El Ascenso del Loto

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4.

— ¿Y esto? —preguntó Yuril, arqueando una ceja. Frente al mago se encontraba su aprendiz, Lotus, sonriendo de oreja a oreja mientras sostenía un pequeño saco verdoso entre sus pequeñas manos.

— ¡Lo robe, Maestro! Sin ayuda de nadie —le contesto con orgullo, inflando en pecho cual paloma.

El pequeño llevaba apenas media semana yendo a casa del anciano y ya había aprendido a manejar dos hechizos con éxito; levitación de pequeños objetos, y pantallas de humo, aunque aún no lograba que sus hechizos durasen más de un minuto, se podía decir que estaba avanzando a un buen ritmo.

— ¡Oh! Ya veo, pues es un aceptable primer paso pero, —dijo Yuril, examinando al alegre niño de pies a cabeza. Lo normal en los cuervos era robar joyas y objetos varios para adornarse a sí mismos, lo que denotaba cierto estatus, pero él no veía nada de eso en su alumno, al contrario, el muchacho seguía llevando un par de anillos en los dedos y un simple collar de cuero con una pequeña piedra anaranjada en el pecho— ¿Qué piensas hacer con eso de todas formas? Un joven como tu debería salir en busca de brazaletes, prendedores, tal vez un adorno para ese desastre de cabello purpura…

— ¡Hey! Mi pelo no es un desastre... ¿o sí? —Lotus observó las puntas de su cabello enmarañado, suspirando; su maestro tenía razón.

—Te lo dije —continuo Yuril en tono burlón, apoyándose contra un pilar de madera descascarada que Lotus ni siquiera había visto antes y que al parecer, era parte de un muro separador dentro de la sala.

—Se puso así de camino a su casa —se excusó, formando un pucho— De todas formas no puede criticarme, y el dinero no es para mí, es para usted. Pensé que su alimentación era más importante que un par de anillos o unos aretes.

El semblante de Yuril cambio de repente, eliminando toda expresión. Estaba tan impresionado por la consideración de Lotus que no supo que decir. Era difícil para el sostenerse desde hace unos años, no tenía hijos que le cuidaran o un trabajo estable, no comía bien, pero se mantenía. No era costumbre que un cuervo se preocupara por alguien ajeno a su familia o bandada, asi que el acto de Lotus era algo realmente especial.

 

Ante la insistencia de Lotus, Yuril se vio obligado a recibir el dinero e ir al mercado por algunos víveres como pedía el chico. El lugar estaba atestado de personas yendo y viniendo en todas direcciones mayoritariamente por el aire, asi que el anciano mago decidió tomar la ruta por tierra para poder volver con su aprendiz lo antes posible, ya que lo había dejado practicando su trazo con el pincel para fortalecer sus hechizos. En su trayecto se encargó de comprar pan para la semana, un poco de fruta, harina y sal, además de un kilo de arroz y algo de carne. La bolsa que Lotus había robado tenía bastante oro e incluso, unas cuantas piedras muy bien valoradas, asi que Yuril, como buen mago, no puedo si no tomar la ruta del mercado que dada a las tiendas de insumos mágicos. En aquel estrecho callejón y mientras rebuscaba por unos frascos de tinta en un pequeño puesto, escucho los aplausos de un gran grupo de personas a unos metros de distancia, haciéndole bufar.

—Todo un espectáculo, ¿no? —escucho decir al vendedor. Yuril asintió con un ligero movimiento de cabeza, sin dejar de revisar los frascos uno por uno—. Es una desgracia, pero, es el único mago de Yurem... Un fanfarrón si me permites decir.

Yuril suspiro, mirando de reojo a la multitud. Entre ellas se encontraba Kedat, un hombre alto, de cabello claro y fuerte contextura. Se paseaba por ahí, saludando a las personas como una estrella, pavoneándose con su larga capa de colores vivos y sus miles de joyas de hermoso brillo. Solo verlo hacia que el corazón del anciano se encogiese de dolor e ira, escucharle era incluso peor.

—… entonces cree el hechizo de las luces, así como el portal espejo del que ya les conté, ambos hechizos demasiado poderosos, pero bueno, era de esperarse del mejor mago del reino, ¿verdad? —Su risa hueca y su sonrisa de autosatisfacción era acompañada de alabanzas por parte de quienes le seguían— Que puedo decir, este no es un trabajo fácil. No cualquiera puede ser un mago, ¡mucho menos el favorito de dos reyes! ¡Soy fantástico!

Yuril rodo los ojos, no podía seguir escuchando tantas mentiras juntas, asi que se apresuró a comprar algunos frascos de tintas varias para poder volver a casa. Durante el camino los recuerdos del pasado inundaron su mente, llevando nuevamente hasta el anciano los sentimientos de pesar y desilusión que habían acabado con él.

Al abrir la puerta de su hogar, lo que lo recibió no fue para nada de su agrado. Su aprendiz no estaba practicando sus trazos como él le había dicho, si no que estaba de pie al fondo de la habitación mientras arrastraba una gran bolsa por el piso ahora limpio.— ¿Y esto? —preguntó Yuril, arqueando una ceja. Frente al mago se encontraba su aprendiz, Lotus, sonriendo de oreja a oreja mientras sostenía un pequeño saco verdoso entre sus pequeñas manos.



Camila Díaz R.

Editado: 18.08.2018

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