El asesino de las rubias ©

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Capítulo VIII. Tabata Barnes. Parte II

«Como una oveja descarriada llamamos la atención y quedamos en el punto de mira; a tiro de un conglomerado de burócratas carentes de razón, pero desesperados por montar un show televisivo que mantenga la llama encendida entre la multitud que nos vitorea como a estrellas de Hollywood y, al mismo tiempo, nos detesta por ineficaces. Estamos en todos los canales; en las estaciones de radio, en las redes sociales; donde quiera que miremos estamos; los creadores de un monstruo más grande que el Leviatán, que no podemos controlar, que se nos fue de las manos»

—No debiste dejar que te apartaran de un nuevo caso; necesito que controles a tu equipo —dijo la voz misteriosa de un hombre al otro lado del teléfono.

—No es mi equipo; soy solo un peón en la partida —respondió Thomas mientras dibujaba garabatos en su cubículo. .

—Claro que no; nosotros somos los dueños del tablero. Deja ya de ahogarte en tu lamento y toma las riendas antes de que sea demasiado tarde.

—¿Y tú que haces?

—¿Disculpa? —bramó—. Yo velo por nuestro bienestar y el éxito de la misión. Confía Thomas, falta poco.

—Solo me pides husmear, ensuciarme las manos con muertos ajenos mientras tú sigues con el discurso hipócrita de que todo acabará pronto. Solo te engañas; no estamos un paso adelante, vamos siempre dos atrás...

—Entonces ¿por qué te das el lujo de quedarte de brazos cruzados? —retrucó con enjundia.

—Todos esos cadáveres no me dejan dormir por la noche; me acosan; me señalan con el dedo; me culpan por no poner punto final a esta locura.

—Créeme, falta poco... pronto habremos triunfado y serás libre de nuevo.

—Nunca seremos libres; no después de Lucy Foster —dijo Thomas con un dejo de tristeza antes de colgar el teléfono.

Desempolvando algunos legajos antiguos que guardaban investigaciones inconclusas sobre posibles sospechosos de los homicidios ocurridos hace más de un lustro, los detectives chocaron contra la falta de certezas o pistas solidas que orientasen la investigación hacia un norte propicio. Mientras Charlotte buscaba alguna señal en las cámaras de tránsito de la zona; el resto del equipo, esperaba sacar alguna conclusión del interrogatorio a la familia de la víctima.

—Sra Barnes, gracias por recibirnos, soy la detective Turner y ellos mis colegas Randy y Melody.

—¿Quién le hizo eso a mi niña? —se preguntaba con la voz entrecortada, con los ojos irritados de tanto llorar; y el rostro demacrado por la angustia.

—Esperamos poder darle una respuesta pronto. ¿Sabe de alguien que quisiera hacerle daño a su hija?

—Era una chica buena y trabajadora; jamás se metía con nadie

—¿Nunca le comentó si discutió fuerte con alguien, tal vez una ex pareja?

—Ella no tenía tiempo para su vida privada.

—¿A qué se refiere? —preguntó Stephanie antes de que la Sra Barnes se disculpara y saliera corriendo a refugiarse en su habitación.

—Es cierto —dijo la voz de un joven que no habían oído aparecer.

—¿Y tú eres? —preguntó Melody, invitándolo con un ademán a acercarse a la sala.

—Soy Austin, el hermano de Tabata —respondió mientras se acercaba con timidez

—¿Cuántos años tienes Austin?

—16

—¿Por qué dijiste que alguien quería lastimar a tu hermana?

—No dije eso; dije que no tenía vida privada —se sentó en el sillón frente a Stephanie.

—Cuéntanos más —lo incitó.

—Tuvo que dejar la Universidad y trabajar doble turno; a veces, incluso, triple para poder ayudar a mis padres —dijo con la mirada hacia abajo; avergonzado.

—Tienen problemas de dinero...

—No en realidad —respondió sin despegar la mirada del piso.

—Creo que no estamos entendiendo Austin —dijo Stephanie buscando la complicidad de sus colegas, igual de perdidos que ella.

—Es el azar; la ruleta y los tragamonedas son una adicción para mis papás —soltó como un susurró.

—¿Acaso dices que tu hermana trabajaba para pagar los vicios de tus padres?

—No los vicios; las deudas —respondió levantando la mirada, pidiendo ayuda en silencio.

—¿Dónde está tu papá ahora? 

—No lo sé, salió hace un par de horas.

Las pistas no eran claras; lejos de allanar el camino y quitar del medio la espesa nube negra que cubría la realidad; los datos proporcionados por el menor del clan familiar regaban las dudas de un caso tan atípico como cruel y despiadado.

—Es aquí, según su celular Raymond Barnes, ingresó a este local hace poco menos de media hora —Dijo Stephanie caminando hacia la entrada—. Según Charlotte, es un local de alta costura a nombre de Benjamin Parnicie.

—No veo la conexión —dijo Melody desenfundando su arma.



Sebastian L

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En el texto hay: misterio, crimenes, suspenso

Editado: 16.02.2018

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