El asesino de las rubias ©

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Capítulo IV. El cuádruple homicidio. Parte III Final

Entretanto se desarrollaban los picantes interrogatorios, Lindsay intentaba, con pocos recursos, reconstruir cada uno de los crímenes perpetuados en la casa de campo de la familia Beckham, así como también del cuerpo hallado en el maletero de un auto en un estacionamiento alejado del condado.

—¿Qué tenemos? —preguntó Stephanie a la jefa del equipo forense.

—La primera víctima fue esposada y luego apuñalada repetidamente en el abdomen; se ensañó con ella sin ninguna duda —respondió la doctora.

—¿Y las otras? —preguntó Thomas con su pose habitual de dandy, con manos en los bolsillos.

—A la segunda la drogó, desde el laboratorio me confirman que las muestras arrojaron escopolamina...

—¿Escopolamina? Ilústrenme.

—Es una droga de acción casi inmediata, que ingerida en grandes cantidades es terminalmente tóxica. Actúa como un depresor nervioso y de las funciones cerebrales —dijo Lindsay.

—Básicamente te paraliza, no puedes hablar, moverte; la vista se te vuelve borrosa y lo más probable es que te produzca una amnesia temporal —se explayó Thomas.

—Entonces con eso la mató —dijo Stephanie abriendo sus brazos.

—No, con eso la inmovilizó. La asesinó a puñaladas como a las otras víctimas —dijo Lindsay dando el caso por cerrado—. La tercera, tirada en el suelo del dormitorio principal, presenta siete puñaladas en espalda y tórax; y la cuarta...

—La que apareció en el garaje abandonado —dijo Stephabie para estar segura.

—Esa misma, sí —respondió la doctora—, ella presentó traumatismo de cráneo, producto de un golpe contundente, y luego también una saña espeluznante.

—¿Cuántas puñaladas? —preguntó Thomas más por morbo que por relevancia.

—65

—Bueno, creo que debemos volver a hablar con el Senador Beckham —dijo Stephanie mirando a su compañero.

—Buena idea, aunque tal vez debamos sumar a su esposa también —respondió Thomas guiñándoles el ojo a sus colegas.

—¡Por favor Johny estas enfermo! —hablaba su mujer entre llantos desconsolados

—¿Yo? ¿Enfermo yo? Tú arruinaste todo Rachel; fuiste tú las que me avergonzó delante del mundo entero metiendo en nuestras sábanas al jardinero, cocinero, personal trainer y sabe Dios quién más— replicó furioso el senador, echándole en cara su desenfrenada vida sexual.

«¡Tú la mal nacida que se irguió como espejo promiscuo a los ojos de nuestra hija! No, no voy a permitir que me culpes de tus errores. Nada de todo esto hubiera pasado si no hubieras levantado tu falda obsequiando alegremente lo que debía ser mío.

—Por favor Sr Beckham no hace falta continuar por esa vía —lo interrumpió Stephanie, imprudente, inconsciente de que el senador se desmoronaba.

—Esa vía nos trajo a este lugar —dijo arrancándose la camisa, haciendo saltar por doquier los botones—, si tan solo te hubieras dedicado a ser una buena madre...

—¿Está hablando de su esposa o de su madre, Senador? —preguntó Thomas bebiendo un whisky importado que tomó, sin permiso, de la mesada lateral.

—Jamás quise lastimar a Nicole Rogers, solo estaba enfadado con mi mujer y con migo mismo, por no tener la valentía de enfrentar la situación. Llamé a una prostituta sí, solo quería desahogarme —se confesaba sin solución de continuidad.

—La asesinaste —dijo Stephanie apurando una confesión.

—Todo estaba bien, ella era preciosa. Jamás había sentido lo que el roce de aquellos labios me provocaron; me estaba quemando, ardía por dentro; fue la mejor noche de toda mi vida —sonrió acelerando la caída de las lágrimas.

—¿Entonces qué pasó? —le preguntó Thomas mientras su esposa, Rachel, se tapaba los oídos, presa de un ataque de nervios.

—Cuando nos vestíamos dijo que debía llegar a su casa antes de que su hijo la echara de menos.

—Y te recordó a tu madre.

—Debía estar en su casa, ayudándolo con la tarea de la escuela, ¿Cómo pudo abandonarlo por un segundo de placer? —hablaba con el rostro desfigurado, reviviendo las emociones de aquella fatídica noche

—Tal vez por lo mismo que su madre se ausentaba de su casa... amor a su hijo.

—Hay algo que no concuerda. Ninguna de las cuatro víctimas era madre —se preguntaba Stephanie, haciendo participe de la duda a su compañero en el viaje de regreso.

—Tal vez el accionar rebelde de su hija, desesperada por captar la atención de unos padres ausentes, hizo que se deteriorara; no quería que repitiera la misma historia —le buscaba una explicación verosímil.

—No lo sé, tal vez tengas razón ¿pero por qué cuatro mujeres? Además me parece muy extraño que las haya dejado en su propia casa —continuaba buscando respuestas en vano.



Sebastian L

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En el texto hay: misterio, crimenes, suspenso

Editado: 16.02.2018

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