El Amor del Último Vidente

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Epílogo

Ezequiel

Cinco años después:

La vida no podría ir mejor para mí y mi familia. Han sido cinco años de felicidad y de mucho aprendizaje. Extraño la vida de vidente, poder ayudar a las personas y resolver conflictos al lado de Elyon, pero estoy feliz con la vida que tengo ahora. Mi familia es mi prioridad y quien más necesita mi ayuda en estos momentos. Todos estamos contentos, los cuatro, Esteban está fascinado con la idea de ser el hermano mayor, le pone mucho empeño a su trabajo de cuidar de la pequeña Linda, nunca la deja sola y siempre está intentando enseñarle algo nuevo, y pienso que hoy, en la celebración de su quinto cumpleaños, se esforzará al máximo por darle un estupendo regalo. Nos ha estado pidiendo infinidad de cosas a Keren a mí, y siempre que le preguntamos qué es lo que planea, sólo responde que es una sorpresa para su hermanita. La verdad, hasta a mí me da curiosidad, pero lo dejaré terminar y luego veré qué era lo que planeaba con tanto esmero, por ahora tengo muchos problemas con el techo de globos que Keren me pidió que colgara en el jardín. No puedo encontrar un buen lugar donde colgarlo y se quede quieto.

— ¿Cómo vas?—me pregunta Keren mientras acaricia mi espalda.

—Pues… ¿De verdad crees que sea necesario tener un techo de globos? Ya hay muchos globos en todas partes.

Keren se ríe por lo bajo con un tono muy sarcástico.

—No, no, ya sé lo que intentas hacer—responde abrazándome por la espalda—, no voy dejar que te rindas y dejes mi techo ahí tirado.

—Creí que era el techo de Linda ¿No es esta su fiesta de cumpleaños?—digo y le devuelvo el abrazo.

—Claro, pero yo soy la artista detrás de todo esto, además, sabes que mi niña siempre está de acuerdo conmigo.

—Lo sé, ustedes las mujeres tienen a los hombres de esta casa de cabeza—contesto mientras le doy un beso en los labios.

Keren se ríe complacida, sabe que lo que acabo de decir es pura verdad, ni Esteban ni yo nos podemos resistir a lo que ellas quieren.

—Por cierto ¿Dónde está Esteban?—pregunta Keren— hace rato que no lo veo.

—Cierto, ya debería haber bajado—contesto y suelto a Keren—, tal vez siga preparando su sorpresa.

—Sólo Dios sabe lo que ese niño trae entre manos—comenta Keren divertida.

Le acaricio la barbilla y sonrío.

—Iré a buscarlo—le aviso.

Me giro y camino hacia el interior de la casa, pero Keren me da una nalgada antes de que me aleje mucho de ella, la miro por sobre mi hombro como advirtiéndole que luego me las cobraré, ella se ríe con esa sonrisa traviesa que tiene.

Cuando entro en la casa, otra hermosa mujercita me recibe corriendo rápido hacia mí.

— ¡Papi!—grita— ¡Mira mi vestido nuevo!

— ¡No puede ser!—digo poniendo mis manos en mi boca— ¡Estás hermosa princesa!

Me inclino hacia ella y la cargo en mis brazos, está sonrojada por mi anterior comentario.

— ¡Mírate!—le digo— serás la cumpleañera más hermosa que jamás haya visto.

Mi hija se ríe complacida por lo que le dije y me abraza fuerte.

— ¿Dónde está tu hermanito?—le pregunto.

—Arriba, en su cuarto ¿Por qué no me deja entrar, papi?

Bajo a Linda al piso para contestarle su pregunta.

—Pues, creo que te prepara una gran sorpresa. Tú sabes que tu hermanito te quiere mucho, seguro que se está esforzando por darte lo mejor.

Linda sonríe complacida.

—Iré a verlo, en seguida bajo con ustedes ¿de acuerdo?

Ella sonríe y asiente para luego salir corriendo hacia donde su madre está. Subo las escaleras hasta llegar al cuarto de Esteban. Poco antes de llegar escucho voces en su habitación, la puerta está entre abierta, me asomo por la rendija para  ver con quién habla. Me doy cuenta de que en realidad es sólo su voz la que se oye, pero sus palabras siempre forman una respuesta a alguien que no puedo ver ni oír.

—Sí—dice Esteban—, yo soy valiente, como mi papi.

—Claro que quiero ayudar—continúa—, es lo que más me gusta hacer.

Guarda silencio unos segundos, como si estuviera prestando atención a quién le habla.



Elizabeth Pineda

Editado: 17.06.2018

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