El asesino de las rubias ©

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Capítulo III. Yasmine Ackerman. Parte III final

«Entonces el cuerpo estaba aquí»

Brandon hacía públicos sus pensamientos mientras analizaba la escena del crimen en el parque Jefferson, acompañado por todo el equipo de la Unidad Criminal, e intentaba comparar éste caso con el ocurrido hace un par de años atrás; atendiendo, principalmente, similitudes y diferencias con la desdichada Tracie Jones.

—El ritual parece ser el mismo; no percibo ninguna diferencia respecto de aquel entonces; solo que, claro, el otro fue en Brooklyn.

—¿Qué sabemos de ese tal Alexander Butler? Además de que no está en su casa, obvio —dijo Randy abriendo sus manos, contemplando la circunferencia floreada que ayer nomás bordeaba el cuerpo de Yasmine.

—Nació en Inglaterra, en el condado de Dorset; a los 14 sus padres se separaron y vino con su madre a vivir a Estados Unidos —Stacy ponía al corriente a todo el equipo.

«Se mudaron en varias ocasiones hasta que anclaron en Boston donde Alexander comenzó y terminó su carrera como botánico al cumplir 24 años. Luego de eso, en un viaje de placer en Las Vegas, conoció a Tracy que estaba con un grupo de amigas festejando la despedida de soltera de una de ellas. Evidentemente los efluvios del amor calaron hondo en el corazón de la neoyorkina que se fue soltera y regresó a casa de novia.

—Siempre lo he dicho; jamás te comprometas con alguien que conoces en un viaje —dijo Thomas esbozando una sonrisa en su rostro, ante la mirada incrédula de los demás.

—Como venía diciendo —dijo Stacy fulminando a Thomas con la mirada—, a los pocos meses se comprometieron e iban a casarse el 18 de abril de 2013, pero algo salió muy mal.

—El desgraciado la envenenó con Belladona el 17 de abril —dijo Brandon abriendo y cerrando sus puños, agobiado.

—Más allá de sus conocimientos ¿Por qué estaban tan seguros de que había sido él? —preguntaba Stephanie confundida—, imagino que negó todo en el interrogatorio.

—No hubo interrogatorio —dijo Brandon mientras se agachaba para recoger una piedra del suelo.

—¿Perdón? ¿Qué quieres decir con que no hubo interrogatorio? —exclamaba Melody, atónita por lo que acababa de oír.

—Escapó —respondió el retirado oficial lanzando lejos la roca—, escapó antes de que pudiésemos atraparlo. Su casa estaba vacía, en su trabajo nadie sabía de él; dejó de frecuentar los lugares habituales, incluso sus amigos no recordaban cuándo había sido la última vez que habían tenido noticias suyas.

—Todos decían que era una extraordinaria persona, incapaz de cometer homicidio; y mucho menos en perjuicio de la mujer que amaba —relataba Stacy, sonriendo, con las manos en los bolsillos de su ajustado pantalón negro.

—Pero... —dijo Thomas mirando el suelo.

—¿Pero qué? —respondió Steffanie mirando a su colega.

—Hay algo que aún no nos dicen —respondió mirando a Brandon—, no sabemos por qué piensan que fue él, qué pruebas, además de su carrera universitaria apuntaban al fugitivo.

—Nos faltaba la pata familiar —dijo Brandon con los ojos cerrados y llenando sus pulmones con todo el aire que podía—. Tardamos meses en encontrar a su madre hasta que por fin lo hicimos.

—¿Y ella delató a su propio hijo?

—Lo hizo, sí, pero no del modo que piensan.

—¿Entonces? 

—Hace más de un año figuraba como NN en la morgue estatal —dijo Brandon y echó a reír tanto que parecía un desquiciado.

—La autopsia revelaba que había sido envenenada con Belladona —remató Stacy el enunciado de su antiguo compañero.

—Es raro que un asesino que sabe que lo buscan todas las fuerzas de seguridad irrumpa en escena sin alterar su identidad —decía Thomas meneando la cabeza.

—De hecho no lo hizo —respondió Stephanie con autoridad—, al entrevistar a los padres de Yasmine, hoy en el hospital, dijeron que el prometido de su hija se llamaba Brian Mayer, pero cuando Stacy les enseñó una foto de Alexander Butler lo reconocieron como su yerno.

—No se nos escapará otra vez —dijo Brandon mirando, desafiante, repleto de ira, a todo el equipo—, esta vez lo atraparemos.

La jornada se había transformado en una auténtica locura. Los medios no dejaban de hablar sobre el asesino serial que asechaba las calles de la Ciudad, a la vez que se hacían eco del retorno, más no sea momentáneo, del último héroe uniformado que parecía ponerse al frente de la investigación criminal.



Sebastian L

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En el texto hay: misterio, crimenes, suspenso

Editado: 16.02.2018

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