El asesino de las rubias ©

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Capítulo I. Elizabeth Mod. (Parte III final)

18 horas. One Police Palace, 4° piso.

«Isabela O'hara, nacida el 11 de agosto de 1980 en Los Angeles, Estado de California; a los 17 se mudó con sus padres y su hermano a Nueva York, se graduó en el 2005 en la facultad de Ingeniera de la Universidad de Columbia; soltera, sin hijos; la encontraron asesinada en el living de su casa el 4 de mayo del 2006. Isabela era alérgica a los mariscos y se encontraron por cantidad en su estómago durante la autopsia; amén de las marcas evidentes en muñecas y tobillos que eran pruebas manifiestas de reclusión forzosa, aunque jamás encontramos la soga» señaló la capitana Farwood, frente a todo el equipo reunido en el despacho de la detective Turner.

—¿Y ese tal Jeremy Blastok era el sospechoso principal? —preguntó Thomas leyendo el expediente de la causa.

—Lo era sí —respondió Stacy cruzándose de piernas, sentada en el sillón de cuero amarronado—, trabajaba en el hospital local, con acceso a la historia clínica de la víctima y sus huellas estaban por toda la casa.

—No entiendo ¿entonces por qué no lo arrestaron? —preguntó Stephanie abriendo tan grande sus ojos verdes que parecía que iban a escapar de sus cuencas.

—La familia de Isabela lo reconoció como un buen amigo, lo que explicaba sus huellas en la casa; y el hecho de que trabajara en el hospital de donde, casualmente, había desaparecido el expediente no es suficiente para convencer a ningún juez; máxime cuando no teníamos una causa probable.

—¿Creen que haya sido la misma persona?  ¿Por qué ahora después de tantos años volvió a matar?

—No lo sé, es demasiado extraño —dijo Thomas regalando un gesto adusto—, el primer homicidio parece haber sido extremadamente descuidado; ADN, marcas de tortura, vinculación con su lugar de trabajo; casi estaba gritando por favor que lo arresten, pero este otro es bien distinto; no hay huellas, no hay marcas de abuso físico, no la obligó a matarse sino que la engañó para ver cómo moría....

—Tal vez haya perfeccionado el método; diez años son más que suficientes para mejorar —dijo Stephanie antes de ir con su compañero a visitar al sospechoso a su domicilio.

Entretanto, Randy y Melody Blair, las otras dos patas del trabajo de campo del equipo, volvían al hospital para cerciorarse de que el sospechoso, que había renunciado a su cargo a las pocas semanas de la muerte de Isabela, no hubiera regresado en los últimos días para hacerse de otro expediente clínico.

«Las últimas llamadas, tanto hechas como recibidas, por el celular de Elizabeth son a un número irrastreable, sin embargo, todas ellas rebotaron en la torre ubicada en Roosvelt y Kenedy, a dos cuadras de la casa de nuestro amigo Blastok.» Les informó Charlotte luego de analizar el celular de la víctima.

Encendieron la sirena. A toda velocidad se dispusieron a la vivienda de Jeremy Blastok, único sospechoso del doble homicidio.

«Señor Blastok abra la puerta, policía de Nueva York» gritaba Stephanie con el arma desenfundada cuando de pronto, el ruido inequívoco de una ventana rota, alertó a Thomas de que el sospechoso escapaba corriendo por la parte trasera de su casa. Luego de una ardua persecución por la vía pública, el detective logró detenerlo, tacleándolo por la espalda, y conducirlo esposado rumbo al patrullero.

20 horas. One Police Palace, 1° piso, sala de interrogatorios

—Jeremy, Jeremy —murmuraba Thomas, con la camisa arremangada, caminando de lado a lado en la pequeña habitación—, será mejor que empieces a hablar. Todavía estas a tiempo de una confesión y tal vez el fiscal te tenga algo de piedad.

—Esa oferta culminará cuando terminemos de allanar tu casa y sabe Dios lo que encontraremos allí —remató Stephanie, sonriendo frente al detenido.

—Sigo sin saber por qué me han arrestado —farfulló sentado, respirando con dificultad, agitado—, quiero a mi abogado.

—¿Por qué corriste Jeremy? Solo queríamos hablarte

—Me asusté —respondió mordiéndose el labio inferior—, no es la primera vez que la policía me hostiga con acusaciones falsas.

—¿Te refieres al caso de tu amiga Isabela O'hara? 

—Sí... la policía me arruinó la vida, me difamaron; me ensuciaron; ya nada fue igual después de aquello —se quejó desatando su ira golpeando sus manos contra la mesa—, ese maldito policía es el culpable de todo.

—¿Qué policía? ¿A qué te refieres? —preguntó Thomas frunciendo el ceño.

—A ese tal Sullivan; ya no recuerdo su nombre —respondió moviendo la cabeza de lado a lado.

—¿Brandon Sullivan, te refieres al detective Brandon Sullivan?.

—Sí, a él —respondió y escupió en el suelo con la cara repleta de odio, enrojecida—, no me dejó nunca en paz.



Sebastian L

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En el texto hay: misterio, crimenes, suspenso

Editado: 16.02.2018

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