El asesino de las rubias ©

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Capítulo VII. Kelly y Lucy Foster. Parte II

—En el lugar no hay cámaras de seguridad y ni el portero o los vecinos saben nada de un nuevo inquilino, y descartan de plano una mudanza en las últimas horas —dijo Melody luego de una inspección en el edificio de Thomas.

—No tiene sentido ¿por qué inventaría una historia que se desmorona mucho más rápido de lo que tardas en urdirla? —preguntó Stephanie frunciendo el ceño.

—Tal vez no lo hace adrede —dijo Melody buscando darle algo de margen a su compañero.

—Explícate

—Puede que haya estado bajo los efectos de alguna sustancia... 

—Lo único que nos faltaba, un adicto en la Unidad Criminal —se quejó Brandon

—Esperemos los resultados; Linday no tarda en llamar.

Estaban abrumados; el solo hecho de contemplar la posibilidad de que su compañero de ruta fuese, en realidad, un criminal despiadado, había provocado un completo derrumbe emocional que, de momento, obstruía el accionar tendiente a demostrar la versión contraria. No podían moverse ni pensar con claridad, el estado aletargado de sus cuerpos, presos, además, de una parálisis emocional conspiraba contra las posibilidades, escasas por cierto, de limpiar la reputación, caída en desgracia, del detective Weiz.

—Lindsay estas en altavoz —dijo Stephanie mientras los demás se agrupaban a su alrededor.

—Hola chicos, tenían razón; definitivamente estaba drogado aunque no creo que haya sido voluntario.

—¿Dices que lo obligaron? —preguntó Randy frunciendo el ceño.

—Digo que de algún modo alguien, vaya a saber con qué malévola intención, puso una altísima dosis de Ambien y Lunesta en su organismo

—¿Y eso qué diablos es?

—Son barbitúricos o hipnóticos; medicamentos que se recetan para ayudar a conciliar el sueño —respondió la doctora iluminando a sus compañeros de equipo.

—Tal vez Thomas tiene problemas para dormir y los consume a diario —dijo Melody buscando justificarlo.

—Eso no es difícil de averiguar; de todos modos, déjenme reiterar, la dosis ingerida es excesivamente alta; ningún médico recetaría algo semejante —reafirmó

—¿Pero acaso esos remedios pueden producir vacíos temporales en su memoria? —preguntó Stephanie buscando medir la importancia de la nueva evidencia.

—De hecho sí pueden, en grandes cantidades pueden provocar amnesia y hasta parecer que el paciente está borracho e incluso emular un coma

—Entonces lo intoxicaron para incriminarlo —afirmó Stephanie más por deseo que por convicción.

—¡Guau! No nos apresuremos —dijo Brandon disgustado por las sentencias pronunciadas—, tranquilamente puede ser una hábil contramedida forense para lavar sus culpas. No olviden que apareció con una daga en la mano y un enorme charco de sangre que aún no sabemos de quién es.

—Pero el hecho de que lo hayan drogado y que el supuesto cuerpo no aparezca, incrementa las posibilidades de que Thomas diga la verdad

—Yo también lo creo —dijo Melody sonriéndole tímidamente a su jefa.

—Yo no, abran los ojos. Esa sangre es de alguien y sería ridículamente sencillo incriminarlo en juicio público —dijo Brandon con un dejo de pesadumbre en la voz; incomodo por ser el aguafiestas.

—¿Cómo?

—Llevó a la mujer a esa casa porque sabía que estaba vacía y nadie lo molestaría; la asesinó y luego se deshizo del cuerpo. Al regresar, mientras limpiaba la escena, las drogas le jugaron una mala pasada y cayó desmayado sin llegar a cumplir su cometido. Al despertar, acorralado y sin salida, se inventó una historieta de una casa amueblada, una niña golpeando la puerta y bla bla bla... charlatanería solo eso

—¿Qué hay de la sangre en la escena? —le preguntó Stephanie a Lindsay que aún aguardaba del otro lado de la línea.

—Eso iba a decirles; el ADN es compatible con Kelly Foster —respondió de inmediato.

—El novio denunció su desaparición ayer por la tarde, luego de que no se presentara a su cumpleaños —intervino Charlotte—, Kelly tiene una hija pequeña, Lucy de 11 años cuyo padre vive en China hace nueve; no hay información de otros familiares vivos en las bases de datos.

—Entonces tenemos la sangre de Kelly en la escena pero ¿Qué hay de su hija? 

—Tampoco aparece, no ha ido al colegio y nadie la vio desde ayer al mediodía.

—Esto se está complicando cada vez más —se lamentó Melody.

—Dejemos por un momento a Thomas de lado e investiguemos la desaparición como un caso más —ordenó Stephanie.

—¿A qué te refieres? —preguntó Brandon frunciendo el ceño.

—Centrémonos en Kelly; su familia, su vida ¿Quién es su novio? ¿Por qué el padre de la nena hace casi una década no vive en nuestro país? Dónde trabajaba, a quién veía, qué lugares frecuentaba; quiero toda esa información y la quiero en menos de dos horas —reafirmó con fuerza.



Sebastian L

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En el texto hay: misterio, crimenes, suspenso

Editado: 16.02.2018

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