El Amor y otras drogas Adictivas

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Capítulo 5

 

"Nada nos vuelve tan solitarios como nuestros secretos"

Paul Tornier

La amargura de la soledad de su habitación por la noche lo tenía acostumbrado demasiado. No se incomodaba por ella, sentía alivio y se reconfortaba en la misma con deidad. Rascó su cabeza con nerviosismo a su pesar, pensando en los giros de su historia con Agustina. Se estresaba demasiado por ella, deseaba que fuera perfecta.

Escribió acerca del océano, acerca de las tempestades abrumadoras de un pasado con olas turbulentas y añadió su propia memoria al lienzo para estigmatizarse sin ser notado. La claridad con la que se transformaba la historia lo hacía regocijarse en orgullo y ternura a su vez, una emoción que antes no había sentido por alguien más.

Recordó la pena en los arrepentidos ojos de Agustina luego del episodio en el colegio, las burlas y resentimientos burdos ideados para él no eran cómplices de sus palabras sino más bien un acto de cobardía frente a sus iguales. Podía comprenderla con naturalidad, como si hubiese vivido una situación semejante antes, sus ojos podían hacerlo debatir hasta los más insignificantes sucesos y entenderlo a su manera habitual.

Escribió también acerca del entendimiento natural entre ambos, de sus miradas iridiscentes y sus conflictivas vidas armoniosas a la par de la otra. Estaba inspirado con ella desde la noche anterior.

Nuevamente casi al mismo horario también que el día anterior, oyó el sonido de su computadora sobre la cama.

Agustina Barrios

¿Sabes? Nunca me diste tu celular

Bruno Martin

Nunca me lo pediste.

Agustina Barrios

Tienes razón…

Bruno Martin

¿Te encuentras bien?

Agustina Barrios

En realidad sí, me gustaría pedirte algo, pero no sé qué puedes pensar acerca de ello.

Bruno Martin

Si no lo dices jamás lo sabrás.

Agustina Barrios

Tienes razón.

Mamá se fue al hospital hace un par de horas, mi papá tuvo una recaída y al parecer pasaré la noche sola. Así que… ¿Te quedarías despierto unas horas por mí? Sólo hasta que me sienta segura.

Bruno leyó varias veces más el mensaje, reflexionando sus palabras y tomando el valor que requería para contestar a su petición, intentando sonar exactamente igual de natural que lo caracterizaba con ella. No quería asustarla, deseaba que pudiese confiar en él casi tanto como él confiaba en ella; que recuperara aquello que había perdido esa última noche Virginia antes de partir.

Bruno Martin

Claro que sí. Puedo acompañarte en tu casa si quieres.

Ella, al igual que su compañero se tomó su tiempo en responder con sinceridad. La idea de traerlo consigo a su casa mientras estaba sola no parecía realmente peligrosa; sentía que podía confiar en él, que su compañía la destensaría en la mala situación que la abordaba, que sus ideas y estrés finalmente podrían despejarse con Bruno a su lado; y eso la asustaba.

No entendía de dónde nacían sus palabras tan sencillamente alentadoras de su persona, no comprendía el grado de acercamiento en el que se enredaban con deidad y obstinación como tampoco la fuerza que la impulsaba a llamarlo cuando caía en su depresión. Había estado con ella cuando nadie más lo había hecho y había sabido comprenderla mejor que cualquiera que la conociese mejor. No debía temer a ser comprendida.

Agustina Barrios

Gracias. Me gustaría.

* * *

— ¿Qué te gustaría ver? —preguntó ella sentándose junto a él en el sofá de una pieza con un tazón de papas fritas en sus manos.

Era la primera vez que invitaba a un hombre cuando estaba sola en casa y se trataba nada menos que Bruno Martin. Aunque quisiese contárselo a sus amigas, ninguna lo creería realmente. Había llegado hacía un par de minutos, no le tomó demasiado tiempo considerar la petición por su parte y apareció en chaqueta oscura bajo un gorro cubriendo su cabello oscuro también.

Sonrió abiertamente al dejarlo pasar y sentirse en compañía nuevamente aunque la situación extraña lo distorsionara. Sus ojos no divagaron por la sala como había esperado que hiciera, se mostró desinhibido y natural recorriendo su casa como si ya hubiese estado antes, sin levantar sospechas y centrándose tan sólo en ella.

Decidieron ver una película juntos en la sala para sobrellevar el silencio de la casa, pero ambos tenían la certeza de que la conversación fluiría una vez más con rapidez.

—Puedes poner lo que tú quieras, de todas formas lo veré —convino él.

Agustina tomó el control salteando canales observándolo con asombro a cada instante.

— ¿Siempre has sido de esa forma? —inquirió ella. Bruno enarcó las cejas con desconcierto. —Me refiero a tu personalidad. ¿Siempre has sido un…? ¿Un…?



Miss Wonderland

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En el texto hay: romance, obsesiones, abuso de drogas

Editado: 08.12.2018

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