El Amor y otras drogas Adictivas

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Capítulo 3

"Nunca están solos los que están acompañados de nobles pensamientos"

Sir Philp Sidney

 

              "Su voz lo llamaba entonando las mismas notas que su corazón al escucharla. Era mágica y desplegaba su ser diáfano y deseado alcanzando a tocar sus notas oscuras y proclamándolas suyas en un acto de subversión. No podía apartar los ojos de ella, de aquellos mares invencibles que obstinadamente lo envolvían en sus olas, alentándolo a continuar con el secreto..."

               Se detuvo al oír una notificación de su laptop.

               La noche había caído ligeramente sobre las calles, alivianando aún más la temperatura friolenta y aplastante. Bruno no había tenido opción que regresar a casa a reencontrarse con aquellas personas que lo agobiaban, irritándose con la costumbre de cenar solo en su habitación; pero la oportunidad podía aprovecharse para continuar con el cuento que debía entregar en la clase de literatura. Observar a escondidas la sonrisa de Agustina había sido inspiración suficiente para continuar con la escritura.

               Abrió la computadora a un costado de la cama donde anteriormente había buscado sinónimos y se descubrió a sí mismo cambiando el ritmo de la respiración. No reaccionó de inmediato, se detuvo a observar con un extraño brillo en sus ojos cómo en su chat, saltaban esas palabras que le sabían a gloria. Las leyó varias veces como si necesitara cerciorarse que estaba en lo cierto, que estaba comprendiendo bien y no lo imaginaba como muchas veces en sus sueños. Su corazón latió con fuerza al pulsar el botón de aceptar la conversación y rápidamente se volvió frenético al ver el primer mensaje de la misma. Descubrió que aquel nombre se veía bonito en sus notificaciones.

Agustina Barrios

Ey, ¿cómo vas con nuestra historia?

                 Casi podía escuchar su voz a través de sus palabras. Atisbó una suave sonrisa en su semblante, aunque sin alterar sus rasgos.

Bruno Martin

Estoy escribiéndolo ahora.

                 La sequedad de sus palabras se sintió extraña al otro lado de la pantalla donde Agustina, con lágrimas secas en su rostro, tecleaba con intenciones de apartar sus pensamientos; pero conocía aquellos gestos y sabía de la sequedad con la que hablaba.

Agustina Barrios

¿Qué esperas entonces? Cuéntame cómo va. ¿Le darás un final feliz a esos dos?

Bruno Martin

No necesariamente debe tener un final feliz.

Agustina Barrios

¿Por qué no quieres que los personajes sean felices? ¿Por qué hacerlos sufrir con un amor que no alcanzaran nunca?

Bruno Martin

Porque quiero que sea realista.

               Agustina leyó varias veces el mensaje, meditando acerca de sus palabras, intentando pensar de la forma en que él lo hacía, preguntándose qué clase de vida llevaba como para aceptar una burda realidad sin amor.

Agustina Barrios

El amor entonces, ¿no es real?

              Al otro lado de la pantalla, el joven tecleaba con duda. Hubiese querido decirle qué pensaba ella acerca del tema, qué sentía por su novio y qué clase de vida llevaba o qué base tenía para creer en el amor; pero no se atrevió a conciliar esa confianza.

             Sus pensamientos lo llevaban a ese instante de felicidad que había tenido la oportunidad de presenciar, el disparo de su diáfana sonrisa contra el lóbrego mundo que la rodeaba, pero entonces la explicación surgió del mismo pensamiento; a su alrededor era diferente.

Bruno Martin

Para algunas personas, no. Hay quienes sólo sueñan con conocerlo.

Agustina Barrios

¿Qué hay de ti? ¿Lo conoces?



Miss Wonderland

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En el texto hay: romance, obsesiones, abuso de drogas

Editado: 08.12.2018

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