El Amor del Último Vidente

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Ezequiel

—Hemos visto esa escena ya diez veces—le reproché en tono cansino a Elyon—, ¿Qué esperas que encuentre ahí?

Elyon detuvo la visión justo a la mitad, cuando el asesino rojo acomodaba el cuerpo de Josué Talamantes en la sala de su casa.

— ¿Crees que ya memorizaste esta escena?—me pregunta Elyon.

—Sí, yo creo que sí.

—Muy bien—Elyon elimina la visión y regreso a la sala blanca donde comenzamos la audiencia—. Dime ¿de qué color eran los botones de la camisa del asesino?

Suelto un bufido, no sé qué rayos intenta hacer Elyon con estas preguntas absurdas, pero me estoy cansando.

—No lo sé, ¿blancos?—respondo, aunque sé que me he equivocado, ni siquiera me detuve a mirar sus botones, ¿quién lo haría teniendo una horrible escena de homicidio enfrente?

—Veamos.

Elyon reinicia la visión. Cuando estoy con él, soy un poco más valiente y tengo las agallas para acercarme al asesino. Observo su camisa, en especial sus botones, quiero ver si de casualidad acerté en el color. Me quedo mudo cuando veo que su camisa, de hecho, no tiene botones, pero aun así, está muy bien cerrada hasta el cuello.

—Qué cosa tan extraña—susurro frunciendo el ceño.

—Observa mejor—sugiere Elyon—, pon atención a los detalles, dime qué cosas no encajan con la realidad.

Hago lo que me pide, observo toda la sala sin perderme de ningún detalle, todo parece estar acorde con la realidad, excepto un tramo de piso. En la casa de Josué hay un poco de polvo en todos lados, pero no en ese pedazo de suelo. Es como si hubieran limpiado un sendero que guiara hasta la puerta trasera del apartamento. Sigo el sendero y abro la puerta, esa puerta debería llevarme a la escalera de incendios y así es, pero esta escalera también tiene algo extraño; no está hecha de metal, sino de plástico. Desciendo por ella, debo admitir que el material se ve muy semejante al metal, pero al tocarla puedo saber con certeza que es plástico.

Una vez en el suelo, continúo buscando aquello que no encaja en la escena. A unos cuantos metros de mí, hay una fuente que ¿arroja agua hacia abajo?, eso es lo siguiente que estaba buscando, es obvio que una fuente invertida no es para nada real. Camino decidido a ella, pero a mitad de mi camino, me doy contra una pared invisible.

— ¡Auch!—exclamo.

Me masajeo la frente, justo donde recibí el golpe más fuerte. Con mi mano tanteo lo que está frente a mí. Es una especie de cristal que se desestabiliza cuando lo toco.

—Es un espejismo—indica Elyon—, está puesto ahí a propósito. Para evitar que veas lo que está detrás de él.

Sigo tanteando con mis manos hasta que encuentro el fin del espejismo y lo rodeo. Elyon tenía razón, el espejismo estaba ocultando un auto viejo y desvencijado.

—Pero que rayos…—susurro confundido.

—Escúchame bien Ezequiel, cada una de estas cosas que no encajan con la realidad, no son más que simples y torpes intentos del asesino rojo por cubrir sus huellas. Pone cada espejismo exactamente en los lugares que estuvo y donde dejó la mayor cantidad de evidencia. Este auto, es el que usó para llegar con el cadáver de Josué, la escalera de plástico es la distracción para que no sepas que fue por ahí por donde metió el cuerpo. Si tú vieras en las visiones las huellas de sangre que dejó en la escalera real, sabrías por dónde llegó, por eso colocó una escalera falsa en la visión, para que cuando tú la vieras no encontraras ninguna huella, ninguna mancha y así no tuvieras ni la más mínima idea de cómo entró al apartamento.

Caigo de rodillas al suelo y apretando mi cabeza con mis manos. Estoy muy confundido.

—Pero ¿cómo lo hace?—pregunto desesperado— ¿cómo sabe colocar estos espejismos?

—Tienes que descubrirlo—me asegura Elyon.

Me quedo pensando, esto es más grave de lo que imaginaba.

—No, no, esto está muy mal Elyon—recalco—. Si este tipo me puso trampas en las visiones, entonces sabe de la existencia de los videntes y peor aún, sabe desequilibrarnos y usar nuestro don a su favor.

—No, no es así. En realidad es un tipo muy torpe que lo único que ha hecho es dejarte un camino de migas para que lo encuentres, sólo sigue todo lo que sea irreal y pronto darás con él.

—Pero ¿sabe de nuestra existencia?



Elizabeth Pineda

Editado: 17.06.2018

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