El amor no conoce de géneros

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Sara POV

Ya era tiempo de conseguir trabajo, no podía permitir que mis padres siguieran pagando el departamento donde vivía. Estaba egresada, solo me faltaba terminar mi tesis para recibirme de abogada.

Comencé a revisar los anuncios en el periódico, hasta que vi uno, pedían una asistente en uno de los bufetes mas importantes del país.

¿Sería mucha ambición aspirar a ese cargo?

Al siguiente día fui temprano a la empresa con mi carpeta.

¡Madre mía!

Habían muchas personas que al igual que yo, querían ese puesto. Me pase toda la mañana esperando, hasta que entrando la tarde tuve mi turno, ya pensaba darme por vencida.

Toqué la puerta y esperé hasta que pudiera entrar.

Escuché, su pase.

Estando adentro... pude observarla, y me sorprendió. Siendo uno de los bufetes mas importantes que hay, no conocía a la dueña. Es una mujer joven, con unos ojos grises como si de un cielo nublado se tratara, cabello castaño. Me la imaginaba muy distinta.

Una señora petulante, con aires de grandeza, que todo le apesta. Gran error.

Desde el comienzo le deje claro mis intensiones, no podía desaprovechar la oportunidad, debía ser contundente si quería tener ese puesto. Al parecer le gustó mi forma de ser, porque tengo un mes para demostrarle que soy capaz y claro que lo soy.
No por nada fui una de las mejores egresadas. Voy a poner todo de mi, para ser la futura asistente de Rebecca Sander.

Era una mujer muy exigente, pedía todo a la perfección y me esmerada al máximo para lograrlo. Estaba por cumplir el mes y había logrado llevarle el ritmo de trabajo, sabia que era cuestión de tiempo. Ahora podía anticiparme a sus pedidos, la analicé muy bien.

Laura Sáenz era otro cuento, es responsable lo admito, pero su vida personal un lío, mas de una vez he tenido que contestar las llamadas de chicas que hablan para insultarla y claro, yo me aguanto todos sus insultos.

Es una mujeriega...

Al comienzo me sorprendió saber que mi jefa era lesbiana y que además estaba comprometida, no me sentí incómoda, porque da igual de quien te enamores. El amor no conoce de géneros.

Su vida privada la maneja de esa manera, creo que por eso nunca conocí de aquella información.

Sin embargo, lo que si me molesta un poco, es la actitud de su prometida; se cree superior a todos y nos mira por encima del hombro. No entiendo como Rebecca siendo una mujer noble —a veces— porque en los juzgados no tiene piedad, es muy buena en su trabajo.

Me desvié del tema.

Retomando a lo anterior, es que su prepotencia no tiene limites, que le cuesta llegar y saludar no es como si se le fuese a caer la lengua por ese acto.

Fuera de eso, todo marchaba sobre ruedas. Por fin tenia mi puesto asegurado. Cuando salí de su despacho lo primero que hice fue llamar a James, debía darle la noticia.

—Bueno— tenia su voz adormitada. Pero si es medio día.

—James, ¿aun duermes?

—Ayer llegué muy tarde. Dime ¿qué quieres?

Con esas maneras se me había ido el interés por contarle, mi gran noticia.

—Nada, se me olvidó lo que tenia que decirte. Sigue durmiendo— No lo dejé que hable y corté.

Teníamos dos años juntos, pero no se que ha pasado este último mes ha cambiado mucho, solo pasa en fiestas. No es el mismo del cual me enamoré, no hay detalles, ni sorpresas. Todo es monótono, solo me busca cuando quiere sexo. Creo que tengo que solucionar este problema.

Decidí llamar a mi mejor amiga.

—Hola, Sarita. ¿Cómo así te acuerdas de mi?

—Siempre me acuerdo de ti. Solo que el trabajo me ha tenido muy ocupada.

—Si, claro. Gran excusa.

—Es en serio, pero te tengo una buena noticia... Pasé la prueba, soy oficialmente la asistente de Rebecca Sander.

—Sabia que lo harías, ¡Eres la mejor! Esto debemos celebrarlo y yo conozco el lugar ideal.

—¿Debo preocuparme?

Mi amiga es un poco loca y fiestera.

—Tú, tranquila, lo vamos a pasar muy bien. En la noche paso por ti, adiós Sari...güeya.



May

Editado: 23.10.2019

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