El asesino de las rubias ©

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Capítulo V. Natalia Gólubev. Parte II

El frío se hacía sentir desde temprano y las siempre transitadas avenidas neoyorkinas permanecían dormidas, lamentando el abandono repentino y sorpresivo por parte de los miles de transeúntes que prefirieron mantenerse al abrigo de las frazadas o a los pies del hogar haciendo caso omiso al coma profundo en el que se hallaba la Gran Manzana.

—¿Sigues preocupada, cierto? —Thomas rompió el silencio que imperaba sacando a su compañera del trance en el que se encontraba inmersa—, solo no te persigas, son casos aislados y los has resuelto con gran idoneidad.

—Me asusta que todas las víctimas sean mujeres —dijo con la mirada perdida en la avenida.

—Es raro sí, pero ya asesinaran hombres, no desesperes —dijo Thomas tratando en vano de robarle una sonrisa.

—Y además rubias...

—¿Qué dijiste? —preguntó frunciendo el ceño.

—Cuatro casos, siete mujeres y todas ellas rubias; ¿también es casualidad? —le preguntó con un tinte de sarcasmo.

—Bueno, tú también eres rubia —dijo Thomas sonriendo—, si es como dices tal vez debas dormir con la luz prendida. Aquí es, llegamos.

Al desgano propio que traía aparejado el sábado matinal se sumaban los sinsabores de las teorías conspirativas y la supuesta presencia de una mano negra que, divirtiéndose a destajo con la ceguera auto-infligida por parte de las fuerzas de seguridad, trazaba sus mejores obras utilizando como modelos, bellas muñecas de carne y hueso que, sin prestar consentimiento, eran inmortalizadas como parte de una obra maestra que dejaba expuestos los materiales y las infinitas tonalidades aunque se mostraba reticente a reclamar derechos de autor.

—La encontró el personal de limpieza hace tres horas —indicó Randy vigilando el perímetro.

—Ok, a esa hora la hallaron pero ¿en cuánto podemos estimar la hora de la muerte? —preguntó Stephanie acercándose al cuerpo sin vida.

—Lindsay trabaja en ello, aunque a priori no llevaría más de seis horas —respondió el joven detective.

—¿Seis horas? ¿Qué hacía en el club a la madrugada?

—Había una fiesta, el club celebraba el centenario de su fundación. Varios testigos reportan haberla visto en perfectas condiciones alrededor de la media noche —dijo Melody mientras ataba su cabello.

—¿Vino acompañada? —preguntó Stephanie iluminando con una linterna la cabeza lesionada de la víctima.

—Según los testigos vino sola; su esposo es doctor y anoche le tocó la guardia —respondió Randy con celeridad.

—Bien, vamos a tener que interrogar a todos los presentes; personal de limpieza, catering, asistentes, dueños, etc. todo el mundo deberá compadecer o de lo contrario los arrestaremos por obstrucción —ordenó  poniendo en marcha a la gran cantidad de policías que esperaban directivas para actuar.

—Según pude averiguar la fiesta se celebró en el salón principal y la cancha estaba cerrada; no tenía por qué estar aquí —dijo Melody acrecentando el número de interrogantes a resolver.

—Sin embargo aquí estaba... ¿alguien la atrajo, tal vez una aventura o un engaño? —pensaba Stephanie en voz alta.

—La causa de la muerte es un golpe contundente con ese objeto —dijo Randy señalando una suerte de jarrón, cuya cerámica se hallaba desperdigada por el suelo—, parece más una víctima de oportunidad que algo premeditado.

—Conjeturas, hipótesis, solo eso; debemos centrarnos en ella y descartar que alguien quisiera hacerle daño. ¡En marcha!

Una nueva investigación estaba en proceso, con el único objetivo de traer paz a la familia de la víctima y justicia a su precipitada desaparición, comenzaban los interrogatorios con la esperanza de que ayudasen a armar el rompecabezas de las últimas horas de Natalia Gólubev.

—¿Es usted la dueña del club? —le preguntó Stephanie a la mujer que no dejaba de temblar entre sollozos.

—Sí —respondió con dificultad—, en realidad el dueño es mi marido; yo presido la comisión directiva y la asamblea de padres.

—¿Todos los padres concurren a esas asambleas? —preguntó Melody.

—Solo los interesados, no es obligatorio. En ella conversamos sobre las pautas de conducta; diagramamos todo tipo de actividades recreativas; cosas así —respondió secándose las lágrimas con un pañuelo de tela facilitado por un hombre que sujetaba su mano.

—¿Y qué puede decirnos de Natalia Gólubev?

—Era una excelente persona, una madre extraordinaria, no puedo entender que alguien quisiera lastimarla —respondió mirando al suelo.

—¿Tiene alguna idea de qué podría haber estado haciendo en este lugar? —preguntó Stephanie—, tenemos entendido que la fiesta era en otro salón.

—No, tal vez necesitó tomar aire... la verdad no puedo responder a eso, lo siento.

—¿Era una madre activa, que se involucraba en la toma de decisiones? —continuaba Melody el interrogatorio poco satisfactorio hasta el momento.



Sebastian L

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En el texto hay: misterio, crimenes, suspenso

Editado: 16.02.2018

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