El Amor del Último Vidente

Tamaño de fuente: - +

11

Keren

Visitar a Ezequiel para pedir su ayuda me dejó tranquila, sentí que de verdad podría hacer algo por mí y me fui más optimista. No obstante, abrí mi mente a muchas posibilidades, quería estar preparada para todo. Por ahora, seguiré el consejo de Ezequiel y me dedicaré el día entero a mi hijo. Lo veo con ternura mientras juega en el asiento del camión con su dinosaurio. En ocasiones me gustaría saber qué cosas pasan por su cabeza, debe ser fascinante el mundo de los niños.

De camino a casa, se me ocurren varias ideas para hacer con él, podríamos jugar pelota en el parque, ver sus dibujos animados favoritos o podríamos cocinar algo juntos. Lo mejor será que él decida, después de todo, este día le pertenecerá a él.

—Hijo ¿te gustaría que hiciéramos algo especial hoy?—le pregunto.

El deja de jugar con su dinosaurio de plástico para mirarme, pareciera que no termina de comprender lo que le acabo de decir porque no me responde nada, incluso vi en sus ojos cómo se plantaba la tristeza en su interior.

Se giró de nuevo para mirar ahora el exterior y sólo eso, como si mi comentario le causara más decepción que alegría. Me quedo con el corazón en un puño por esa acción. Con ella me dijo mil cosas; que lo he descuidado, que ya es muy tarde para intentar recuperarlo, que le da igual lo que haga o no y mucho más. No hay peor cosa en este mundo que decepcionar a un niño. Solo una persona de corazón tan duro puede llegar a cometer tan reprobable acción y creo que esa he sido yo, una mujer de duro corazón para con su hijo.

Tomo su manita para que me vuelva a prestar atención.

—Te amo Esteban—pronuncio cada palabra con énfasis, para que no le quede duda que es verdad.

Se inclina hacia mí y se recuesta en mi regazo, me parece que es así como él me consuela. Acaricio su hermoso cabello lacio y se lo recojo detrás del oído.

—Al llegar te prepararé un desayuno como te gusta ¿sí?

El asiente indiferente ante mi propuesta.

—Y quizá…—continúo—, pueda comprar algunas bolitas de queso para ver dibujos animados.

Esteban se levanta y me mira sonriente.

— ¿Podemos ver el pájaro loco mami?—pregunta.

—Por supuesto mi amor.

Después de eso, Esteban dibujó una sonrisa en su carita que no borró hasta que llegamos a casa y disfrutó del desayuno que le prometí.

Me encantó verlo tan parlanchín conmigo mientras veíamos sus dibujos animados; me dio una cátedra completa sobre quién era Loquillo, Pablo Morsa, Buzz el buitre y un montón de personajes más. No tenía idea de lo mucho que le gustaban estas caricaturas, pero incluso yo me divertí al verlas, fue como regresar a mi infancia.

Pasé un rato tan agradable con él que se me olvidó el sueño que tenía por no haber dormido durante toda la noche, incluso, la amarga visita de la licenciada hacía unas horas atrás. Este tiempo de calidad  me sirvió para reforzar la idea de no perder a mi hijo por ningún motivo y de  hacer lo que sea con tal que se quede conmigo para siempre.

Poco después de las doce de la tarde, mientras veíamos la segunda temporada del pájaro loco alguien tocó a la puerta, de manera inconsciente me sobresalté. Parte de mí estaba esperando que llegaran las autoridades a quitarme a mi hijo, no obstante, cuando me levanté para abrir vi con alivio que no era otro que Ezequiel.

—Hola—saludé—. Pasa, por favor.

Ezequiel entró, se le veía un poco consternado. Sentí que traía malas noticias.

— ¿Qué sucede?—quería que me dijera lo que había pasado sin que le diera tantas vueltas.

Comenzó a mover sus manos nervioso. El verlo así, me ponía más nerviosa a mí. Lo tomé del brazo y lo guié hasta el sofá, él se sentó y se volvió hacia Esteban.

—Hola campeón ¿Cómo estás?

Esteban le sonrió, creo que le agradó desde el primer momento que lo vio, aunque no le contestó, en lugar de eso le señaló la televisión.

— ¿Te gusta el Pájaro Loco?—le preguntó.

El niño asintió con ímpetu, él nunca ha hablado con extraños, aunque le agraden. En ocasiones incluso evita hablar conmigo. Me parece que ya es un problema en él.



Elizabeth Pineda

Editado: 17.06.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar