El amor no conoce de géneros

Tamaño de fuente: - +

32

Me pareció un poco extraño ver como por momentos Leonellys no quitaba la mirada de Alexa, ¿le habrá gustado? Espero que no...
Estábamos aun tratando de incorporar a Rebe, la verdad que estaba muy mal. Tuvimos que de un lado tomarla Leo y del otro yo, para salir hasta donde se encontraba el auto.

—Te vas en el carro de Becky— sentenció Leo, era lo correcto, no podía dejar el auto abandonado. No era tan buena conductora, pero la distancia era corta. Podríamos llegar a salvo o eso es lo que pienso.

—Me parece bien— hablé, mientras me acercaba a Alexa, Leo podría hacerse cargo por unos minutos de Rebecca.

—Perdón, por todo esto que ha pasado, y gracias por traerme hasta aquí— agradecí a mi doctora favorita.

—No te preocupes, yo por ti haría cualquier cosa que estuviera a mi alcance— declaró, sonriéndome.

Es una mujer demasiado buena, que no sé si me la merezca. Me tome el atrevimiento de acercar mis labios a los suyos y dejar un corto beso.
Quedó pasmada por mi acción, no se lo esperaba.
Comencé a caminar hacia atrás sin dejar de ver la hermosa sonrisa que me regalaba.

—Si ya terminaste con tu escena de película cursi, ayúdame que está apunto de caérseme— soltó Leo. La ayude con el bulto, bueno con Rebe, mientras la abogada buscaba las llaves dentro del bolsillo del pantalón, espero solo este haciendo eso.
Cuando las encontró quito el seguro del auto para poder subir a mi jefa en el asiento del copiloto.

—Cuídala con tu vida— inquirió Leo con voz demandante, antes de entregarme la llave.
Simplemente asentí, no tenía por qué contestarle.
Me subí, encendí el auto, era hora de marcharse a casa. Empecé a manejar, no obstante, pude observar como Leo se acercó a Alexa.

¡Aléjate de mi chica!

Esta vocecita a veces resulta molesta.

—¿En que momento despertaré? — escuche hablar a mi jefa. Mire para su lado, y vi cómo me observaba.

—¿Pasa algo?— Indagué

—Si. Que no quiero despertar, porque deseo seguir viéndote, eres un lindo ángel.
No sabía que le podía afectar tanto el alcohol, está alucinando. Aunque sonreí por sus palabras.

—Soy Sara, su empleada— Se que no debería responder, porque no se encuentra en capacidades de entenderme, pero no perdía nada.

—El amor de mi vida— di un frenazo, debe ser un error lo que escuché.

—¿Qué dijo?— pregunté

—¿Qué?— me miró con sus ojos achinados por todo lo que ha llorado. Perdía mi tiempo, su borrachera la hace hablar sin sentido.
Maneje unas cuadras más, hasta que estacione en la zona permitida. Ahora el suplicio sería poder llevarla hasta mi piso.
Me retire el cinturón de seguridad, para poder salir del coche y ayudar a mi jefa.
Abrí su puerta para encargarme de sacarla, me incliné para presionar el botón.

—Esto me recuerda a nuestro primer beso— susurro Rebe, antes de que pudiera liberarla, mire a su costado, algo confundida.

—Está muy borracha— sentencie, volviendo a intentar quitar el seguro, pero tomo mi rostro, y me plantó un piquito, abrí mis ojos y me tape los labios con las manos.
Camine hacia atrás, mi jefa se atrevió a besarme.

—Así fue nuestro primer beso— mencionaba muy sonriente. No entendía de qué hablaba, hasta que mi cerebro hizo clic. Se estaba refiriendo al día que me llevo a casa por haber tomado... ¡¿Mi jefa me había besado aquella vez?! y yo ni siquiera pude disfrutarlo.

Ok. No, ese no debería ser el problema, me besó cuando estaba en estado etílico, eso está muy mal. Mañana que este con todos sus sentidos lo hablaremos.
Me acerque nuevamente para quitar la seguridad, pero me sorprendió que pudo hacerlo ella sola.
Fue lo mejor, no quería acercarme y me sorprendiera otra vez.

No estaría mal
Esa no soy yo, bueno... es mi voz interna.

Le extendí mis manos, para ayudarla a levantarse, las tomo logrando poder estar de pie sin dejar de tambalearse, claramente. Cerré la puerta y puse seguro.
Pase el brazo de mi jefa por mi cuello, así tendría una mejor estabilidad.

—Sarita, ¿por qué nadie me quiere?— iba desvariando Rebe, mientras caminábamos hacia el ascensor

—Todos la queremos— Afirme.

—No creo, mi esposa me es infiel, la chica que me empezaba a gustar ya tiene a alguien —¿Le gusta otra chica? Demonios, no puedo creer en sus palabras, que está borracha.
Pero fue inevitable no sentir unas punzadas en el corazón.

Había conseguido meter a mi jefa al departamento, no es nada fácil, es más alta que yo y su peso es diferente. Pensé dejarla en el mueble, sin embargo, no quería que se lastimara, no tuve otra opción que llevarla hasta mi habitación. Con cuidado la senté en mi cama, me puse en cuclillas para retirarle los zapatos.

—¿Eres feliz con la doctora?— Nunca había hecho tantas preguntas en un solo día.
Alce mi mirada, me dolió ver sus ojos grises perdidos, sin aquel brillo vital que tenían. Cómo odiaba a su esposa.



May

Editado: 23.10.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar