El Amor del Último Vidente

Tamaño de fuente: - +

18

Ezequiel

Creo que Keren tomó mejor de lo que esperaba mi confesión, la noté muy confundida al principio, como sería normal, pero después que la llevé a una visión conmigo, sentí que lo tomó con calma, bueno, más de la que esperaba.

Nuestra relación cambió después de eso, y para bien, ahora que entendía el por qué la busqué desde un principio, le hizo abrirse a la posibilidad de ser más que conocidos formales. Incluso Esteban me miraba como al tío gracioso, o eso me imaginé yo. Aunque todavía no consigo sacarle ninguna palabra cuando está conmigo. Desde el punto de vista psicológico entiendo eso como la desconfianza en los extraños, pero a la vez el deseo de agradarles para sentirse aceptado. Esteban me analiza muy seguido, quiere saber si puede confiar en mí. Me parece que es un chico muy inteligente y perspicaz, llegará muy lejos algún día, yo lo sé, solo tengo que impulsarlo por el buen camino y animarlo a hacer más amigos.

En cuanto al asesino rojo, he intentado hacer visiones con Keren en la misma habitación que yo, y, aunque la neblina se ha disipado de manera considerable, todavía tengo problemas para ver su rostro. Aun es una mancha borrosa que no tiene sentido, lo único que ha sido constante en todas mis visiones, ha sido la capacidad de oír lo que dice, pero siempre es la misma frase monótona y sin sentido: “Tú me la quitaste, yo te los quito a ti”. Le comenté a Rebeca lo que descubrí y ahora hemos decidido investigar todos sus crímenes como pasionales; alguien lo lastimó tanto que se desquita con quienes son felizmente casados.

Revisamos también la tienda de auto servicio a la que Israel llegó, pero, el asesino dejó limpio y en las cámaras no hay nada, eso reafirmó lo que le había comentado a Rebeca sobre el hecho de que investiga a sus víctimas a fondo y planea con minuciosidad cada homicidio, pero nos sentimos optimistas al respecto. Es la primera vez en años que tenemos más de un indicio.

El invierno se despide de nosotros poco a poco, ya hemos entrado al mes de marzo y una fecha importante se acerca, se lo comento a Keren mientras desayunamos en la barra de la cocina.

— ¿Qué te gustaría que hiciéramos para tu cumpleaños?—pregunto.

Ella suelta la cuchara y levanta sus ojos hasta mí, me mira con el ceño fruncido.

— ¿Cómo sabes que será mi cumpleaños pronto?

—Porque estamos casados—le recuerdo—, vi tu acta de nacimiento el día de nuestra boda.

Se endereza en el banco y me sonríe.

—Ah, claro, tienes razón.

—Entonces… ¿Qué te gustaría?

Se encoge de hombros y sigue desayunando.

—No lo sé—responde—, nunca he hecho nada.

Ahora soy yo quien deja la cuchara de golpe en el plato, no es posible que nunca haya tenido una celebración de cumpleaños.

— ¿Qué? ¿Es en serio? ¿Ni siquiera cuando niña?

Keren niega con la cabeza.

—Mi madre nunca tuvo el suficiente dinero como para hacerme una fiesta de cumpleaños—comenta.

La miro con tristeza, yo siempre tuve todo lo que quise. Sobre todo en mis cumpleaños, mi padres siempre se afanaron por darme cada cosa que les pedí cuando era niño, y aún de grande, quisieron regalarme un departamento de lujo en el centro de la ciudad, pero al final no quise, yo necesitaba mi independencia y no la conseguiría dejando que mis padres me siguieran dando todo, así que trabajé duro mientras estudiaba en la universidad para dar el primer pago por la que ahora es mi casa, quería sentir que era completamente mía y mientras estudiaba, también jugaba con las acciones que me correspondían en la empresa de mi papá. Después de su muerte ya no fue necesario seguir trabajando, pues toda su fortuna pasó a mí, pero aún me gusta sentirme independiente manteniéndome por mi cuenta.

— ¿Dónde está tu madre ahora?—pregunto, ese era un dato que aún no tenía.

—Murió, hace diez años ya, de cáncer.

—Oh, lo lamento—digo, sé lo que se siente perder a una madre.

—Está bien, ella y yo nunca fuimos tan unidas. Después de que mi padre nos abandonara cuando yo tenía cinco años ella… no sé, creo que entró en depresión y eso ayudó a que el cáncer la alcanzara.

—Debió ser muy difícil para ti—comento.

Ella suspira, su pasado había sido casi como un tabú entre nosotros, pero creo que ese mismo pasado es lo que la ha hecho fuerte hoy.



Elizabeth Pineda

Editado: 17.06.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar