hablarme. Sin embargo, llegada la hora de entrada de Rebeca, fue directo a donde yo estaba.

—Buenos días—me saluda— ¿Cómo fue tu noche?

—Hola Becky. Me fue regular, no pude dormir bien—contesto.

—Me imagino, ayer te fuiste muy apresurado de la escena del crimen.

Empiezo a oler que Rebeca me preguntará de nuevo por lo que vi, o no vi. Me quedo callado, espero que así entienda que no debo hablar de ello y que en realidad fue mucho lo que le dije ayer.

—Zequi perdóname por ser tan preguntona—se acerca más a mí y se sienta a mi lado—, sé que soy inoportuna a cada momento, pero… primero que nada, debes saber que todo lo que veas es información valiosa, y segundo, sé exactamente quién eres y la carga tan pesada que llevas encima.

—Becky—me quito los lentes y froto mis ojos—, si de verdad sabes de lo que hablas deja de insistir para que te dé más información. Nadie que sea como yo, debe compartir lo que ve. Las personas siempre querrán saber más una vez que empiezan.

—Eso lo sé, muy bien. Pero no me interesa otra información fuera de estos casos, créeme.

No tengo idea de cómo es que Becky sabe lo que yo soy, ni siquiera entre videntes nos conocemos, es probable que me haya topado con algunos en mi vida y no lo haya notado. Parte de mí desea confesarle a Becky mi secreto, aunque tengo a Elyon conmigo y siempre puedo contar con su apoyo, siento que necesito a un humano a mi lado, ayudándome, y Rebeca ha sido mi amiga desde que entré a la policía, sería la única persona en quien confiaría de verdad.

—No puedo Becky—digo con firmeza.

Ella se levanta y comienza a caminar por mi oficina. Las fotos que tenía la última vez en el escritorio siguen ahí. Toma la de en medio, la que fue del primer caso del asesino rojo y la mira.

—Muy pocos saben, que ella era mi sobrina—dice refiriéndose a la chica de la foto—. Esto fue antes que me uniera a la policía. De hecho, su muerte fue lo que me impulsó a ingresar a la academia. He soñado con atrapar a este desgraciado desde entonces.

—Me dices esto para que te revele más información—concluyo—. Pero en ese caso, menos lo haré. Si la venganza es lo que te impulsa para atrapar al asesino rojo, entonces estás mal y serás como el resto que solo usa la información para su beneficio.

Ella se ríe sin ganas.

—No, no te lo digo por eso. Te lo digo porque ella era igual que tú, veía cosas que nosotros no. Y tal como tú, jamás se lo dijo a nadie. Pero un día la encontré en su habitación, estaba sentada al borde de su cama y miraba al vacío, como si su mente se hubiera desconectado de su cuerpo. Me asusté y la sacudí con fuerza. Ella despertó y después de eso me confesó lo que era. Me contó de todas las restricciones que tienen, que no pueden revelar el futuro a las personas normales y que tampoco pueden usar esa información para su propio beneficio. Son servidores anónimos de la humanidad.



Elizabeth Pineda

Editado: 17.06.2018

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