El Amor del Último Vidente

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24

Pablo

Un frío cadáver yacía sobre una plancha en mi mesa, el bisturí estaba listo en mi mano y lentamente descendió hasta hacer contacto con la piel del difunto. Hice un profundo y largo corte por todo el esternón de la víctima y comencé mis estudios. Recitaba a una pequeña grabadora que guardaba en mi bolsillo todo lo que veía, cada cosa resaltante que pudiera notar en el cuerpo era de vital importancia para la investigación.

A la mayoría de mis compañeros de trabajo les causa escalofríos visitar la morgue, pero a mí me gusta este lugar. Es muy tranquilo y siempre he pensado que dan más miedo los vivos que los muertos, pero claro, aprovechándome de esa idea que muchos tienen sobre muertos andantes, he gastado varias y muy buenas bromas a todos, en especial a Ezequiel, quien siempre ha sido mi mayor reto. Creo que de todas las bromas que le he gastado, solo una ha tenido el efecto deseado. Es un tipo bastante rudo, aunque debo admitir que hoy en día, ya no lo es tanto. Jamás hubiera pensado de él que se ofreciera a ayudar a alguien, como lo vi hacerlo hoy, cuando ayudó a Deb a recoger sus cosas después que hubo chocado contra la puerta de la cafetería. Creo que Keren lo ha cambiado bastante, o al menos lo estaba haciendo. No me explico lo que pudo haber sucedido entre ellos para que se dejaran, Ezequiel se veía tan feliz con ella, era más atento con todos, ya no llegaba a la oficina con cara de pesadumbre, al contrario, siempre estaba con una sonrisa, saludaba, bromeaba y se abría más en sus sentimientos y de pronto hoy, me dice que ya no está con Keren. Si algo deseo en toda esta situación, es que no sea algo irreparable. Me agradaba el Ezequiel que era feliz casado.

Apago un momento la grabadora, hay cosas que debo anotar y otras de las que debo estar bien seguro antes de grabarlas. Desde los inicios del asesino rojo, los forenses de esta agencia de policía hemos tenido una cantidad inmensa de trabajo. No solo basta con echarle un vistazo a los cadáveres que deja, debemos dar una, dos, hasta tres repasadas a cada cuerpo que nos mandan de su caso, todo con la esperanza de que haya cometido algún error en la ejecución de su crimen.

Tres forenses me han precedido en esta agencia y ninguno ha encontrado algo que sea de mucho valor para dar con el paradero del asesino; tengo la esperanza de ser yo quien encuentre algo prometedor y que gracias a ello lo atrapen. No obstante, pienso que gracias a Rebeca, mi trabajo no es tan valorado como debería. Quisiera que supiera que si me diera más recursos y libertades, desde hace mucho tiempo que habríamos atrapado al asesino rojo. Pero, creo que no puedo hacer nada, no toman en cuenta mis opiniones cuando les digo que la morgue necesita instrumentos nuevos y mejores, siempre me responden que es un gasto innecesario.

Mientras estaba concentrado escribiendo en mi reporte, oí que alguien llamaba a la puerta. Levanté la cabeza y vi a través del vidrio la cara de Rebeca. Dejé mi bolígrafo en la mesa y fui a abrirle.

—Hola—saludé—, qué milagro.

—Vine por los resultados de la autopsia del cuerpo de Saúl Jiménez—dice frunciendo la nariz. Nunca le ha gustado el olor de la morgue.

— ¡Oh, sí! Ya los tengo—contesto.

Camino hacia el archivero que contiene todos mis reportes de las autopsias que he practicado desde que entré a trabajar en la agencia. Tomo un sobre amarillo que tiene escrito el nombre completo de Saúl y se lo entrego a Rebeca. Ella lo abre y saca los papeles para darles un rápido vistazo. Mientras ella lee, pienso en Ezequiel y en hacer algo por él, ahora que está pasando por un momento muy complicado.

— ¿Has visto a Ezequiel?—pregunto retorciendo mis manos. La verdad, Rebeca me impone mucho.

—Creo que lo vi en la mañana, cuando llegó—contesta sin levantar la vista de los papeles.

— ¿No notaste algo raro en él?

Rebeca levanta la mirada hasta mí y frunce el ceño. Mueve los ojos levemente hacia la izquierda, como recordando cuando lo vio.

—No, no lo creo ¿Por qué?

Dudo un instante si me concierne a mí decirle lo que sucedió con el matrimonio de mi amigo, pero conociendo a Ezequiel, se hará el fuerte, nunca dirá nada y Rebeca seguirá explotándolo como siempre; así que termino confesándole lo que sé.

—Voy a decirte algo que sólo yo sé ¿de acuerdo?—digo en voz baja. Rebeca asiente y me mira expectante—. Ezequiel y Keren ya no están juntos, me lo dijo hace rato.

Mi jefa vuelve a fruncir el ceño y ahora me mira como si no me creyera, creo que mi fama de bromista no me ayuda ahora.

— ¿Qué?—pregunta.

—No me mires así—me defiendo—, es cierto. Nada más ponle atención a la cara de tragedia que trae hoy. Esa es suficiente evidencia de que lo que te digo es verdad.



Elizabeth Pineda

Editado: 17.06.2018

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