El asesino de las rubias ©

Tamaño de fuente: - +

Capítulo II. Sarah Stevenson. Parte II

12hs. One Police Palace.

Aún aguardando los resultados de la autopsia y a la espera de que los estudios de laboratorio encontraran huellas del asesino, los detectives arribaron a la sala de conferencias en el cuarto piso para reunirse con el resto del equipo que continuaba trabajando, incansablemente, para resolver el caso.

«Stephanie creo que tenemos algo» dijo Charlotte captando la atención de todo el equipo.

—¿Qué estamos viendo? —preguntó la detective con la vista puesta en la enorme pantalla sobre una de las paredes.

—Nadie entra ni sale de la central eléctrica —dijo Charlotte golpeando sus labios con una birome.

—¿Y eso qué quiere decir? —preguntó Randy frunciendo el ceño.

—Que lo hizo un operador autorizado o bien el apagón fue realizado de manera remota —hablaba Thomas con las manos en los bolsillos de su pantalón, caminando con la vista en el suelo con rumbo a ninguna parte.

—Ok, debemos interrogar a todos los empleados que pudieron estar en aquella central a esa hora —dijo Stephanie tomando su abrigo.

—Yo intentaré dilucidar si vulneraron el sistema a distancia —dijo Charlotte mientras Stephanie y Melody se disponían a interrogar a posibles sospechosos.

El día era hermoso, igual que lo había sido el anterior; sólo el presentimiento de escasas respuestas convincentes opacaba la jornada. Los nervios estaban latentes. Si bien la detective Turner había logrado superar el cimbronazo inicial que significa siempre un caso complejo, amén de que era el primero, con todo lo que eso implica; esta vez, para colmo, su acompañante, lejos de irradiar una alta dosis de soberbia o moverse con aires de grandeza por la vida, hacía sus primeras armas en el campo.

—¿O'Connor? ¿Jeremy O'Connor? —preguntaba Stephanie ingresando a la central eléctrica donde solo trabajaban cuatro operarios.

—Para servirlas señoritas —dijo un hombre delgado, con la ropa desgastada, dando un paso al frente.

—Detectives Turner y Blair —respondió enseñando su placa—. Estamos investigando el apagón de anoche ocurrido en la zona.

—Sí, el apagón, fue terrible —hablaba escondiendo la mirada, como si estuviera avergonzado.

—¿Por qué dice que fue terrible? No es la primera ni será la última vez que ocurre un apagón de esa magnitud —dijo Stephanie sonriendo, buscando la complicidad de su compañera.

—Por supuesto que sí pero no hemos sido capaces de repeler el virus que penetró nuestro sistema —respondió apenado.

Entretanto, Thomas, inquieto, fue por su cuenta hasta la morgue judicial donde se encontraba Lindsay analizando a fondo el cuerpo sin vida de la otrora doctora Stevenson. Parecía mentira. Ayer habían estado interrogándola sobre el caso de Elizabeth Mod y rebozaba de vida; ahora, en cambio, allí tirada, inmóvil, fría, triste; era la prueba cabal o mejor; una de las pocas pistas existentes para intentar llegar hasta al monstruo que decidió cerrar sus ojos para siempre.

—Doctora —gritó el detective Weiz tomando por sorpresa a la forense.

—¡Thomas! Me asustaste —dijo y lo golpeó con la mano abierta sobre el brazo—; pero menos mal que viniste, justo iba a mandarles un mensaje.

—¿Qué descubriste? —preguntó acercándose al cuerpo.

—Como preveíamos, los cortes son en extremo precisos —hablaba mientras señalaba cada corte en el cuerpo de la víctima—, y fueron hechos, teniendo en cuenta las terminaciones, con un cuchillo corvo; de unos 20º diría.

—Interesante —dijo pensando en voz alta, con la mano sobre su barbilla—; o sea que no sólo estamos buscando a un experto en anatomía sino también a un aficionado de las armas blancas.

—Exacto. Hubiésemos reducido el número de sospechosos si lo que hubieran utilizado hubiese sido un bisturí —dijo Lindsay con un dejo de pena en su rostro.

—Es cierto, tanto como decir que hubiera sido menos emocionante.

Con las primeras pistas sobre la mesa, todos los detectives se volvieron a reunir en la sala de conferencias en el cuarto pisto del One Police Palace para escuchar lo que Charlotte tenía que aportar, después de haber revisado el sistema vulnerado de la central eléctrica.

—Amigos míos, siéntense y respiren hondo porque esto es realmente grave —dijo la técnica informática captando la atención inmediata de todo el auditorio—. Efectivamente, como dijo el encargado de la Central, fueron hackeados por un virus fuera de serie llamado BlackFace



Sebastian L

#47 en Detective
#26 en Novela negra
#14 en Novela policíaca

En el texto hay: misterio, crimenes, suspenso

Editado: 16.02.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar